15 de enero del 2010 |
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Fieles al momento en que viven… | |||
Texto y Fotos: Elizabeth Bello Expósito |
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Así lo demuestran los jóvenes holguineros y cubanos que responden nuevamente al llamado de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU) y la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) en IX Congreso, vinculándose a las tareas de la producción de alimentos en los campamentos agrícolas, una misión que concentra a miles de universitarios en toda Cuba. Participan en su mayoría alumnos que cursan entre el primer y tercer año de su carrera, aunque de ser preciso se incorporan también estudiantes de cuarto año. Universitarios convencidos de que ser útiles es el único modo de ser dichosos, conscientes de que el trabajo que realizan es necesario, en beneficio de su propia familia y de la sociedad toda. Conscientes del papel fundamental que les corresponde a los universitarios actualmente, fieles al momento en que viven, pero también a la historia patria. En Holguín la tarea comenzó desde el mes de septiembre. El primer campamento, el Cornelio Rojas, ubicado en el poblado de Guaramanao, municipio Calixto García, lo inauguraron los muchachos de la facultad de Ingeniería Informática de la Universidad de Holguín Oscar Lucero Moya. Tras ellos, en grupos de cien, invadieron los terrenos de Guaramanao los muchachos de Derecho, Ingeniería Industrial, Ingeniería Civil y Agronomía. Para el próximo año, durante el mes de enero, se deben vincular los muchachos de la facultad de Economía y más adelante los estudiantes de la facultad de Ciencias Sociales, que incluye las carreras de estudios Socioculturales y Periodismo.
Sin perder tiempo, laboriosos y responsables los jóvenes acuden cada día al terreno, azadón al hombro, listas las botas o el par de tenis, el sombrero o las gorras. Enérgicos, alegres pero profundos —como dijera el Che— enfrentan duras jornadas de chapea, desyerbe o deshoje de los terrenos sembrados de plátanos. También han trabajado en la cosecha de yucas y en la preparación de semillas. La rentabilidad, utilidad y calidad del trabajo realizado la controlan los propios universitarios, junto a los directivos y profesores. Ellos se preocupan y conocen su consumo diario en todos los renglones, desde la instalación donde se albergan, alimento, transporte combustible, corriente, hasta el valor de lo que producen. La FEU estimula la sana competencia y emulación entre los estudiantes y, además, premia a los destacados. «Con el transcurrir de los días, se ha perfeccionado la organización del trabajo, la universidad se ha adaptado a la tarea, se han solucionado los problemas surgidos al inicio, se han mejorado las condiciones del campamento; es por ello que se percibe un crecimiento paulatino en el aporte y los resultados del trabajo. Si por las lluvias u otra razón se necesita desmovilizar antes de culminar el mes, entonces no hay quien los saque de allí: los muchachos no quieren irse hasta terminar su misión», informa Marcia Noda Hernández, Rectora de la Universidad de Holguín. Con similar entusiasmo y seriedad, en el campamento Juan Díaz, localizado en el municipio holguinero de Sagua de Tánamo, trabajan los jóvenes del Instituto Minero Metalúrgico de Moa. Sus faenas diarias: limpia y cosecha de plátano, yuca, boniato y calabazas. Y al finalizar la jornada de trabajo, al igual que en los otros campamentos, las muchachitas y los varones se dedican a la limpieza de los albergues, que se mantienen impecables.
Los estudiantes de la Universidad de las Ciencias Pedagógicas de Holguín laboran en los campamentos Matatoro y el Mijial. Ellos se ocupan de la siembra de hortalizas, caña, forraje, viandas, alimentos para animales y chapea. Un poco después se sumó a la tarea la Universidad de Cultura Física, a quien se le solicitó colaborar con fuerzas para el campamento La Yuraguana. Después del primer grupo, solo quedaron atrás agradecimientos, reconocimientos y un excelente rendimiento y disciplina. En el Campamento la creatividad e iniciativa propias de la juventud se impone ante el ocio, algunos hasta escuchan música mientras sudan en el campo. Se descubren nuevos talentos artísticos durante las actividades recreativas y culturales. Los estudiantes discuten las noticias del acontecer nacional e internacional, celebran efemérides y fechas importantes. Hay baños en el río, juegos, noches enteras de trova y poesía, canto, baile, cuentos de terror, o cualquier otra cosa que se les ocurra. Y para los muchachos que quedan en la universidad, por situaciones de salud o capacidad tampoco hay tiempo que perder, su aporte a la economía cubana se percibe fuertemente en los organopónicos, las fincas de autoconsumo, las tareas de ahorro energético, autocontrol interno, proyectos comunitarios o cualquier otra actividad en la que la Revolución solicite el apoyo de los universitarios. Son treinta días diferentes, donde los universitarios ganan virtudes, amistades, amor, experiencias, sentido de pertenencia hacia su suelo, pero especialmente la dicha de ser útiles. Son días para aprender, compartir y al regresar a las aulas es aún mayor el deseo de estudiar. |