24 de noviembre del 2008 |
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ANIVERSARIO 60 21 FESTIVAL Giselle, 65 años, una rara conjunción |
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Por Hilario Rosete Silva |
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Un motivo especial nos reunió el 2 de noviembre de 2008 en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana (GTH) a los amantes del ballet y el Ballet (Nacional de Cuba, BNC): la gala por los 65 años del debut de Alicia Alonso como protagonista de Giselle.
Durante el medio siglo (1943-1993) que abarcó su legendaria interpretación —los detalles los dio Miguel Cabrera, historiador del BNC—, la Giselle de Alicia fue acompañada por 25 «Albrechts» de 13 países; tres de ellos estuvieron en el aniversario: los rusos Azari Plisétski y Vladimir Vasiliev, y el francés Cyril Atanassoff. Azari Plisétski llegó a Cuba en 1963 procedente del Ballet Bolshoi de Moscú, e integró el BNC durante 10 años. Está unido a Giselle-Alonso por varios momentos memorables, entre ellos, la filmación que el ICAIC hiciera de la obra en el propio 1963, y los éxitos de su presentación primero en el IV Festival Internacional de la Danza de París, en 1966, y luego con la compañía Les Grands Ballets Canadiens, en Montreal, punto culminante de la Expo Mundial de 1967, reencuentro de Alicia con el público de Norteamérica.
Cyril Atanassoff, bailarín estrella de la Ópera de París, actuó junto a Alicia en la sala García Lorca los días 2 y 5 de diciembre de 1971 en dos funciones de Giselle. Dos meses después, el 24 de febrero de 1972, la acompaño de nuevo, en el estreno de la versión coreográfica de la Alonso en el Teatro de la compañía francesa, el escenario donde 131 años antes, el 28 de junio de 1841, la obra había vivido su estreno mundial. Vladimir Vasiliev, una de las figuras masculinas más célebres de la historia del ballet, actuó por primera vez en el hoy GTH en 1967, durante el 3er Festival Internacional de Ballet de La Habana; en esa ocasión interpretó el duque Albrecht junto a su pareja del Ballet Bolshoi de Moscú (Ekaterina Maxímova), igual en la versión de Alicia. El 31 de octubre de 1980, en el 7mo Festival, se unió en la escena, por única vez, a nuestra Alonso, y los dos nos regalaron una función de Giselle inolvidable.
Quisiera decir unas palabras refiriéndome a Alicia —balbuceó emocionado Azari Plisétski—; claro, que tenerla junto a mí, en el escenario, sería mucho más agradable que estar separado de ella por esta distancia (hasta el palco), pero, a pesar de eso, quiero decir lo siguiente: Alicia, aquí tengo un pequeño llavero con la fecha 30 de septiembre de 1963, el día de nuestra primera Giselle, que bailamos en esta misma escena… (Aplausos.) Este regalo que me hiciste, tiene para mí un gran significado… «Alicia Alonso. 1963…» Ha transcurrido mucho tiempo y quisiera recordar todo lo acontecido, todo lo que significó mi estancia aquí, y ser durante 10 años tu partenaire… Aprendí tanto, que puedo repetir las palabras de aquella canción: «Contigo aprendí/ que la semana tiene más de siete días…» (Risas y aplausos.) Bailar contigo no era una lección, era una universidad; estoy tan en deuda contigo, que puedo decir: «Gracias a Alicia/ que me ha dado tanto…» (Risas y aplausos.) Gracias. (Ovación.)
