| 29 de octubre del 2008 |
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No es llorar ni detenerse, es seguir adelante |
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Por Ana Margarita González y |
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¿Qué planes tienen? “En cuanto llegue, subir el Pico Turquino, es un tema complicado porque nosotras no somos muy deportivas. Ese plan no hay quien se lo quite de la cabeza.” ¿Qué sientes cuando piensas que tu padre está sentenciado a una cadena perpetua más 18 años? “No puedo pensar en eso, si lo hago le doy la razón al gobierno norteamericano. No hay razón para que mi padre tenga esa sentencia, ni tampoco ninguno de sus cuatro hermanos. “Lo que ha ocurrido con los Cinco es parte de la injusticia que existe y solo la solidaridad internacional podrá sacarlos del encierro; la parte judicial está bastante complicada, pero continuamos batallando para que la injusticia no siga adelante”. ¿Cuándo fue la última vez que viste a tu papá? “En el 2006. Siempre iba con Elizabeth y mis hermanas a visitarlo, pero esa vez fui sola, y eso es importante porque permite que él tenga al menos dos visitas de sus familiares en el año. “La última visita de Elizabeth y mis hermanas fue complicada: era tiempo de muchas riñas en la prisión y hubo lock down*, estaban suspendidas las visitas. Fueron momentos tristes para ellas, y es algo lógico, ir a EE.UU. a visitar a un familiar preso y no poder verlo es bastante difícil. “En esas visitas todas sentimos deseo de conversar con él, nos pusimos de acuerdo: yo iba con mis hermanas al baño y Elizabeth se quedaba con él. Luego Lisbeth aprovechaba otro momento, ella va entrando en la adolescencia y desea contarle sus cosas, y así buscamos variantes para compartir a solas con él”. ¿Cómo enfrentaste sola la última visita? “Realmente fue un reto, sentía temor de no ir acompañada por la familia, sobre todo a la hora de la despedida. Extrañé el amor y el aliento de mis hermanas, pero también me di cuenta de que necesitaba conversar de muchos temas con mi padre. En realidad no alcanza el tiempo para tantas cosas que se quieren decir, de la escuela, personales…”. ¿Recuerdas la última vez que vino a Cuba? “Salimos, compartimos, fuimos a visitar a mi abuela, que estaba enferma. Él es muy juguetón, le encanta compartir en familia, con las amistades, retozar con mis hermanas y conmigo, es un muchacho más. “Juega a la par de nosotras, tirado en el piso, correteando por la casa; se ponía una sábana en la cabeza para asustarnos, hubo momentos en que Elizabeth decía: “Por favor, Ramón ayúdame”. Es muy cariñoso”. ¿Cómo fue la primera visita en prisión? “Tenía la impresión de que me iba a encontrar a un padre canoso, viejo, porque hacía rato que no lo veía, estaba nerviosa. Había una puerta verde por donde él tenía que salir, y lo único que yo hacía era mirar para allá de reojo. “Cuando salió, me di cuenta por su cara, estaba más fuerte, más grande, más fortalecido, diferente. Era mi padre, eran los mismos ojos que recordaba, fue una alegría tremenda, le caímos todas encima, lo abrazamos, lo besamos. Él solo atinaba a reírse, no hubo palabras…, hasta que finalmente dijo, “bueno qué, al final nos vemos, la próxima vez tiene que ser en Cuba,” con la confianza de que ese tiene que ser el final”. ¿Cuál fue día más bonito que tuviste con él en la última visita? “El primero. No nos imaginamos los dos solos en una visita, hablamos de cosas que nunca habíamos tratado, me di cuenta ese día de que entre nosotros hay una confianza tremenda. Me gustó compartir con él mis intimidades. “Conversamos de ocho de la mañana a tres de la tarde. Yo le decía: vamos a agotar todos los temas, cuando llegue el quinto día de qué vamos a hablar, y él me dijo: “tranquila, que yo tengo muchos temas de que hablar”. ¡Y de verdad que tiene temas! “Hablamos de las actividades que hemos tenido, de los compañeros que hemos conocido, le trasmití saludos y mensajes. Antes de ir a verlo recopilo mensajes para darle noticias sobre mis hermanas, la escuela, las vacaciones, del resto de la familia, de su padre, de sus hermanos”. ¿Y pregunta mucho? “De todo, hay que darle lujo de detalles”. El momento más difícil… “La despedida, nunca se sabe si al día siguiente lo puedes ver”. ¿Cuándo supiste que tu padre estaba preso? “Yo estaba en la secundaria básica, mi vida era como la de cualquier otra