| 29 de octubre del 2008 |
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Aprendí a quererlos y a respetarlos |
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Nuris Piñero Sierra, abogada de los familiares, no se conforma con todo lo que hace para lograr la libertad de Gerardo, Ramón, Antonio, Fernando y René: "La justicia se quebranta, por eso hay que continuar la lucha para que el mundo conozca la verdad y lograr que los liberen". ¿Cuándo y en qué circunstancias se vincula con el caso? "A inicios del proceso conocí el interés del abogado Joaquín Méndez, quien asumió la representación de Fernando González, de tener una entrevista conmigo; estaba informado de que el Bufete de Servicios Especializados que dirijo, trabajaba en los procesos contra quienes colocaron artefactos explosivos en centros turísticos de La Habana en el verano de 1997. "No puse objeción en atenderlo; me pidió colaborar en la obtención de las pruebas para demostrar que Cuba tenía necesidad de defenderse de las acciones terroristas que se organizan y financian en Estados Unidos desde el inicio del triunfo de la Revolución. "Me vinculé con él, ubicamos un grupo de testigos y víctimas de esas acciones y fuimos a diferentes lugares en los que ocurrieron los hechos; comenzamos a trabajar en las entrevistas. "No puedo decir cómo, pero cuando Joaquín regresó a EE. UU. le trasladó al resto de los abogados defensores el resultado de su experiencia en Cuba; me uní a ellos y preparamos el resto de los testimonios que presentamos a la corte de Miami". ¿En qué momento conoce personalmente al primero de los familiares? "Lo conocía sin saber que era familia de uno de ellos y lo supe justamente cuando vi el nombre de los coacusados de Fernando González, verifiqué los apellidos de René, y dije: 'Caramba, conmigo trabaja un abogado que es hermano de este hombre, tiene los mismos apellidos'. "De esa manera el abogado Roberto González se vinculó, a partir de sus actividades en el ámbito del derecho penal cubano, en apoyo a las labores que hemos desarrollado para respaldar el trabajo de los abogados norteamericanos. Fue totalmente fortuito. "Yo conocía también a su mamá. Después empecé a relacionarme con el resto de los familiares para acopiar las evidencias que se requirieron. Para mí fue impactante conocer a las madres y esposas de estos hombres, ante todo por sus valores, por la manera que tienen de ver la vida, por empinarse ante cada obstáculo." ¿Cuál ha sido el momento más difícil? "Saber que estaban presos. Cuando conocí a Joaquín me explicó que existían cinco hombres encarcelados por defender a Cuba, por garantizar la paz y la seguridad, y eso fue duro para mí. No hay nada más injusto que tener a un inocente preso y a delincuentes disfrutando de libertad. "Todo ha sido difícil, porque este es un caso político, que se cubre con subterfugios legales, ellos nunca debieron estar detenidos". ¿Conoce personalmente a alguno de los Cinco? "No. He tenido comunicación con ellos, fundamentalmente escrita. Son personas que cuando empiezan a conversar lo primero que hacen es agradecer lo poco que uno puede haber hecho por su causa, y realmente las gracias hay que dárselas a ellos por su altruismo. "Los cubanos tenemos una deuda con los Cinco por esa labor de conocer y buscar la información sobre las actividades de la mafia anticubana, y prevenir a Cuba para que todos disfrutáramos de la paz que se logra en nuestro país. "Ellos hacen valoraciones incluso de índole jurídica del caso, razonamientos muy profundos, que contribuyen con su defensa. Los Cinco merecen que se haga todo lo humanamente posible para lograr que sean puestos en libertad de inmediato". ¿Solo hablan de temas legales? "También de cuestiones personales. Tengo recuerdos de cada uno de ellos". ¿Qué impresión le causan? "Aprendí a respetarlos y a quererlos. Para una abogada resulta una exigencia dar lo mejor en el orden profesional, ético; pero cuando se hace con inocentes, hombres que están colmados de valores, seres terrenales, porque sufren y padecen como uno mismo, el compromiso es cada vez mayor. "Joaquín me dijo en aquel encuentro inicial: 'estoy aquí por Fernando, porque cada vez que le pregunto ¿por qué tanto esfuerzo para que no se ponga una bomba en Cuba?, él me respondía que sí, que le importaba, porque Cuba tiene derecho a elegir cómo vivir, y nadie puede venir de afuera a imponérselo'. "Él