24 de noviembre del 2008 |
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ANIVERSARIO 60 21 FESTIVAL A los confines de la tierra… so pena de extinguirse |
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Por Hilario Rosete Silva |
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«Señoras y señores, amigos de la danza, hoy no solo como bailaora, sino también como vicepresidenta de la Sociedad General de Autores y Editores (SGAE), de España, es para mí un honor, hacer entrega de este premio, a una cubana, a la camagüeyana Tania Vergara, por su coreografía A los confines de la tierra», dijo Cristina Hoyos, directora y coreógrafa del Ballet Flamenco de Andalucía, en la gala de entrega del Premio del VI Certamen Iberoamericano de Coreografía CIC´2008.
La Fundación Autor de la SGAE y el Ballet Nacional de Cuba (BNC) convocan, desde 1998, con carácter bienal, dicho concurso, bajo la presidencia honorífica de Alicia Alonso, con el propósito de estimular la creación coreográfica como elemento imprescindible de la expresión danzaria. «La SGAE y el BNC apuestan con ilusión para que el certamen permanezca en el tiempo, y en cada edición se haga más fuerte y latente el apoyo a los jóvenes valores en la danza y en sus coreografías», abundó la «Soledad Montoya» de Romancero gitano.
Única competencia coreográfica de carácter iberoamericano, el «torneo» pretende ser un referente para los creadores de nuestros países. En ediciones anteriores resultaron premiados autores de Cuba, México, Argentina y España. «Me van a permitir —pidió Cristina— que en este año, en que el BNC celebra su aniversario 60, resalte, y sobre todo agradezca, la labor que por el mundo de la danza, ha realizado nuestra admirada Alicia Alonso, quien ya ha escrito, con letras de oro, su nombre, y el de Cuba, en el libro de la danza mundial. Por ello tenemos el honor de confirmar, que a partir de la próxima edición, este premio pasará a llamarse Premio Iberoamericano de Coreografía Alicia Alonso.»
Bajo la conmoción producida por el anuncio, Svetlana Ballester, presidenta del jurado, leyó el acta: «…Acordamos, por unanimidad, otorgar el premio a la obra A los confines de la tierra, de la coreógrafa cubana Tania Vergara, por su riqueza coreográfica y utilización del espacio, por la armonía entre lenguaje danzario y música, con una acertada incorporación de elementos escenográficos en la creación…» Y Tania:
«Hoy he vuelto a nacer, una leyenda viva (Cristina Hoyos) me acaba de entregar el premio y (eso) es muy importante para mí; quiero agradecer a mis bailarines (de Camagüey Endedans), que están por aquí, y a los del BNC, a mi familia, a los músicos de (la agrupación gallega) Luar Na Lubre y, por supuesto, a los grandes maestros que nos han formado, como son Fernando Alonso, Ramiro Guerra, y claro, a nuestra gran Alicia.» En efecto, Tania Vergara, licenciada en Artes Danzarias, pasó un tiempo en La Habana trabajando con el BNC en el montaje de su obra premiada. A los confines de la tierra debe su título al más reciente disco —Camiños da fin da terra (2007)— de la agrupación musical gallega Luar Na Lubre. Se inspira en los emigrantes gallegos establecidos en la isla, pero refleja el desarraigo que ocasiona la emigración en general.
Cinco parejas mantienen en vilo al público. Las piernas y pies de Jessie Domínguez y Victoria Prada, tornando hacia fuera, estimulan la imaginación; pareciera que en cualquier momento el mismísimo Bieito Romero, líder de Luar Na Lubre, armado de gaita, acordeón y zanfoña, desfilará por el escenario al frente de su tropa, cantando o tocando, en vivo, Canto de andar, Pousa y Meigallo. Lissi Báez y Amaya Rodríguez, ligando los pasos, provocan remolinos galaicoportugueses; una procesión invisible, donde reconocemos muchos de nuestros genes fundadores, avanza, desde tierras adentro, hacia el Atlántico; Galicia y su tradición hierven en la limpieza de Verónica Corveas y Ernesto Méjica, y su pulso se hace perceptible en sus cuerpos; los bailarines se complotan; la Coruña, notable en la bravura de Alfredo Ibáñez y Ernesto Álvarez, baila singular y cadenciosamente, coquetea con el Zagreb; los Leandros, Beiro y Pérez, entre saltos, lanzan y recogen un puente árabe: no van lejos los de adelante si Pontevedra corre bien.
Con independencia del color de la piel, reflejo y remanente de primitivas etnias, razas y/o culturas, nadie en el público permanece impasible, aunque no se dé cuenta. Todos oteamos el horizonte en la misma dirección, con la misma pasión que la coreógrafa. Cientos de sonidos y pasos nos circundan, empujan y sumergen en las historias contadas y por contar, acontecidas no importa si de este o de aquel lado; en tierras gallegas o cubanas; lo mismo da; la percusión es tambor o pandero; la imagen, dolmen o altar; el árbol, palma o castaño; el bosque, celta o pinareño.
La leyenda de la identidad cultural se reconstruye. Nadie supo explicarse cómo ni por qué, pero cuándo A los confines de la tierra llegó a su fin, mientras el público aplaudía, una mar de hierba de enamorar (armeria pubigera) cubrió la alfombra del teatro. Dice la tradición que si se cortan flores de esta planta y se colocan cerca de alguien que esté durmiendo, al despertar éste se enamorará de la primera persona que vea. La planta, típica de los acantilados gallegos, está en peligro de extinción. Artículos relacionados:
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