Fragmentos del discurso pronunciado por el líder de la Revolución Cubana Fidel Castro Ruz en la clausura del Congreso de la Asociación de Jóvenes Rebeldes en el Estadio Latinoamericano, el 4 de abril de 1962
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Para pertenecer a la organización hay que dar pruebas fehacientes e indudables de que se trata en todo caso de un joven verdaderamente modelo, de un joven verdaderamente digno de llamarse Joven Comunista.
No va a ser fácil, no va a ser fácil, porque ser Joven Comunista no significará privilegio de ninguna clase, sino todo lo contrario: ser Joven Comunista significará sacrificio, significará renunciamiento, significará abnegación; ser Joven Comunista significará que, por su conducta, dondequiera que se encuentre ese joven, podrá contar con el reconocimiento y con la admiración de todos los demás jóvenes, con el reconocimiento indiscutible y la admiración ilimitada, por su conducta, de todos los demás jóvenes. No será, de ninguna forma, que cuente con el reconocimiento porque alguien lo haya señalado de dedo, porque alguien lo haya designado de dedo o porque alguien lo haya situado en un cargo determinado.
El principio, ahora y siempre, tendrá que ser el principio de la calidad y del mérito. No será una autoridad transferida, no será la autoridad que la organización le dé a ese joven, sino que la autoridad de ese joven debe provenir, esencialmente, de su comportamiento, de su conducta y de sus méritos ante las masas. Y no será, como a veces ocurre, que la organización le dé prestigio y le dé autoridad al joven, sino precisamente a la inversa: que el prestigio y la autoridad que ese joven tenga ante las masas sea prestigio y autoridad que ese joven transfiere a su organización (APLAUSOS).
Creemos que eso es bien claro. No se trata de que algún joven diga: «tengo autoridad ante este centro de trabajo, ante este centro de estudio, porque soy Joven Comunista», sino «soy Joven Comunista, porque tengo autoridad, mérito y prestigio ante la masa», que son dos cosas muy distintas (APLAUSOS).
Así tiene que ser hoy y así tendrá que ser siempre. Porque desde hoy, en todo, debemos ir forjando normas de organización, desde hoy tenemos que ir aplicando una política de métodos correctos y de principios revolucionarios; cuando no se aplican los métodos y los principios, más tarde o más temprano salen las consecuencias. Todos no podrán ser Jóvenes Comunistas. Jóvenes Comunistas podrán llamarse solo aquellos que, por su conducta y por sus méritos, sean acreedores a pertenecer a esa organización.
¿Y qué hacer con un joven que tiene primero una buena conducta, una gran conducta, un gran mérito, y al cabo de los años o al cabo de cierto tiempo comienza a dejar de tener esas virtudes y esos méritos? Pues, sencillamente, hay que darle de baja de la organización, porque el haber adquirido ese derecho no significa un derecho vitalicio, un derecho perpetuo, sino que ese derecho ganado por sus méritos tiene que saber mantenerlos una vez que ha sido designado miembro de la organización.
Nosotros somos partidarios de que las normas sean rígidas, porque solo eso será lo que le dé verdadera calidad, y, sobre todo, compañeros y compañeras, porque es muy importante que cuando al pueblo le digan “ese es un Joven Comunista”, todo el pueblo sepa que se trata de un joven lleno de méritos y un joven lleno de virtudes. Porque lo peor que nos pudiera pasar es que un joven miembro de la organización se comporte incorrectamente, se comporte indebidamente, porque entonces no solo desprestigia a la Revolución y desprestigia a la organización, sino que, incluso, desprestigia al comunismo (APLAUSOS).
Y desde ahora hay que ceñirse a normas que garanticen que el pueblo pueda tener absoluta fe en los miembros de la Unión de Jóvenes Comunistas, es decir, en los Jóvenes Comunistas.
El joven que en virtud de que en el Estado se le asigne algún cargo, un cargo de confianza, bien remunerado, que sin tener familia que sostener, sin tener grandes necesidades, recibe un sueldo de 500 pesos y se queda tan tranquilo y empieza a disfrutar de ese sueldo, superior a todas sus necesidades, ese joven no podrá ser un Joven Comunista, no podrá llamarse un Joven Comunista (APLAUSOS).
Nadie está llamado, nadie está llamado o está obligado a pertenecer a la Unión: es una asociación absolutamente libre de jóvenes revolucionarios, pero que no significará privilegios en ningún sentido, sino sacrificios, para que se sepa que ahí en esa organización se va a buscar sacrificio, abnegación y renunciamiento. Es decir, que hay que tener temple para ser un Joven Comunista, hay que tener carácter para ser un Joven Comunista, hay que tener abnegación para ser un Joven Comunista, hay que tener vocación para ser un Joven Comunista, hay que saber cumplir. Si se es estudiante, hay que ser inexorablemente buen estudiante; si se es trabajador de una fábrica, hay que ser obrero modelo en esa fábrica; hay que ser ejemplo de buen compañero, hay que ser ejemplo de sacrificio, hay que ser ejemplo de voluntad; han de ser los primeros en todo, en el trabajo, en el estudio, en los deportes, en la vida de relación con los demás compañeros.
El joven orgulloso no puede ser un Joven Comunista. El Joven Comunista ha de ser, antes que nada, un compañero modesto, porque la modestia es una de las primeras virtudes del revolucionario (APLAUSOS). El que se crea superior a los demás, o que trate a los demás con espíritu de superioridad, no puede ser un Joven Comunista; quien le restriegue a otro sus presuntas virtudes, no puede ser un Joven Comunista; quien le niegue a otro el compañerismo, quien le niegue a otro la ayuda, quien le niegue a los demás el brazo generoso para ayudarlo, quien quiera hundir a un joven, pisotearlo, en vez de ayudarlo, no puede ser un Joven Comunista (APLAUSOS). Porque el Joven Comunista tiene que ser un apóstol de sus ideas, un predicador de sus ideas, y tiene que predicar, en primer lugar, con el ejemplo; tiene que conquistar jóvenes y no alejar jóvenes.
Quien aleje jóvenes de sí con sus métodos despóticos, con su desprecio y con su falta de generosidad hacia los demás jóvenes, no puede ser un Joven Comunista.
El Joven Comunista tiene que ganarse a los demás jóvenes, conquistarlos para su causa; ganarlos con su ejemplo; atraerlos a las filas de la Revolución; ayudarles, enseñarles, dándoles oportunidad de aprender, dándoles oportunidad de rectificar. Un Joven Comunista no puede albergar odios; el odio del Joven Comunista es hacia los explotadores, hacia los enemigos de la Revolución, hacia los explotadores de la humanidad, hacia los imperialistas, hacia los guerreristas.
Hacia el joven compañero de estudio no puede, no debe sentir odio; debe sentir afecto, debe tratar de ganar, de sumar. Bueno es recalcar esto, porque hay gente que ha tenido el sistema de alejar gente de la Revolución en vez de atraer; extender la punta del pie a los demás, en vez de extenderle la mano; ganarle enemigos a la Revolución, en vez de ganarle amigos a la Revolución.
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Mella para todos
los tiempos |
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