Bueno, a nadie se le ocurría escribirle un panegírico a la pasta dental Perla, porque la verdad la verdad, sin que nos quede nada por dentro, es que esa pasta era malísima. Tuvo sus tiempos, hay que reconocerlo, hubo etapas de su existencia en que fue menos mala. Y otras hubo en que aquello, más que pasta dental, parecía papilla.
Y ahora leo en el periódico un titular: «Se va la Perla; llega Dentex» y me entero de que la industria nacional ha elaborado un nuevo producto para la venta por la libreta de abastecimiento. La materia prima viene de China. Como toda crema dental que se respete contiene flúor, y hasta dicen que será mentolada. Dentex, así se llama, qué manera de ponerles equis a los nombres comerciales…
El caso es que más allá de la buena noticia para el consumidor, hemos asistido al final de un singular itinerario, porque la pasta Perla reinó en monarquía absoluta durante varios años, hasta el punto de que ha pasado a ser uno de los referentes inobjetables de toda una época.
Es la pasta, por no ir tan lejos, que nuestros adolescentes usaban en las escuelas al campo para embadurnarle la cara al muchachito más débil, mientras dormía plácidamente en su incómoda litera. Es la pasta que algunas mamás utilizaban para pegar los forros de las libretas, o los cartelitos en el mural del CDR, total, que aquello en cuanto se secaba se desprendía irremediablemente. Era la pasta nuestra de todos los días, y en un tiempo, la pasta nuestra de no todos los días, porque también llegó a ser un objeto preciadísimo, muy valorado en el mercado informal, para no decir negro.
En fin, que se va la Perla, que en paz descanse, ha pasado a ser parte de nuestros recuerdos. Pero no solo ella: en el mismo periódico leo que también se despide para siempre otra institución: el jabón Nácar. Y esa es una historia parecida. Fuimos testigos de su gloria y de su decadencia. Lo criticamos y lo pedimos por señas. Lo hicimos objeto de chistes y lo compramos a sobreprecio. Ahora llega el nuevo jabón, Liz, qué manera de ser cursis algunos nombres comerciales.
Abro el paquete y veo que es casi el mismo jabón, aunque con un perfume diferente. Dicen que es más cremoso, que hace más espuma. Vamos a ver si logra sentar cátedra como su antecesor en el vocabulario popular. Recuerdo que una vecina de mi abuela les decía Nácar a todos los jabones…