Dossier sobre el VIII Congreso de la UPEC

4 de septiembre del 2008

El fotógrafo

Ilustración: Joseph
Tomado de Internet
 
Ilustración de Joseph
El señor y la señora Pérez llevaban bastantes años de casados, y no habían logrado tener familia. Suspiraban los dos, por un hijo. A muchos doctores consultaron, y recurrieron a todos los tratamientos, pero sin resultado. Por fin, un médico encuentra la causa del problema: el marido era estéril, no podía engendrar:

—¿Que debemos hacer doctor?— preguntan ambos.
—Algunas parejas recurren a la fecundación artificial, pero es muy costoso y se usa de preferencia cuando la mujer tiene problemas para quedar embarazada, y suele fallar. Otras parejas utilizan algo mucho más sencillo y natural, buscan a un padre sustituto —dice el  médico.

—¿Que es un padre sustituto? —pregunta la señora.

—Es un hombre escogido con cuidado que hace las funciones del esposo, de modo que la mujer quede embarazada. La señora vacila un poco, pero su marido le dice al doctor que él no tiene inconveniente en adoptar aquello, con tal que su esposa vea realizada su ilusión de ser mamá. Y en efecto, pocos días después, por intermedio del doctor, se contrata a un joven,  y se hace la cita  para que al siguiente viernes por la mañana, ausente el marido de la casa, vaya a la casa de la señora, y cumpla su tarea. Sucedió, sin embargo, que un fotógrafo de niños, que había sido llamado a una casa cercana, para retratar a un bebé, se equivocó de domicilio y llegó a la de la señora Pérez.

—Buenos días, vengo por lo del niño —se presenta el fotógrafo.     
—Siii..., pase usted, ¿gusta tomar algo? —dice tímidamente la señora.
—No, gracias. El alcohol no es bueno para mi trabajo. Lo que quisiera es comenzar cuanto antes.
—¡¡¡Muy bien!!! ¿Le parece bien si vamos a la habitación? —dice la dueña de la casa.
—Puede ser allí, pero también me gustaría uno aquí en la sala, dos en la alfombra, otro en el jardín...
—Pero... ¿cuántos van a ser? —se alarma la señora.
—Ordinariamente son cinco en cada sesión, pero si la mamá coopera pueden ser más, depende.
Y sacando del portafolio un álbum le dice:
—Me gustaría que antes viera algo de lo que he hecho. Tengo una técnica especial y única que ha gustado mucho a todas las señoras. Mire el retrato de este niño tan bonito.

Lo hice en un parque público, a plena luz del día. ¡Cómo se juntó  gente a verme trabajar! Esa vez me ayudaron dos amigos porque la señora era muy exigente. Con nada le podía yo dar gusto. Para colmo tuve que suspender el trabajo porque llegó una ardilla y comenzó a mordisquearme el equipo.

La señora estupefacta oía todo. El fotógrafo continuó:

—Ahora vea estos mellizos, en esta ocasión sí que me lucí; todo lo hice en menos de cinco minutos. Llegué y ¡paf! ¡paf! dos tomas, y mire los gemelos que me salieron.  

La señora estaba cada vez más asustada. Y seguía el fotógrafo:

—Con este niño batallé un poco más porque la mamá era muy nerviosa, hasta que le dije: «mire señora, usted voltéese al otro lado, y déjeme a mí hacer todo.» Ella se volteó, y así pude hacer mi trabajo.

A estas alturas la señora estaba al borde del desmayo. Y el fotógrafo, guardando su álbum:

—¿Quiere que comencemos, señora?
—A la hora que usted diga —dice la señora.
—Muy bien —dice el fotógrafo poniéndose de pie.
—Permítame nada más ir a la camioneta y traer mi trípode.
—¡¿Trípode?! —pregunta espantada la señora.
—Sí —comenta el fotógrafo— Es que, usted sabe, mi aparato es muy grande, y necesito un trípode para apoyarlo, porque ni con las dos manos puedo sostenerlo.

¡¡¡SEÑORA... SEÑORA!!!...
¡Caray!...
¿Qué le pasaría?
...se desmayó.

 

Portada de la Revista impresa
Contraportada de la Revista impresa