| 3 de octubre del 2008 |
Remedios |
Por Yuris Nórido |
Media mañana en San Juan de los Remedios, todavía no son las once de un día entre semana, un día igual que otro cualquiera; los niños en la escuela, los mayores en el trabajo o dentro de las casas, preparando el almuerzo, los perros dormitando a la sombra; poca gente en las calles, casi nadie en los amplios bancos del parque, la glorieta desierta, las iglesias cerradas… Media mañana en Remedios, mañana silenciosa de un jueves cualquiera, suave murmullo de las hojas de los árboles, sol inclemente que calienta las piedras y las rejas, frescor efímero de los portales, sinfonía de pájaros, calor pegajoso, cielo azul a ratos y a ratos cubierto de nubes grises, andar cansado de los viejos… Me he sentado en el parque, con un granizado en una mano y un libro en la otra. Esto es vida, pienso. Acabo el granizado y abro el libro. Pero antes de que termine la primera oración aparece un señor muy mayor y me pregunta la hora. Once y cinco. Se sienta a mi lado. Quiere conversar. —Mira la hora que es y todavía no ha llegado el periódico. Media mañana en Remedios. El viejo se despide y se aleja, arrastrando los pies. Vuelvo al libro. La vida transcurre lenta y serenamente. Desde hace siglos. |

