(Fragmento de la entrevista al profesor Lozano que bajo el título El Hombre Natural, realizó el autor de esta multimedia y fuera publicada en la revista Alma Mater en mayo del 2007)
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El concepto de humanidad está dado en Martí de diversos modos: uno de ellos se enuncia en el reconocimiento del hombre como sujeto de la realidad, puesto que nacemos individuos, pero no sujetos; después de un proceso ascensional del humano es que nos convertimos en sujeto del conocimiento y de la trasformación de la realidad.
Cómo encontrar a partir del ideario martiano la especificidad en América que convierte al hombre en nuevo sujeto.
En opinión del investigador Jorge Lozano…está revelado en el concepto de hombre natural.
“En Martí —dice Lozano— se revela el hombre natural en tres grades esferas de la emancipación y la renovación humana, es decir, un sujeto concreto en América Latina, reflejado en la política, la cultura y la moral”.
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—¿El hombre natural, en política, en la cultura y en lo moral es el hombre de la “América nuestra”?
En esta parte de la humanidad en que vivimos —y que Martí llamó Nuestra América—, en la época actual se renueva el espíritu liberador de los pueblos —por caminos hasta hace poco tiempo insospechados—, pero que prueban que era precisamente América Latina la depositaria de la renovación humana. Después de la triste caída del socialismo europeo, Martí vuelve a ser contemporáneo, sobre todo por la connotación de su pensamiento.
Todo pensador escoge un área propicia de meditación. Para Marx y Engels fue la sociedad de los hombres. Y a partir del estudio del desarrollo más alto de esa sociedad, el capitalismo industrial, pudieron hacer generalizaciones de toda la historia social. El área escogida por Martí para hacer su reflexión de mayor hondura fue la antropología. Es decir la teoría del hombre. El aporte que hace Martí a la filosofía latinoamericana es la de concebir una teoría del hombre para América Latina, en los inicios mismos de una época histórica marcada por el capitalismo de los monopolios, época que no hemos rebasado, por lo que Martí sigue siendo nuestro contemporáneo.
En el ensayo Nuestra América el hombre natural en política para Martí es el hombre real, es decir que se lanza a conocer la realidad, que le rodea, y la conoce para trasformarla, que no impone su voluntad a la realidad, sino que la conoce para irla acercando a la realidad que quiere. La voluntad de transformar se pospone al acto del conocimiento humano. Lo dijo de diferentes formas: conocer es prever, la previsión es obra de la política… ¿Qué significa esto? Conocer para trasformar, trasformar para redimir.
El ensayo Nuestra América termina con una imagen bellísima cuando Martí evoca una entidad mítica para cerrar su mensaje, cuando dice que sobre las alas de un cóndor, el gran Cemí, el padre fundador va regando semillas de la América Nueva. De la Palma Moriche va dejando a diestra y siniestra las semillas; así se dice que se fue poblando el continente americano y depende si a la izquierda o a la derecha el ser humano nacía hombre o nacía mujer. Cuando la semilla cayó en Caracas se hizo Simón Bolívar; en Nicaragua produjo a Augusto Cesar Sandino; en Argentina, a José de San Martín; en Cuba, a José Martí.
La política de hoy tiene que ser más sabia que la de ayer. Ya no solamente es tomar el poder a favor de los humildes, sino que los humildes en el poder tienen la tarea de salvar al mundo, incluyendo la naturaleza. Esa es la vigencia política del hombre natural.
En la esfera de la cultura, el hombre natural se manifiesta en su concepto de mestizo autóctono, que en “nuestra” América, se da —como en ninguna otra parte del mundo— por conjunción de diversas culturas —tres, fundamentalmente—, y donde no se ha producido una guerra cultural, que es la más profunda manifestación de la guerra, aunque sí un choque, contradictorio e inevitable.
De esa conjunción ha quedado unión de lo mejor. Es curioso como Martí señala que en América del Norte entró Europa con el arado, y en la del Sur entró con el perro de presa. Los descendientes de los cuáqueros son hoy los imperiales y máximos consumidores de drogas y los del sur, mordidos por los perros de presa, son hoy los que renuevan el pensamiento y la acción de todo el hemisferio. América anglosajona ha ido de más a menos, y la Latina de menos, a más.
El hombre natural, en la esfera de la moral, no se da en el ensayo Nuestra América, sino a través de la poesía. En la saga del Homagno, de Versos Libres, está mejor explicado.
A partir de este neologismo creado por Martí intenta definir alta magnitud de lo humano. Consigue crear, además de un personaje literario, un sujeto filosófico, enunciado en cuatro momentos importantes. Hay un primer poema, llamado así, Homagno; un segundo poema, llamado Yugo y Estrella, presentación del conflicto del personaje; una tercera parte, que es un poema en elaboración, que tiene tres borradores, y cuyo título es Homagno Audaz, es decir Homagno alcanza audacia, justo cuando aparece un nuevo personaje, Jóveno. La cuarta parte de la saga, y ya no es siquiera un poema en elaboración, sino la idea de cómo tenía que terminar la saga, que es la muerte de Homagno.
