| 8 de agosto del 2008 | |
El capitán |
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Por Antonio Berazaín |
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La oscuridad era total. Apenas podía verse un burro a tres pasos. Ni siquiera tres burros a un paso. Así y todo, se percibía el ajetreo de los hombres. El capitán comprobó que todos estaban en sus puestos.
—Tan pronto tengamos las primeras luces, ¡comenzaremos! La voz del capitán trasmitía confianza en la victoria. Acostumbrado a luchar en las condiciones más difíciles, no soportaba las debilidades. —Capitán, afuera lo que hay es un batallón... ¿Y si tratan de pasar? —¡No pasarán! Mantenga su posición y resista. Y cuando empiece el jaleo, ¡apunte bien! El «sí capitán» quedó ahogado por el timbre del teléfono. —Es el capitán. Sí, jefe, todo bien. Hoy recibimos la batería de refuerzo. El mortero también, listo para entrar en acción. Si, los cascos llegaron. ¿Qué nos va a apoyar con los tanques? Magnífico. Deje que se enteren los muchachos. Adiós, jefe. El capitán colgó el auricular satisfecho por la comprensión de sus superiores. En tanto, sintió unos pasos que se acercaban. —Capitán, hay problemas con la guarnición, todo estaba planificado pero… —¡Es lo que yo digo de los planes! Una cosa es en un buró y otra aquí, en la batalla. ¡Retírese y sustituya inmediatamente la guarnición! Ah, y preparen los cuchillos, no importa que llevemos varios días sin utilizarlos. Por cierto, ¿llegaron los exploradores? —Todavía, capitán, pero mire, la situación se está poniendo difícil, están tratando de pasar, parece que tienen algunos heridos… —¡Ya le dije que no pasarán! Y tranquilícese, si no quiere que lo traslade de unidad. Tenga la bomba lista, que sólo nos falta salir de esta penumbra para comenzar. Según mis cálculos no debe faltar mucho, de un momento a otro... No terminó la frase. Un intenso resplandor lo dejó ciego por unos segundos. —Al fin, cará´, porque estos apagones a la hora de empezar son un fenómeno. Cocinero, métele duro a los ajos con el mortero nuevo, y tú, jabao, arregla la carta que la guarnición ya no es arroz blanco sino boniato, ¡eso es ya! Y agrega que hay cascos de guayaba y cascos de toronja. Mingollo: controla la puerta, que pasen en orden. Si es posible dale preferencia a los que están heridos ¡cómo no van a estar heridos si llevan como dos horas esperando allá afuera! Pero apunta bien, que no quiero relajito de segunda vuelta. Moro: prepara la bomba de agua que el jefe nos manda los tanques nuevos. Y si el trío «Los Exploradores» no aparece, le suspendemos el contrato. Es lo que yo digo, señores, ¡le zumba ser capitán de un restaurante en medio de un apagón!
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