| 29 de octubre del 2008 |
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Desempolvando Historias… … del ISRI, el Chispa, Gerardo… y otras travesuras |
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¿Recuerdas algo del Chispa y el movimiento estudiantil del antiguo ISRI? Fue la pregunta que hizo a varios ojos brillar, sonrisas alumbrar rostros, abandonar cuanto se estaba haciendo para viajar en el tiempo hacia recuerdos, historias, anécdotas que yacían adormiladas entre la nebulosa de informes, cifrados, misiones, atención a delegaciones, pero que al mínimo intento resurgieron claros, nítidos, emotivos y juveniles como hace veinte años atrás. De la cultura y otros amores… El Instituto Superior de Relaciones Internacionales Raúl Roa, situado por aquel entonces en las calles 22 y 3era, en el barrio capitalino de Miramar, contaba con un amplio y versátil movimiento cultural a pesar de su reducida matrícula en comparación con otros centros pertenecientes a la enseñanza superior. Entre las principales manifestaciones practicadas se incluían grupo de teatro, danza, tertulias culturales, coro. A la vanguardia de este movimiento estaba el Grupo de Teatro Nuestro, dirigido por Clara Pulido y que a decir de Pedro L. Pedroso descubrió potencialidades entre los estudiantes que participaban. Ellos conjugaban un alto nivel docente con una elevada calidad en las actuaciones. Las presentaciones tenían una gran audiencia. Todo el mundo los apoyaba. Las presentaciones del grupo de teatro, casi todas humorísticas, eran aplaudidas y esperadas por todo el colectivo del ISRI. La calidad de su trabajo fue premiada en varios Festivales provinciales y nacionales de la FEU. En el repertorio del grupo figuraron obras como El que le sirva el sayo que se lo ponga y Aquí el G2 soy yo, esta última proféticamente protagonizada por Fernando González Llort. Otro añorado espacio cultural era los Fetecunes. Vilma Thomas recuerda que durante estos festejos, en los pasillos cada grupo montaba su stand, lo adornaba y lo decoraba con palmas, caricaturas, etc. Era un espacio para divertirse. El ISRI también contó con un grupo coral, montado y entrenado gracias a la paciente labor de una instructora coral. Sidenio Acosta reveló que “la mayoría de los que integrábamos el coro jamás habíamos cantado anteriormente. Creo que nos ayudó a perder un poco la timidez y el miedo escénico. Pero hicimos un buen trabajo. Recuerdo que en una ocasión, en un Festival de la FEU, nuestro coro fue el único que puso de pie al auditórium”. Pero los proyectos estudiantiles del ISRI no se limitaban al movimiento cultural. También existió el Grupo de excursionismo y campismo Unicornio, en el que se organizaron viajes al Pico Turquino, Caballete de Casas, al Escambray. Según Jorge de Armas el grupo “nos preparaba física y moralmente para enfrentar situaciones difíciles que se presentaran en la vida”. El deporte también encontró cabida dentro de las aulas del ISRI. Los Caricatos eran los juegos deportivos organizados por el Instituto, pero la falta de instalaciones deportivas propias, hacía que los juegos tuvieran que efectuarse en el SEDER de la Universidad de la Habana, o en otras instalaciones prestadas, lo que dificultaba la realización de los mismos. Vilma Thomas aclaró que dentro de la enseñanza superior, el ISRI era clasificado como centro “chiquito”, pero así y todo nosotros participábamos y competíamos contra otros institutos. Casi siempre perdíamos, pero lo importante para nosotros era participar. No obstante teníamos nuestras figuras en algunas especialidades, para el lanzamiento de la bala o el baloncesto femenino. Pero lo que podía resultar una agravante en algunas circunstancias, también significó una ventaja en tanto se logró la unidad entre los estudiantes del ISRI, al margen del año al que pertenecieran, grupos o intereses. Siempre hubo algo que compartir, que organizar o de qué hablar. Este empeño no fue exclusivo del alumnado. La profesora Enma Cárdenas reconoció que “los profesores los apoyábamos en todo lo que podíamos, participábamos en las actividades, íbamos con ellos cuando tenían presentaciones en provincias. El ISRI tenía un colectivo muy unido, entre alumnos y profesores. Todos éramos muy unidos”. De la FEU y otros chismes… De todo el accionar cultural, deportivo, académico y demás inventos de la FEU y la UJC del ISRI, fue fiel reflejo la publicación nacida por aquellos tiempos. El Chispa, que está indudablemente entre los más gratos recuerdos de esa época, era una imagen viva, real de los estudiantes y se nutría de todo y de todos. Aunque no sabemos exactamente cómo, por qué, o por iniciativa de quién surgió este proyecto (sólo Gerardo Hernández Nordelo, estudiante del ISRI de aquellos años, director y principal realizador y entusiasta del proyecto, debe conocer los detalles de su surgimiento). “Imagínate tu –nos decía sorprendido cada entrevistado– hace un siglo de eso”, pero los recuerdos emergieron traviesos y saltarines. Aquel Boletín Informativo Humorístico Instructivo, Órgano Oficial de la FEU y la UJC del ISRI, como él mismo se definía rimbombante en portada, “era un panfletico relajante, refrescante” recuerda María del Carmen de la DAM. El Chispa salía todos los meses, era grande, tenía alrededor de 16 páginas, con secciones diversas sobre las