Fidel y el Alma Mater
La Fuerza de las ideas y de la voluntad
Por Jorge Sariol
Foto: Internet
Nace el sol para todos en la escalinata de la Universidad de La Habana. Miles. Cuántos, no importa; Llegan, son muchos, ocupan sus trincheras y se unen exhortados por una voz alta y clara que a su vez pide voces altas y claras contra la guerra.
Fidel ha vuelto para reafirmar con su presencia que son tiempos de luchar pese a todo. Y lo hace en donde nació su esencia revolucionaria, al lugar «donde no pensé que volvería».
Los que conocemos a Fidel sabemos que la elección del emplazamiento, el auditorio, la hora, y el tema no son fortuitos.
La convocatoria de este viernes no necesitó de logística. Acudieron universitarios de hoy, de ayer, algunos de entonces que han sobrevivido a la batalla contra las circunstancias y el tiempo, y muchos que mañana ascenderán las escalinatas simbólicas, que cada universidad cubana tiende para los que quieran llegar al escalón más alto.
A los universitarios de siempre los convocó la fuerza de la ideas. Y también la fuerza de voluntad del convocante, manantial en profundidad y coherencia. La paz, motivo de urgencia, ha sido el tema de los temas. La guerra, cuestión de intereses imperiales, fue el objetivo.
Fidel ha vuelto, con ímpetus y serenidad: «El tiempo del que dispone la Humanidad es limitado», dijo. Acechan peligros y prevalece la indiferencia en medio mundo. Y esos los males peores.
El análisis, la persuasión, la visión política sobre los asuntos humanos y diabólicos que emboscan las cuatro esquinas de este mundo ocuparon los minutos del Comandante ante los estudiantes.
Cuba tiene la misión de hacer despertar a los abúlicos, aleccionar a los que se dejan llevar por la corriente guerrerista y encauzar a quienes abogan por la paz con dignidad.
Y de estos últimos está llena la escalinata, la calle Ronda, la plazoleta Mella y más allá, donde otros oyen y ven mientras el país trascurre en su necesaria vitalidad.
Este viernes 3 de septiembre nació el sol para todos en la escalinata de la Universidad de La Habana. Fidel, que sigue siendo el mismo, aun sin su rombo rojinegro, su rama dorada y su estrella en los hombros, advierte e instruye.
Es cierto que la humanidad está en riesgo y que en los próximos días un soplo de perversidad puede ser el principio del fin.
Pero Fidel es un revolucionario.«Sigamos haciendo planes», concluyó.
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