24 de noviembre del 2008 |
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ANIVERSARIO 60 21 FESTIVAL Con Soraya Bruno y Martín Buczko Morir de frío |
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Por Hilario Rosete Silva |
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A quienes hemos visto tantas puestas en escena de La casa de Bernarda Alba, el deslumbrante texto de Federico García Lorca, nos resultó en extremo novedosa la mini-propuesta de los bailarines Martín Buczko y Soraya Bruno, del Ballet de la Ópera de Berlín, en el 21 Festival Internacional de Ballet de La Habana.
Lo de mini-propuesta lo ponemos nosotros, al entender que las escenas presentadas por el dúo húngaro/argentino formarían parte de un proyecto mayor: La casa de Bernarda Alba estrenada en su día por el Lisboa Ballet Contemporáneo. Por ende, la coreografía del «fragmento de casa» que ahora aplaudimos, también pertenece a Benvindo Fonseca, antiguo bailarín principal y coreógrafo de la extinguida compañía portuguesa Ballet Gulbenkian, solo que aquí la posición de nota dominante la ocupó la voz en off de Chavela Vargas, la carismática cantante de rancheras de origen costarricense nacionalizada mexicana. Son justamente la garra, sensibilidad y fuerza implícitas en las dos piezas interpretadas por Chavela, léase Cruz del olvido y La Llorona, las que, por contraste, salvan de la parodia humorística la puesta «benvinda» del drama lorquiano.
«La barca en que me iré, / lleva una cruz de olvido… Esa es una canción de uno de los hermanos Saizar (Juan), compositor que era muy amigo mío», dijo Chavela en una entrevista, en junio de 2007. «La pieza se hizo en una cantina… Lleva una cruz de amor, / y en esa cruz sin ti / me moriré de hastío… ¡Qué divina letra!» Entre tanto, La Llorona, del oaxaqueño Luis Martz, coquetea con la quizás más importante leyenda, de raíz azteca, del México colonial sin que le importe decidirse por una de las varias versiones que cuentan su historia: «Todos me dicen el negro, Llorona, / negro pero cariñoso», más que cantar, llora en la letra el personaje. «Yo soy como el chile verde, Llorona, / picante pero sabroso». La dulce, hermosa y emotiva melodía, más que sonido es seducción. Preciosidad y sugestión derrocharon también la Adela de Soraya Bruno y el Pepe «El Romano» de Martín Buczko, arropados, he aquí el contraste, por un intenso clima de fiesta y contentura: al fin y al cabo, amén del drama, ¿el amor no es igual diversión?
La coreografía es genial —fue juez y parte Soraya Bruno—; las dos canciones de Chavela Vargas quedan perfecto con la obra; este es el pas de deux de máxima o mayor intensidad de amor entre Pepe «El Romano» y Adela, recién ellos se encuentran, ¡a escondidas!; es muy dramático lo que dice la música y lo que hacemos los bailarines; solo que la gracia del movimiento enmascara la emoción; la fuerza viene dada por cierto estado de excitación nerviosa, entorno típico de quien va al encuentro de lo desconocido e ignora lo que sucederá. Gracia y drama, ocurrencia y desventura, hilaridad y tragedia, todo aflora, mezclado y esencial, en el contraste. ¿Cómo realiza su travesía, en medio de tales circunstancias, el Pepe «El Romano» de Martín Buczko? Estoy muy «privado» en el escenario —contestó el artista—; es decir, me comporto tal cual soy; me libro de falsificar un personaje; voy a mí mismo; no dejo de ser Pepe «El Romano», pero igual sigo siendo Martín Buczko; soy el Pepe «El Romano» que sería Martín; un Pepe/Martín auténtico, natural; si intentara hacer algo distinto de lo que soy como ser humano, no lograría transmitirlo; por eso acepto la provocación de Adela/Soraya; no podría precisar el instante donde dicho reto alcanza su apogeo; es un auge que se prolonga durante todo el pas de deux.
Zarandeos. Escondite y juegos de manos. Impulsos súbitos. Retozos. Caras gráciles. Remeneos. Erotismo. «Yo sé que sufriré / mi nave cruzará / un mar de soledad. / Adiós, adiós, mi amor / recuerda que te amé, / que siempre te amaré.» El público reacciona. «Si porque te quiero quieres, Llorona, / Quieres que te quiera más / Si ya te he dado la vida, Llorona, / ¿Qué mas quieres? / ¿Quieres más?» El público se agita en el asiento. «¡Adela ha muerto virgen!», gritará en la memoria individual o colectiva la déspota Bernarda. El público se siente interpelado. Identificado con la puesta y los bailarines, aplaude delirante. «Ay de mí, Llorona, Llorona, / Llorona, llévame al río. / Tápame con tu rebozo, Llorona, / porque me muero de frió…» |

