Invitación a Lezama en su primer centenario
Apenas cien años nos separan del nacimiento de José Lezama Lima, aunque el aura mítica que lo circunda pareciera producto del paso de los siglos. El espacio sagrado alcanzado por el autor en el Parnaso de los escritores cubanos, no ha sido suficiente para ahuyentar las dos sombras que acompañan su figura: hermetismo y escándalo.
Pero por sobre todas las cosas, la cima conceptual y estilística de su obra, su propuesta de rediseño de lo cubano, se mantienen como ganchos para los escépticos y recelosos.
Alma Mater no esconde la cabeza ante tamaña imagen literaria. Sus coqueteos con el autor de Dador y Paradiso, tampoco son capricho.
Así lo atestigua la entrevista realizada por la crítica y narradora Rosa Ileana Boudet, que bajo el título Lanzar la flecha bien lejos, apareciera en el número 115 de la publicación hacia el año 1970.
Como parte del presente dossier reproducimos dicha conversación, en la cual Lezama evoca sus años tras los muros académicos, de particular importancia en su trabajo posterior. Repásese tan solo los pasajes de la citada Paradiso, donde se recrean la manifestación del 30 de septiembre, o personajes como aquel «joven parecido a Apolo», para muchos, clara alusión a líderes estudiantiles de la talla de Julio Antonio Mella.
Varios «Lezama» pudieran rastrearse en el imaginario de los cubanos de este siglo: El corazón del grupo Orígenes, el poeta inaccesible, el hombre con pánico a los viajes, rasgo este último, condicionante de su título de «viajero inmóvil», cuyo eco llega a los días que corren.
Sin embargo, nada como el testimonio de los que, además de pernoctar bajo el árbol fragante de su sabiduría enciclopédica, pudieron sacar provecho de su particular estatura humana. Ello justifica la presencia en este espacio del testimonio de su médico José Luis Moreno Del Toro, o las remembranzas de admiradores y amigos (si es que tales categorías pueden fragmentarse), como Nancy Morejón, Reynaldo González, Ciro Bianchi, Roberto Fernández Retamar y Miguel Barnet.
Resulta crucial espantar los fantasmas que convierten a los hombres en seres inaccesibles. Por tal razón incluimos en el dossier otro tema álgido relacionado con el mito Lezama: la pertinencia de la adaptación de su prosa al lenguaje cinematográfico, acápite muy discutido tras la película de Tomás Piard sobre la vida y obra del escritor.
Como colofón sumamos parte de su poesía y su ensayo «frugal» Corona de las frutas, otro gustazo para deleitarnos con la exuberancia de la letra lezamiana.
Sumerjámonos entonces en este universo, tan hermético como puede serlo la imagen de un caracol nocturno en un rectángulo de agua (su justa definición de la poesía), pero tan esencial, cercano y necesario, como todo aquello que se arriesga a definir y devolvernos «lo cubano». Venga Lezama.
Por Pavel López Guerra