Y ahora —continuó Azari Plisétski— actuaré para ustedes en un rol completamente nuevo, ¡como intérprete! (risas) —y se dispuso a traducirle a Cyril Atanassoff, quien dijo en francés: «Alicia, quel cadeau vous nous avez donné a tous les trois, de nous avoir choisi comme partenaires; jamais on l´oubliera, jamais! —es decir: Alicia, ¡qué regalo nos hiciste a los tres al escogernos como partenaires; jamás lo olvidaremos, jamás! Y siguió Cyril Atanassoff, en francés, parafraseando la letra de Dites-moi (Dígame): Dites-moi / Pourquoi / La vie est belle, / Dies-moi / Pourquoi / La vie est gai, / Dites-moi / Pourquoi, / Chère Mademoiselle, / je vous aime.» Decimos que el afamado ex bailarín «versionó» la canción. El protagonista de la pieza original, en diálogo con su amada, considera la posibilidad de que la causa de que la vida sea bella y alegre esté en la circunstancia de que ella lo ama. («Dígame, querida Mademoiselle, ¿no será que la vida es bella y alegre porque usted me ama?») Sin embargo, Cyril, en un supuesto diálogo con Alicia, desde la escena del GTH, y desde la canción, más que barajar esa posibilidad, casi dio por sentado que el fundamento de esa belleza y alegría estaba en el hecho de que era él quien la amaba a ella, todo con exquisita síntesis. («Dígame, querida Mademoiselle, ¿no será que la vida es bella y alegre porque yo la amo?) La salida de Cyril provocó risas y una ovación del público, prueba de que muchos en la sala habían comprendido su intención. Ante semejante reacción, Plisétski, en su rol de intérprete, comentó: Cyril me ha facilitado mucho la traducción (risas y aplausos). Al recitar para Alicia la letra de esa pieza, prácticamente no tengo que traducirlo; 1 así que… —le dio paso, con un gesto, a su compatriota Vladimir Vasiliev: Buenas noches —dijo Vasiliev en español, con lo que Plisétski bromeó nuevamente, «tampoco tengo que traducir» (risas), y continuó en ruso Vasiliev, y Plisétski de intérprete:
Antes de viajar acá para la función con Alicia Alonso, sabía que ella había bailado con casi todos los mejores artistas del mundo… yo parecía ser el único con quien todavía no lo había hecho. «Quizás sea esta la última vez que baile (Giselle)», me dijo Alicia, «necesito que vengas sin falta»… Vine, bailé, sentí un placer enorme, de los artistas, de esta escena, de la sala; luego, al cabo de unos años, dejé las tablas, pero Alicia Alonso siguió bailando… Son los recuerdos más gratos de mi vida… La vida de Alicia en Giselle llegó a ocupar la tercera parte de toda la historia de ese ballet… 2 Pienso que hasta el fin de mis días recordaré aquella función maravillosa en la que bailé con la gran bailarina, con la gran Giselle Alicia Alonso… Hoy, aprovechando la ocasión de que estoy en esta gran escena, quiero hacer una reverencia, a la usanza rusa, a la gran bailarina: ¡Alicia, largos años de vida para usted! —dijo, e inclinó el cuerpo con respeto, en señal de veneración. (Ovación.)
Que los testimonios de estos grandes vistieran de lujo la sala García Lorca del GTH, minutos antes de que el BNC bailara Giselle, a 65 años del debut de Alicia Alonso en el personaje principal, y que, por añadidura, la propia Alicia estuviese presente, todavía a la cabeza del BNC, que a su vez cumplía 60 años, fue una rara conjunción de sucesos felices que, por elemental deber de comunicadores, no podíamos dejar de recoger, salvar y comentar en Alma Mater. 1 Azari Plisétski comentó que Cyril le había facilitado la traducción porque al recitar (Cyril) para Alicia la letra de la pieza, prácticamente él (Azari) no tenía que traducirlo (a Cyril). Sin proponérselo, tanto Azari como Cyril nos pasaron la «papa caliente» de la traducción, a lo que se sumó, en el trabajo de redacción, la trascripción de una grabación (en francés) realizada con gran ruido ambiente, la búsqueda del texto de la pieza original, y la captación del sentido de las palabras de Cyril cuando la «versionó». En este camino contamos con el concurso de varios amigos de la Alianza Francesa de Cuba, entre ellos Andrés y Lydia Criado, y Monique Peainchau, las dos últimas profesoras de la institución. 2 Fue exacto, en su decir, Vladimir Vasiliev: de 1841, estreno mundial de Giselle, a 1993, cuando Alicia dejó de bailarlo, van 152 años; divididos entre tres arrojan 50 y unas décimas, el medio siglo que la Alonso, desde 1943, estuvo interpretándolo, la tercera parte de la historia que dicho ballet acumulaba hasta ese momento.
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