24 de noviembre del 2008 |
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ANIVERSARIO 60 21 FESTIVAL La bella... en su raíz |
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Por Hilario Rosete Silva |
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Miguel Cabrera, historiador del Ballet Nacional de Cuba (BNC), hizo la segunda presentación de la nueva puesta en escena de La bella durmiente. Esa noche, 30 de octubre, para regalarnos sus recuerdos «de época», estuvieron en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana dos personalidades de la compañía.
La primera, Lázaro Carreño, según datos ofrecidos por el historiador, se graduó en la Escuela Nacional de Ballet en 1969; ha sido un ilustre modelo masculino de la danza teatral cubana, ganador de numerosos premios competitivos; desde 1976 hasta 1996, fue primer bailarín de la compañía, y con ella actuó en muchos países; su carrera artística ha continuado como profesor/ensayador y maître.
También estuvo María Elena Llorente, bailarina que realizó sus estudios en la Escuela de Ballet de la Sociedad Pro-Arte Musical de La Habana y en la Academia de Ballet Alicia Alonso; en 1962 ingresó en el BNC; entre 1976 y 2003 ostentó el rango de primera bailarina; ganó el elogio del público y la crítica cubana y extranjera; hoy sigue aportando sus conocimientos a la compañía como valiosa maître.
Lázaro y María Elena integraron durante años una de las parejas artísticas más estables del BNC; el 15 de mayo de 1974, día del estreno de la versión completa de La bella… coreografiada por Alicia Alonso, sobre la original de Petipa, compuesta por un prólogo, y tres actos, interpretaron El pájaro azul (pas de deux) en el acto III.
Pueden imaginar —se sinceró Lázaro Carreño—, después de 30 años de carrera sobre este escenario, lo que significa para mí volver a pisar estos tablones; lo que se siente no se puede transmitir con palabras; hoy presenciaremos (la reposición, segunda función, de) La bella durmiente, donde actúan unos de los primeros personajes que interpreté en los inicios de mi carrera de solista, como son, El pájaro azul y, un tiempo después, durante años, el príncipe Desiré; espero que ustedes, como yo, disfruten del espectáculo...» La bella… tiene para mí un valor especial —dijo en su turno María Elena Llorente—; el día de su estreno tuve la oportunidad de bailar El pájaro azul junto a Lázaro, y en esa misma temporada, sin ser primera bailarina, el rol de la princesa Aurora; para esto pude trabajar directamente con Alicia; un trabajo que le agradezco; porque luego apliqué sus enseñanzas en otros muchos papeles.
En 1986 hicimos la última (hasta hoy) temporada de La bella… —prosiguió María Elena en visible estado de excitación—; y me tocó bailar la última función en el personaje de Aurora, así que abrí y cerré este ciclo del BNC; estoy feliz porque después de 22 años podemos disfrutar de nuevo este ballet; quiero reconocerle a Alicia su insistencia en que debíamos reponerlo. En un aparte, mientras el ahora primer solista del BNC José Losada, digno heredero, se preparaba para su estreno en el Pájaro azul, y los primeros bailarines Anette Delgado y Joel Carreño para su «lanzamiento» en las bodas de la princesa Aurora con el príncipe Desiré, Lázaro Carreño intimaba con nosotros: A medida que he ido oyendo la música de Chaikovski y he ido viendo la función, han ido despertando en mi memoria recuerdos de cuando participé, hace más de 34 años, en el estreno mundial de la versión completa de Alicia Alonso, he ido recordando los pasos que componen los diferentes bailes o danzas del ballet, y algunos rasgos de la escenografía que usamos en la época, con diseños de Salvador Fernández; estoy impresionado con el vestuario actual.
Después de haber trabajado durante cuatro años (a partir del 2003) como principal teacher and coach en el Houston Ballet (EE.UU.), no aguanté más, no me hallaba en aquel modo de vida, aunque me gustaba mucho la compañía, y regresé a Madrid. Allí tengo varias opciones; puedo colaborar, por ejemplo, con la Compañía Nacional de Danza, o con el Real Conservatorio Superior de Música de Madrid; tengo la posibilidad de ir a trabajar a Zaragoza o Barcelona; y así puedo volver a mis andanzas de maestro invitado internacional y estar lo mismo en el (London) Royal (Ballet, Reino Unido), que en el Royal Danish Ballet (Dinamarca), que en Brasil, que en Nueva York, que en Francia, donde me inviten. Me encuentro con mi sobrino José M. Carreño (Premio Anual, 2004, de Dance Magazine), cuando voy a Nueva York, trabajo con él, lo entreno, lo veo bailar, igual que me sucede, dondequiera que nos encontremos, con Carlos Acosta, o con Joan (Boada), o con Luisito (Serrano), muchos fueron alumnos míos y siguen siendo mi familia.
Me retiré del BNC, pero estoy, como le dije cierta vez a Abel Prieto, ministro de Cultura, en la mejor disposición para, si lo deciden, si necesitan de mis servicios, venir a colaborar. Minutos después terminaba la función y corríamos tras Anette Delgado, la más reciente princesa Aurora, para salvar las impresiones de su estreno: Me sentí bien durante toda la función, sobre todo en el primer acto, durante «los quince» de la princesa, fragmento que nunca había bailado. En verdad surgieron ciertos imprevistos que nos impidieron ensayar a Joel y a mí con el vestuario, pero los superamos. La obra es un reto difícil para cualquier bailarina; el primer acto está cargado de exigencias técnicas, y en el tercero se impone observar y probar el conocimiento profundo del estilo.
El estilo, los modos expresivos de una de las grandes figuras del clasicismo del siglo XIX, de enorme importancia para el arte del ballet… Siempre volvemos con lo mismo y nos quedamos pensando, «¿qué diría Marius Petipa (1818-1910) si aquí estuviera?» Artículos relacionados:
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