14 de noviembre del 2008

Cierra las puertas, echa la aldaba, carcelero.
Ata duro a este hombre: no le atarás el alma.
Miguel Hernández

Acerca de Juan y Nils

Por Mariela Valdivia López
estudiante de periodismo UCLV

Juan y Nils comparten su cuarto en la UCLV
Juan y Nils comparten su cuarto en la UCLV
Hace cerca de un año llegaron a La Habana. Fueron recibidos por un joven estudiante de la FEU al cual, minutos antes, le habían anunciado el nacimiento de su hijo. Tan alegre estaba, que los dos extranjeros no entendieron en ese momento por qué no se iba a festejar con su familia. Ahora se dan cuenta que para ese joven, como para tantos otros cubanos, la llegada a Cuba de dos amigos solidarios, norteamericanos o no, resulta tan importante como que un niño vea la luz. Desde ese momento Juan y Nils sintieron a Cuba como su segunda patria.

“El elemento humano ha sido muy fuerte para nosotros”, comenta Nils, atento, con ojos grandes y expresivos, de mirada noble.

Ambos, colaboradores del Comité Internacional por la Liberación de los Cinco, y de otros tan importantes como la brigada de solidaridad Che Guevara, se conocieron allá por el año 2002 en una manifestación en contra de la guerra en Irak. A partir de entonces se descubrieron dos hermanos de patria y de lucha.

Vinieron a Cuba a realizar sus tesis de maestría de la carrera de Agronomía, la cual para ellos significa en gran medida una salvaguarda para el problema de pertenencia de la tierra en su país.

Una maestría en Estados Unidos puede costar miles de dólares por año. En la Universidad Central Martha Abreu de Las Villas (UCLV), sin embargo, consultan toda la bibliografía necesaria, reciben clases y desarrollan la práctica, todo gratuitamente, gracias al gobierno cubano. Hoy son los únicos estudiantes norteamericanos que se encuentran en la provincia de Villa Clara.

Por dónde le entra el agua a Juan

Dicen que de tal agua, tal semilla. Así se cumple en el caso de Juan. Su madre, Alicia Jrapko, es una gran luchadora por la justicia social en Estados Unidos.

“Es un privilegio para mí ser su hijo, pero sobre todo un compromiso muy grande. Por ello mi propósito es siempre aspirar a que esta generación sea cada vez superior a la anterior”, alega este joven de carácter pasivo, pero palabra precisa.

¿Cómo ven a Cuba?

Para los dos resulta un hecho insólito que un niño cubano se exprese mejor que muchos hombres del mundo. Así lo ejemplifica Nils: “Conocemos a un niño en Ciego de Ávila que, al preguntarle qué daba en la escuela, nos hizo todo un recuento de las clases que le imparten, que tal parecía el profesor. Pero además, en Cuba cualquier niño sabe de sus héroes y mártires con tanta destreza, que realmente nos emocionamos mucho”.

“En Estados Unidos muchas veces uno se siente alejado del mundo. Al gobierno no le interesan cuestiones tan importantes como la justicia, la soberanía, la lucha por eliminar el racismo, entre otras cosas. Tenemos que ver más con el gobierno y el pueblo de otros países que con el nuestro. ¿Estar en Cuba?, uno se siente en el mundo”.

Mirada al interior

Dentro de sus hobies se encuentra la lectura
Dentro de sus hobies se encuentra la lectura

El día que esta reportera entrevistó a Juan y a Nils, se encontró con un escenario inesperado. Obras de Lenin, Marx y Engels estaban sobre la mesa de estudio. Fotos del Che cubrían las paredes y algunas plantas adornaban el pequeño cuarto que comparten.

“Al Che lo llevamos dentro”, dice Juan.

“Yo me identifico mucho con Latinoamérica, no solo porque mi madre sea de origen argentino, sino porque las costumbres, tradiciones y familiaridad de los latinoamericanos me hace pensar que soy uno de ellos”.

Nils, sin embargo, es un amante de la cultura y la historia euro-soviética. No por gusto entre su selección de lecturas se encuentran los textos filosóficos provenientes de allí.

Junto a ellos el tiempo pasa veloz, aun cuando hubo tiempo para disfrutar de un delicioso “mate”. (Bebida que se toma mucho en Sudamérica)

El por qué

Juan (extremaderecha) y Nils (extrema izquierda) durante la caminata por la ruta del Che
Juan (extremaderecha) y Nils (extrema izquierda) durante la caminata por la ruta del Che

A veces nos pasan desapercibidas cosas tan importantes, cosas que por estar al lado son invisibles a nuestros ojos. Un día pasé por un aula de la UCLV. Vi a un joven impaciente y decidido que me invitó a entrar y escuchar una exposición que haría en conjunto con un amigo, acerca de los movimientos de solidaridad en Estados Unidos. Y tan apasionadamente contaban sus vivencias, esperanzas en el porvenir, y tanto se notaba su fe en el triunfo de la verdad, que sentí nostalgia de lo que nunca he sido realmente.

Esos dos jóvenes demostraron a todo su auditorio cómo a noventa millas también se cree en el mejoramiento humano, cuánto esfuerzo brindan a una causa que directamente no tendría por qué incumbirles. Esos son los jóvenes que necesita nuestra sociedad.

“Ustedes, los cubanos, a veces protestan por falta de fluido eléctrico o agua -alega Juan- No critico eso, sé que es difícil. Pero nunca más imprescindible que la felicidad de un niño, que la atención médica a una persona pobre, lo cual aquí no es problema. Cuando comprendan esto, lo que los afecta lo verán como algo intrascendente”.

Por esa forma de pensar, por esa increíble valentía y sus grandes votos por la esperanza y por el bien de los pueblos, Juan y Nils hace mucho tiempo dejaron de ser otros de los tantos extranjeros que estudian en nuestro país para convertirse en cubanos.

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