Mensaje de paz a través del Atlántico
Por Lianet Fundora Armas y Gabriel Torres Rodríguez (estudiantes de Periodismo)
Fotos: Internet
La goleta norteamericana «Amistad», del estado de Connecticut, visitó Cuba por primera vez desde que surca los mares de este mundo; trajo junto a sus 19 tripulantes, el cariño, la reflexión y un examen público a la herencia de los esclavos del Atlántico para luchar contra todo intento de opresión.
Bill Pinkney, patrón de la
embarcación, durante un encuentro con universitarios matanceros opinó que las visitas a puertos de otras regiones son «una oportunidad para el recuerdo solemne y el intercambio cultural que permite establecer conexiones entre todos los países del Atlántico».
Bill, al igual que el barco que comanda, nunca antes había tocado tierra cubana. Su objetivo fue conmemorar, el 25 de marzo último en La Habana, el X aniversario del proyecto, que forma parte oficial de la Tercera Ronda de las Naciones Unidas de recuerdo internacional a la esclavitud. «Queremos recorrer el mar con un mensaje de paz», afirma.
«Ya conocía Cuba por la prensa y mis contactos pero hablar con ustedes nos permite conocer de sus alegrías, de su unidad al trabajar juntos por un mismo objetivo. Aprendes que más allá de las diferencias, lo más importante, es todo aquello que nos identifica como humanos».
«Toda la tripulación está contenta de intercambiar ideas y puntos de vista con los jóvenes universitarios. Este vínculo nos ha hecho ver, que no son tan grandes las diferencias entre el pueblo cubano y el norteamericano. Nos enlaza la cultura. Solo el aprendizaje de nuestras realidades desembocará en un mutuo entendimiento».
La goleta original «La Amistad» fue capturada frente a las costas de Long Island en 1839, con 53 esclavos provenientes de Sierra Leona en África, que habían incautado la nave y reclamaban su libertad. El suceso provocó un enfrentamiento diplomático y un drama político, que amenazó con llevar a los Estados Unidos a una guerra contra Cuba, España y Gran Bretaña.
Nuestro interlocutor fue el primer afronorteamericano que dio la vuelta al mundo en un bote de vela (con solo 47 pies de eslora) recorriendo más de 32 mil millas en un periodo de 273 días. La travesía nació y concluyó en Boston y visitó Tasmania, África, Uruguay, y Brasil. «Desde los 7 años me nació el espíritu aventurero de recorrer el mundo, ahora tengo 55 y siento una gran alegría y orgullo por haber realizado mi sueño. El mejor legado que dejo a mis nietos es la idea de que pueden hacer en la vida cuanto se propongan, mi ejemplo demuestra que con voluntad y esfuerzo todo es posible».
El trayecto por el océano acarrea dificultades. Bill, con una sonrisa, nos dice «no se puede ser marinero sin luchar contra la furia del mar. Para llegar a Cuba atravesamos varias tormentas, lo que no impidió el arribo de nuestra nave a su destino».
El 31 de marzo él y «sus muchachos» reanudaron su periplo para dirigirse en mayo a New London, Connecticut. A bordo del «Amistad» se adentraron en el horizonte, esta vez llevando consigo las memorias indelebles de su itinerario en la Isla. Sin dudas, parten a realizar nuevas peripecias en alta mar para esparcir en cada rincón el aroma cautivador de una frase ineludible: Que la paz prevalezca en la Tierra.
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