| 8 de agosto del 2008 | ||
Enamorado de la Radio Entrevista a Carlos Alexis González Almora, recién graduado de la carrera de Periodismo de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. |
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Texto y foto: Dorelys Canivell, |
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Durmiendo cada noche con el sabor de la radio en los labios, Carlos Alexis González Almora recién culmina la carrera de Periodismo en la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana. Para él, las cosas fueron un poco más difíciles; ser invidente no lo hizo dudar de sus propósitos ni siquiera una vez; pero sin lugar a dudas provocó que algunos momentos se tornaran más complejos. Al final del camino estaba su meta: graduarse y hasta ella llegó.
En medio de una de esas tantas conversaciones que habitualmente teníamos en la residencia estudiantil, bien avanzada ya la madrugada, nos comenta: «Periodismo… porque siempre me gustó saber las cosas primero. De chiquito oía mucho radio, no leía mucho la prensa pero sí escuchaba la radio y entonces admiraba a Julio César Arredondo, no sabía que era locutor, pensaba que era periodista.» ¿Y resultó ser lo que esperabas? Su trabajo de diploma es sobre Haciendo Radio, la revista informativa de Radio Rebelde; al respecto confiesa que el tema le llegó por azar, pero que la caracterización que ha hecho del programa y el radio documental que lo soporta: «contribuyó mucho a que me terminara de enamorar del periodismo». Sin embargo lo más curioso no fue que Carlos Alexis se graduara, sino que compartiera las preocupaciones de estudiante con los deberes de papá. «Mira, yo diría que no hubo un equilibrio, tuve que adelantar mucho la tesis y después parar y marchar hacia mi Pinar del Río natal y así y todo me perdí momentos por estar aquí enredado con la tesis. Por suerte estuve el día que dijeron que el bebé era una niña, justo lo que yo quería. Mi esposa tuvo tiempo de estar enferma, de no poder dormir y otra vez tuve que parar y cuando el parto recesé 15 días, pero discutir la tesis en diciembre nunca fue una opción.» Sin dudas la radio es para Carlos Alexis la elección más gratificante para trabajar: «Yo vivo con la radio. Yo me levanto con la radio, duermo con la radio; la enciendo de madrugada y cuando estoy escuchando un programa que me gusta, con una voz que me gusta no hay quien me moleste. Y cuando se equivocan casi lloro, y me fajo con mis compañeros de cuarto y me cuestiono cosas. Yo muero por la radio. «Después de las prácticas en ella, siempre volví, excepto cuando investigación, que fueron en Bohemia. Ahora voy a trabajar en Radio Guamá, la emisora de Pinar del Río. Una meta ahora cuando entre será aprender bien computación, tengo que ser más rápido y ser más que periodista, realizador de radio, quiero ser realizador de radio.» Amante de la radio y fiel seguidor de ella, considera que hoy día le falta dinamismo: «Después de 1984 fundamentalmente, después de que aparecieron las radio-revistas, a la radio le falta movimiento, esa búsqueda de la noticia, ese trabajo con la fuente; el buscar lo que opina la gente.» Al referirse al Periodismo cubano de estos tiempos señala que es «lento, comprometido hasta cierto punto, hasta un límite determinado, yo diría que no damos noticias, informamos sí, pero no damos noticias. Y te digo esto porque informamos que hay que donar sangre, pero eso no es noticia… ¿qué hay de aquello de las seis preguntas del lead, de lo novedoso? También están los otros géneros, es verdad: la crónica, el reportaje; pero ya te digo, creo que no informamos.» Ya Carlos termina sus años en la universidad pero reconoce que: «Sin los amigos hoy no estaría aquí. He tenido mucha gente que me ha ayudado, tengo conmigo 13 personas, fundamentalmente muchachas que han estado todo el tiempo de la tesis físicamente aportando. Cuando revisaba la tesis, el tutor me decía que ¿qué cosa era aquello?, que allí habían un millón de estilos de escribir, y yo le dije: pero que tú quieres si eso es de un colectivo de autores. No son solo esas 13 personas, están también los de todas las carreras, los que vienen desde la Vocacional. Yo tengo mis amigos, y sí, es muy bonito todo eso de graduarse, pero sin mis amigos hubiese sido imposible.» Desafiando el tiempo y la memoria trata de hacernos un resumen de lo que significaron estos años: «Buenos. Muy buenos. De la facultad los mejores recuerdos, sobre todo mi relación fluyó mejor con le personal no docente, con los profesores también