En la primera parte, Homagno es un hombre en busca de su identidad, la que encuentra cuando es capaz de despojarse de las convenciones, es decir cuando tiene libertad de pensamiento.
Este hombre identificado tiene un conflicto moral representado en el yugo y la estrella: lo significativo es que Homagno no escoge la estrella, porque es muy fácil ver el camino rodeado de quienes tienen luz, sino que escoge el yugo porque lo extraordinario es dar luz en las sombras; he ahí la vocación humanística que debe tener todo sujeto moral. Ser un hombre de bien donde es más difícil luchar por el bien.
Una vez que se ha tomado esta decisión, ante la disyuntiva del yugo o la estrella, a Homagno se le contrapone un nuevo personaje, Jóveno, que representa la juventud, vibrante, despreocupada, que algunos llaman irresponsable, y solo está evaluando la realidad desde su vida y no desde la perspectiva de sus padres y abuelos. Para Jóveno, el encuentro con un hombre de la magnitud de Homagno, resulta tan enorme que le hace una sola pregunta: ¿Dime cuál es la llave de la vida?. La respuesta recibida es: la llave del universo es el amor.
Y aquí aparece otra de las ideas martianas: los hombres se dividen en dos bandos, los que aman y fundan, y los que odian y deshacen.
¿Cómo se produce la muerte de Homagno?
Martí dice que Homagno muere muchas veces pero resucita, es decir muere espiritualmente, cercado por la envidia, los celos, la incomprensión…pero vuelve a revivir hasta que se produce la muerte definitiva que es la física.
¿Cómo revivirá después de la muerte definitiva? Jóveno, entristecido por la pérdida, va a llorarlo, ante su cuerpo, pero cuando levanta su vista ve un águila blanca que se convierte en estrella en el cielo; Jóveno se ve rodeado de grandes ejércitos de amor, que en definitiva es a quienes va a dirigir, justo en el inicio del camino de lo que fue Homagno. Esa es la clave de la sucesión de generación en Cuba.
Así obró José Martí.
¿Homagno, Cristo?
Martí es quizas uno de lo pocos en reconocer en Jesús un patriota de fuego puro, un hombre natural, más allá de lo místico y de lo estoico; con el criterio de que lo divino está en lo humano.
El rango de universalidad es el que emparienta a grades humanistas; no encontraremos a ninguno que diga ¡soy el único!
Imágenes de homagnos y jóvenos parecen haber sido recurrentes en la historia de Cuba. ¿Existe algún paradigma —de entre tantos—, de ese ideario martiano?
En esas ideas, Jóveno fue Julio Antonio Mella, quien hizo “tanto en tan poco tiempo” y fue asesinado, como Homagno, en Ciudad México, dejando sin embargo un ejército de luz. Y fue hombre natural, en política, en lo cultural y en los moral, además de ser mestizo —hijo de cubano e irlandesa—, pero cubano genuino.
Fíjate que cosa tan curiosa: Mella y José Lezama Lima —dos cubanos tan diferentes— tuvieron la misma palabra castellana, “misterio”, para caracterizar algo de la autoctonía cubana, que significa ser hijo de José Martí. Cuando analizas en qué lugar está el misterio del individuo te encuentras que está en el fondo de dos grandes esferas de lo humano: la ciencia, porque se encamina a ampliar el conocimiento, penetrando en lo desconocido que es siempre misterioso. La otra esfera está en las emociones, y la poesía —como el arte— es el camino humano donde nos introducimos como personas en el misterio de la sensibilidad.
Es decir Martí fue hombre de ciencia que escribe poesía, y el de la poesía que medita con ciencia.
Habría que ir del brazo de Lezama y de Mella para entender la Cuba del futuro guiada por Martí —y de Varela y de Mella, para entender la universidad cubana del futuro, también guiada por Martí—, de modo que no hay otro camino para llegar a la universidad y a la patria del futuro. Mella parece ser el puente entre generaciones
Esa es la clave de nuestro misterio, explicado poéticamente.
—También Cuba está llena de símbolos para conceptuar ese ideario…
Hay un sitio habanero, convertido en terreno de lucha, en donde para mí esto está simbolizado mejor: es la tribuna antimperialista y el conjunto estatuario de Martí con un niño en los brazos.
Allí yo le he reflexionado, y como si fueran respuestas de bronce que me da la estatua, he escuchado “…si no hubiera muerto en Dos Ríos en 1895, en 1903 hubiera tenido sólo 50 años, de modo que hubiera podido tener en mi hombro al niño Julio Antonio Mella; en 1926, siendo un anciano venerable, hubiera cargado al niño Fidel Castro.
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