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Cuba clama por el regreso de nuestros cinco héroes

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Club de Amigos

3 de septiembre del 2009

El Parque de los Cabezones

Por Dania Ramos Martín
Foto:
Elio Mirand

Néstor, graduado de comunicación social y trabajador de la Casa Editora Abril
Quien lo conoce espera ya un comentario de este u otro acontecimiento; entonces recordará que olvidó ver el noticiero o leer el diario Juventud Rebelde y lamentará ir en franca desventaja ante la batida, porque:

Néstor

Sabe ponerle un toque especial a sus discusiones sobre política, economía o sociedad. «Me gusta estar al tanto de lo que sucede a mi alrededor —te espeta— los movimientos sociales y políticos me intrigan, comprender los móviles y las posibles consecuencias me apasiona».

Así desanda los pasillos de la Editora Abril, donde asume el rol dual de trabajador estudiante. Se le ve hablando con cualquiera sobre los temas más diversos. El intercambio con sus colegas es práctica cotidiana, y alcanza sus buenos decibeles si de pelota se trata. Pero nada de paños calientes con el equipo que le quita el sueño: si se equivocan, es quien primero los critica, porque eso de bajar la cabeza —dice— es cosa de cobardes.

Quizás esa otra cualidad de ser exigente con los otros y consigo mismo hizo que su camino a la universidad fuera poco trillado. En aquellos días del tecnológico en la calle se preguntaba si la vida entre carros —apasionante para muchos de sus compañeros— era para él. Muy pronto decidió que no.

Entonces se abrieron las puertas del trabajo social, y corrió junto a otros de su generación a deshacer entuertos. Debió ocuparse de las tareas a la vez que adelantaba asignaturas en la Sede. La carrera de Comunicación Social le vino como anillo al dedo.

La polémica y el debate le insuflan nuevos bríos. «No concibo un estudiante universitario que no tenga cuestionamientos, y no encuentre las vías para exponer sus ideas, con argumentos sólidos». Por eso supo, luego de que conociera al colectivo de Alma Mater, que su tesis de licenciatura iría por los caminos de la participación estudiantil en los medios, algo que muchos en las aulas universitarias extrañan y reclaman.

Este septiembre abandona «oficialmente» su condición de estudiante, pero lleva aún —y se perfila eterno— el ímpetu de los bisoños. «Ahora para el Máster», me dice mientras dibuja unos pasillos al compás de Gilberto Santa Rosa, uno de sus preferidos.

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