me fue bien, pero tienen otra forma de vivir. Por eso los mejores momentos los pasé allá atrás en el rincón de la cafetería, con gente de a pie, que se alegraban con tus avances y lloraban con uno. Yo diría que la Universidad para mí fue una escuela en varios sentidos; que me ayudó a ser mejor persona. Yo creo que ya no soy el mismo que salió de la Vocacional. Pero además, me enseñó a valerme por mí solo. Casi siempre hubo alguien, pero otras veces tuve que valerme por mí mismo y tuve que romper mitos. Yo diría que me ha formado.» Recuerda como los mejores días «los que había pollo, los días que arreglaban el elevador, el 29 de abril de quinto año, el día que nació mi niña. Los días que aprobaba inglés, para mi eso era una fiesta, porque soy muy malo en inglés, y siempre era por los pelos, fíjate que yo tuve un solo cuatro en inglés y fue porque una persona me había repasado mucho y me había hecho escribir tanto que tenía que coger cuatro o se me caía la cara de vergüenza.» Tampoco olvida los más tristes: «Segundo año y estaban los ómnibus Astro malos y viejos, era víspera del Día de las Madres y vi la guagua irse así y yo me quedaba. Este año la tesis también me impidió estar donde debía, donde tenía que estar, es que siempre me coincide con el Día de las Madres. Recuerdo también el primer martes de octubre de primer año; yo creo que todos se pusieron de acuerdo. Yo tenía clases de computación en el Palacio Central, nadie me pudo llevar y tuve que ir solo; ir y virar, y cuando regresé, en la escalera de la Facultad, venía blanco como un papel y el Decano me dijo: “¿Carlitos, qué te pasa?” y yo le respondí: Ahora que lo oigo, bien, estoy bien, no me pasa nada.» Como todo camino, este también tuvo sus trabas: «Primero, la bibliografía. Me era muy difícil encontrar la bibliografía y después la máquina, que apareció, pero fue una traba. Ya por lo demás algunas incomprensiones (de algunas personas, de algunos profesores), pero eso se deja para los agradecimientos de la tesis. Mira otra traba, abandonar el tema de la tesis ya bastante adelantado, con capítulo referencial y todo hecho y tener que coger otro y empezar de cero. «Sin embargo, cuando yo llegué a Guerrillero en Pinar del Río, en primer año, yo dije: “Este ciego aquí es un ente y me mandaron para Guane con tres hombres que yo no conocía y ellos tampoco a mí: Ronal (periodista), Diego (fotógrafo) y Carlos Manuel (chofer), óigame y una vez Diego me trajo en la mano un poquito de arena y empezó a explicarme para que servía y como era y quizás te parezca una tontería esto que te cuento, pero desde ese día yo no creo en trabas. Cuando aquel hombre mayor se me acercó, sin miedo, sin limitación ninguna, a explicarme lo de la arena, yo supe que no había traba que valiera y a veces tú ves personas que se te acercan y te dicen -dile a él…- porque no saben como dirigirse a uno. ¡Señor mío! Dígamelo a mí que ella no es traductora y yo soy ciego, pero no sordo.» En la reseña tampoco faltan los profesores que por una u otra cosa quedaron para siempre en Carlos: «Tuve muy buenos profesores, pero que me marcaron: Mayra Tolezano, mi profesora de Gramática. ¡Pasamos un trabajo con la Gramática y el Braille!; pero ella nunca tuvo un inconveniente y se me acercó y buscó alternativas. Ella me hacía las pruebas y yo se las grababa, me calificaba y yo tenía las notas junto a los demás. Tuve en segundo año a Raúl Garcés. Yo venía ya enamorado de la radio y cuando Garcés me dio Periodismo Radiofónico, aquello fue genial; era otra forma, pero era algo indescriptible. Recibí Literatura Latinoamericana con Enmanuel Tornés y me parecía que estaba viviendo la obra misma y tuve a Iram Marquetti, que me daba Problemas de la Economía Cubana, así que… ¡imagínate tú! Ese hombre me enseñó no solo temas de Economía, sino de la vida diaria y de una forma que te ayudaba también a buscar soluciones.» ¿Carlos, qué crees que te haya quedado pendiente? Así llega Carlos Alexis González Almora a sus últimos días de estudiante en La Habana. Una niña, una esposa y una emisora lo aguardan en Pinar del Río. Su graduación fue el fruto del empeño de muchos que supieron acompañarlo durante todo este tiempo, pero sobre todo de su propio ahínco y perseverancia. Demostró que ser invidente no constituye un impedimento para ser y hacer lo que uno quiera en esta vida. La radio seguirá quitándole el sueño, ser un chiflado por el sonido, como dijeran sus tutores, parece ser el destino de Carlos. |
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