me comentaba que cuando llegaba a verlo, antes de hablar de temas profesionales, Fernando le preguntaba por su salud, por la familia, e incluso por el cúmulo de trabajo profesional que pudiera presionarlo; por supuesto este tipo de diálogo no lo tiene un delincuente con su abogado". ¿Cómo son sus relaciones con los familiares? "Cada uno tiene su idiosincrasia, sus particularidades como seres humanos, pero todos me han impactado considerablemente. Comprendo a las madres, a las esposas, por su dolor al tener a sus seres queridos presos. "Son personas que luchan incansablemente para denunciar esta injusticia y cuando termina el día y regresan a su casa, cuando cierran la puerta están solas, no tienen con quien compartir un momento difícil aunque tengan muchas personas que las acompañen, realmente en el orden sentimental hay una mezcla de acompañamiento y soledad". ¿Y los hijos? "Han crecido sin el apoyo paternal, con la imposibilidad de disfrutar el derecho a la comunicación paterno filial, que está recogido en la Constitución norteamericana y que nuestra sociedad cultiva tanto. "Creo que ha sido muy importante la labor de las esposas para resaltar esa figura paterna y también lo que ellos han hecho desde la distancia, a través de las cartas, en los pocos encuentros que han podido tener. Los sancionados en EE. UU. tienen derecho a recibir visita mensualmente y los Cinco, en particular los que tienen hijos, solo han podido recibirlos una vez al año, si lo promedias puede que no llegue ni a una vez. "De esa manera no solo se está violando el derecho que tienen ellos como sancionados a recibir esas visitas, se está ejerciendo una violencia sicológica contra esos niños. En el caso de Ivette, ante lo indefinido del proceso legal, tuvo que visitar a su padre junto a la hermana mayor, porque le impiden -aun siendo norteamericana-, que su madre la acompañe para hacer ese encuentro lo más natural posible en las condiciones adversas en que se realiza. "Otra negativa a las reuniones familiares es no permitir a Gerardo la visita de su esposa". ¿Qué impresión tiene de los abogados vinculados a la defensa? ¿Cómo han logrado trabajar en equipo? "Empecé hablando de Joaquín Méndez, un abogado en aquel entonces de la Oficina del Defensor Público de Miami, pero los restantes también eran abogados que habían asumido de oficio. Son las cualidades de los Cinco, su comportamiento ante la vida, lo que hizo que todos se interesaran, profundizaran, que se logre este trabajo de equipo. "El equipo legal se fortalece además ante cada comportamiento inadecuado de la Fiscalía, se empeñan más en trabajar y hacerlo bien, en aunar esfuerzos y criterios, definiendo que quienes van a hacer una vista, sean los más idóneos para esa ocasión". ¿Cuánto la ha engrandecido espiritualmente trabajar en este caso? "Vincularse a un caso juzgado por un sistema judicial diferente al nuestro es difícil; obliga a estudiar, profundizar, aun cuando trabaje el derecho internacional. Me ha reportado mucho desde el punto de vista humano. Cada día que pasa, que conozco lo que acontece alrededor de ellos, me convenzo de que es muy importante hacer todo lo que esté a mi alcance por contribuir a que se esclarezca la verdad. No voy a estar tranquila, ni conforme con nada de lo que haga hasta que no logremos que estén en libertad. Ojalá ocurra en el menor plazo posible". ¿Se siente acompañada en esta compleja labor? "Cada día son más los que se solidarizan con los Cinco, no conmigo. Los acompaño junto con un grupo importante de seres humanos, entre los que se agrupan juristas cubanos y de otras latitudes, que se sienten orgullosos de recibir sus cartas, de conocer noticias sobre ellos; son héroes, paradigmas para gente humilde y para grandes personalidades". ¿Cree que el caso tenga solución legal? "El tribunal de Atlanta demostró tener vocación por la justicia cuando se pronunció por un nuevo juicio y dijo que en este caso no se habían respetado las garantías del debido proceso ni del derecho a la defensa, y reconocieron en un documento de 93 páginas que hubo muchas pruebas durante el juicio de falta de imparcialidad. "Ellos pueden dar un pronunciamiento que se adecue a la justicia, que contenga derecho. Hay que ver hasta dónde las presiones políticas influyen en eso. Aspiro a que la verdad prevalezca".
(Septiembre del 2007)
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