actividades, la FEU, el comedor, los problemas y preocupaciones de los estudiantes. Era un proyecto en el que casi todos de una forma u otra tomaban parte, su pequeño grupo de escritores, un colaborador por cada aula, muchos cómplices entre alumnos, profesores y trabajadores, e infinidad de lectores aficionados. Eran muy apoyados por todo el mundo. También tuvo un buzón donde aparecían (firmados o anónimos), los cuentos, poemas (los más gustados eran los eróticos), historias, reseñas de actividades, artículos, comentarios, críticas, caricaturas y, por supuesto, los chismes más candentes… y chistes, muchos chistes porque eso era parte del Chispa de siempre. En los primeros tiempos “sacaba ronchas”, molestaba, hubo broncas y discusiones por su forma agresiva de criticar. Poco a poco fueron aprendiendo a decir las verdades sin ofender ni herir (en lo que fue un gran apoyo el consejo oportuno de la siempre ecuánime y “protocolar” profesora Enma Cárdenas), y también los lectores se acostumbraron a sus estocadas. En aquella época, no tan lejana, pero sí tecnológicamente muy distante, sin Internet, sin e-mail, ni scanner, ni cámaras digitales, y casi sin computadoras, los muchachos del ISRI, hacían y deshacían por sacarlo, buscando las curiosidades en los libros, pintando, pidiendo poquitos de papel por cada oficina, y luego imprimiendo ellos mismos, con gazapos incluidos por la premura y la mala calidad de la técnica. El Chispa de entonces se imprimía en stencil, y andaban los inventores con las manos embarradas de tinta. Todavía Sidenio Acosta mueve el brazo con energía en su oficina como si estuviera en plena impresión, “porque era una cuestión de honor que saliera cada mes”. Por eso no es extraño que la nostalgia, los buenos recuerdos, y la magia afloren con sólo mencionarles ese montón de hojas traviesas que fue el primer Chispa. “Era chismoso en el buen sentido”, “se cortaba mucha leva, pero sana y rica” nos dice con entusiasmo Camilo, también de la DAM. Hasta los profesores aparecían en él. Todo el cuero de los grupos y de los pasillos iba a parar a las páginas del Chispa. “Nos enteramos que…”era un encabezado popular, y estaba CASI garantizado que lo publicado era cierto. “Oye, que saliste en el Chispa!” era un comentario habitual, por eso hay quien confiesa que escondió muchísimo sus romances y torpezas para que no llegaran al Chispa. Pero entre tanta “jodedera” estaba lo serio: las actividades políticas, congresos, asambleas, excursiones y actos por fechas históricas. De su protagonista… En algo coinciden todos, el Chispa tenía el sello de Nordelo (como muchos llamaban a Gerardo, por ser su firma en las caricaturas de Aspirina, Palante y otras publicaciones). “Era, y es, un tipo con una imaginación tremenda, muy ocurrente, ingenioso y chistoso” nos dijeron varios entrevistados. Sobre la política editorial del Chispa, recuerdan que se ponía lo que a Gerardo “le daba la gana”, imponía su línea editorial, pero a la vez era muy democrático, porque aseguraba y defendía el criterio de los responsables de cada sección. De Armas, compañero de aula, y testigo del naciente romance de la ruta 32, nos recalca la idea de que debemos hablar no sólo del héroe abnegado, sino del Gerardo ser humano, “el jodedor cubano”, de su talento y del conjunto de sus cualidades. “Era el mismo carácter de Camilo Cienfuegos, todo le provocaba un chiste, una broma, caricaturas, maldades. Eso lo define maldades, maldades, maldades, maldades…”Era capaz de parar una fiesta y la música para ponerse a hacer cuentos con todos. Andaba por los rincones, papel y lápiz a mano, haciendo garabatos y maquinando travesuras. Sin embargo, nos cuentan que cuando estudiaban en la casa de algún compañero, y todos llevaban algo de comer, Gerardo traía una flor para la figura femenina de la casa, era un detalle que nunca faltaba. Cuando Gerardo terminó en el ISRI, hicieron tentativas por mantener vivo el Chispa, pero sin él poco a poco fue languideciendo. Hubo un nuevo intento por continuarlo, cuando ya no existía el pregrado del ISRI el comité UJC sacó un Chispa de una página entre 1996 y 1997, que quería ser como el anterior, y se imprimía en la imprenta. Una década después, llegamos nuevamente los sacachispas, que con esta publicación, el espacio “Nosotros mismos”, y otros proyectos intentamos recuperar aquel espíritu, no con nostalgia ni tristeza, sino con admiración y entusiasmo, aunque quizás con mucha – demasiada – seriedad en comparación con su “jocoso” antecesor. Sería muy divertido para todos que aparecieran ahora esos primeros Chispas. Por eso hacemos la convocatoria, a nuestros entrevistados y a todos los protagonistas de aquella época, a desempolvar y compartir el Chispa, las fotos, caricaturas y recuerdos que guardan en la memoria y las gavetas. Aprovechamos también para pasarle la bola a Gerardo, para que él mismo sea autor, colaborador, consejo editorial e ilustrador del Chispa. Admitimos que sentimos una pizca de envidia al leer la presentación en ese libro imprescindible que es “El amor y el humor todo lo pueden”, por no tener ese texto en exclusiva en nuestras páginas, y porque nos maravilló, sorprendió, y también nos hizo reír y lagrimear un poco. Esperamos que nos cuente sus recuerdos, anécdotas, expectativas… El espacio es y siempre ha sido tuyo. |