persona, como ahora, pero con el deber de luchar por su libertad. No sabía lo que él estaba haciendo. Nos decía que iba a España a cumplir una misión como economista, iba y viraba supuestamente de allá”. ¿No te pareció rara la demora prolongada? ¿Nadie te dio una explicación? “Yo no vivía con él, pero cuando venía pasábamos juntos los fines de semana. Incluso cuando él no estaba, en ocasiones Elizabeth, –mis hermanas estaban pequeñas– me iba a buscar a la casa y me quedaba el fin de semana con ellas. “Como era la más grandecita, le preguntaba a Elizabeth por qué mi papá no venía, qué pasaba. Me decía que quien tenía que ir a España en lugar de él, no podía porque estaba enfermo y hasta que él no fuera, papá no podía regresar. Era niña, no insistía pero me quedaba la duda”. ¿En ese tiempo no recibiste carta de tu padre? “Hubo una vez y no se me olvida. Elizabeth, que se fijaba en la forma que escribía mi papá, en cómo se dirigía a nosotras, escribió una carta como si la hubiera hecho él, una carta preciosa que decía: “Mis niñas disculpen que demore tanto, estoy trabajando y espero verlas pronto”, era muy larga, pero esa era la esencia. Elizabeth sacó copia para cada una de nosotras, y la leíamos por la noche antes de acostarnos. “Realmente no recibimos cartas de mi padre, en ese tiempo ellos estaban en el hueco y no tenían comunicación con el mundo exterior”. ¿Cómo te sentiste al conocer la verdad? “Fue un choque muy grande, me costó trabajo interiorizarlo. Sentí orgullo por lo que hizo, pero la esencia es que estaba preso y no sabía cuándo lo iba a volver a ver, cuándo iba a regresar a Cuba, ni sabía en aquellos momentos si podría visitarlo. “Poco a poco, con muchas conversaciones con mi mamá, con la gente que me quería, me fui adentrando. Comencé a participar en las actividades, dándome cuenta de lo que hay que hacer. No es llorar ni detenerse, sino seguir adelante y ayudar en todo lo que se pueda por esta causa”. ¿Qué sucedió después que salieron del hueco? “Empezamos a tener comunicación, una que otra llamada, pero sobre todo a través de cartas. Siempre me trasmite valores, mi vinculación con mis hermanas, me pide que les hable de él, porque soy la que más recuerdos tiene. Que siempre les dé cariño y les recuerde el tiempo que compartimos”. ¿Cómo te comunicas con tus tíos? ¿Cómo establecieron esa relación familiar? “Cuando era chiquita y estábamos a principio de la batalla, decidí escribirles a los compañeros de mi papá para ver si me respondían y saber cómo estaban. Los traté de usted, porque no tenía confianza con ellos, me daba pena, y no sabía cómo iban a reaccionar. “El primero que me respondió fue Tony, –a él le encanta escribir y a mí que me escriban– me respondió bravo, cómo era eso que yo lo tratara de usted, me dijo: “yo soy un hermano de lucha de tu padre y por tanto tú eres mi sobrina”. Los demás me contestaron igual, poco a poco gané confianza y les llamo a todos mis tíos. “Entonces llamaba a Tony mi tío poeta, Fernando era mi tío cariñoso, René mi tío serio y Gerardo mi tío gracioso, nos empezamos a escribir mutuamente. “Hubo un tiempo en que yo recortaba el DTT y mandaba la mayoría de los recortes a Gerardo. Le enviaba a Tony poemas míos, él me los rectificabas, estaban críticos. Ahora que estoy en la universidad –curso el segundo año de Ingeniería Informática en la CUJAE– se me hace más difícil la comunicación con ellos, los estudios me ocupan mucho tiempo. “Me he dado cuenta de que Los Cinco tienen el mismo ímpetu de seguir adelante, no reflejan dolor, solo cariño y compromiso con la verdad”. ¿Pero tu papá también tiene dotes de poeta? “A él le gustó escribir poemas desde joven. A mí me gusta. De vez en vez él nos da una sorpresita de esas”. ¿Cómo defines a tu papá? “La persona más cariñosa que conozco. Nosotras decimos que es un osito de peluche, aunque grande y fuerte”. ¿Ramón se pone bravo con facilidad? “Es difícil, si hacemos algo mal, nos llama la atención. Cuando tú lo ves serio es porque es realmente serio lo que tiene que decirnos…Siempre te da sugerencias para actuar en bien de nosotras y de las personas que nos rodean”. ¿Cómo vislumbras el futuro de tu padre? “En Cuba, de eso no me cabe la menor duda”. *lock down: medida restrictiva para toda la población penal, que implica encierro total, una sola comida (fría) al día, ninguna comunicación con el exterior y nada de baño.
(Diciembre del 2007) |

