| 11 de julio del 2008 | |
Un escritor que promete |
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Texto y Foto : Ana Leyva Dehesa,
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Gentil, sociable y de sonrisa complaciente Yerandy Fleites Pérez, dramaturgo de 26 años con un currículo impresionante sigue siendo como él mismo joven sencillo y cordial nacido en Las Villas.
Recién graduado del Instituto Superior de Arte (ISA) obtuvo un Primer Premio en el Festival Elsinor, de la Facultad de Artes Escénicas, el Premio Nacional de Talleres Literarios, una Mención en el Premio David de la UNEAC, el Premio Nacional de Dramaturgia José Jacinto Milanés, el Premio Calendario, todos ellos en el género teatro. Ha publicado un libro de comedia para niños y otros títulos. ¿Cómo pasas de Ranchuelo al ISA? Mi papá es escritor y siempre tuve vínculo sobre todo con la literatura de mi pueblo. Leer teatro me apasionaba, aunque es algo que a muchos resulta insoportable, y así escribí algunas obritas por imitación que luego montaba con los muchachos del barrio. También representamos obras de Hector Quintero, Abelardo Estorino, Virgilio Piñera, siempre cubanos. Aquello me gustaba porque la gente de pueblo lo agradece mucho, eso fue una forma de estudiar teatro y de escribirlo a veces. Ahora, cuando terminé el preuniversitario no cogí la Universidad, y estando en el Servicio Militar me enteré de una carrera en el ISA que se llamaba Dramaturgia y que se trataba precisamente de escribir, me presenté a las pruebas sin esperanza alguna y aprobé. Pero que fuera así tiene que ver con ese muchacho ansioso de escribir que andaba por el pueblo haciendo teatro. ¿Cuándo escribir fue algo serio? Escribí un teatro por primera vez cuando tenía 18 años, allá en Ranchuelo, también algunas cosas antes de llegar al ISA, pero la que realmente sentí como obra de teatro fue una que hice cuando entré primer año, El gallo electrónico, la que se estrenó antes de año de escribirla. Desde tercero tienes un proyecto que incluye cuatro tragedias griegas… Es una tetralogía sobre las heroínas griegas Antígona, Medea, Electra e Ifigenia. Consiste en cuatro versiones libres sobre los mitos de esas tragedias. Los personajes me brindan un elemento teatral que repasa la historia del teatro y eso me interesa mucho. Es un recorrido desde lo clásico hasta lo contemporáneo con una visión totalmente actual de las heroínas. Las obras se llaman Antígona, Un bello sino, Jardín de héroes y el de Ifigenia aún no tiene título porque todavía está en proceso de escritura. ¿Qué autores de teatro cubano y clásico prefieres? Virgilio Piñera, a quien conocí primero como poeta, después como dramaturgo —aunque en esa parte estoy todavía— y el narrador me encantó. Estudio mucho a Estorino, que tiene una obra que me parece única dentro del teatro cubano. Pero siempre hay otros que se disfruta mucho leyéndolos. Clásicos me quedo con Shakespeare, es un lugar común que a veces la gente olvida. En general me gustan los clásicos, pero no es una estética que siga, los tengo como biblioteca. Ahora, mi contemporaneidad está con Piñera, Estorino, Carlos Felipe. ¿Has logrado un estilo propio? Sé que hay una voz mía y la busco, pero creo que todavía no tengo un estilo bien definido. Necesito experimentar más. Me gusta tomar de todas partes y he logrado hacerme un camino, pero todavía está bajo sospecha. ¿Qué necesita el teatro cubano en cartelera? Ante todo creo que ahora mismo es un gran laboratorio, aunque goza de buena salud. Pero le hace falta volver a los orígenes, a la herencia teatral, con un Virgilio Piñera y su Electra Garrigó, La niñita querida, El no, Aire frío. Soy un apasionado de Virgilio y no lo conozco en el escenario. Pero mi laboratorio también necesita a Estorino, a los clásicos del siglo XIX porque son autores que dialogan con lo cotidiano y partiendo de ellos se puede conformar un discurso teatral que represente nuestra época, nuestra contemporaneidad. ¿Cuál es tu futuro inmediato como graduado? Me quedo como adiestrado en la cátedra de Dramaturgia. La pedagogía me interesa y siempre enfrentarse a un aula es un reto. Además no hay plazas para dramaturgos en los grupos de teatro y quedarme en el ISA como profesor es una buena forma de abrirme camino y hacerme de herramientas para ejercer mi profesión, que es la de escribir. |
