Todavía falta pulir
Por María Elena Marcelo y Rodolfo Romero, estudiantes de Periodismo
Desde hace un tiempo han estado sucediendo cambios en la situación laboral de nuestro país, entre los más importantes, la posibilidad de los estudiantes de emplearse. La aprobación de una medida como esta pareciera no tener aristas malas, pero como dice el refrán: «no todo lo que brilla es oro». A veces hay que pulir.
Los jóvenes venían planteando alternativas que les permitieran trabajar y estudiar al mismo tiempo. En pos de solucionar estas demandas y como parte del debate del VII Congreso de la FEU, en diciembre de 2007, un grupo de delegados propuso establecer normas legales que ofrecieran esta posibilidad. En aquel momento se rechazó la propuesta. Por suerte, las cosas cambiarían dos años después.
El 29 de junio de 2009 la Gaceta oficial de la República de Cuba publica el decreto-ley no. 268 Modificación del régimen laboral, que dedica un capítulo al pluriempleo y establece el contrato por tiempo determinado a estudiantes de los cursos regulares. Ahora, además de estudiar, los universitarios pueden trabajar.
Según el artículo 11 de dicho decreto: «Los estudiantes con diecisiete o más años de edad, sin vínculo laboral, de cursos regulares de los niveles medio y superior, pueden incorporarse al trabajo y recibir el salario que les corresponde por los resultados del trabajo que realicen». De igual forma, determina que la actividad laboral no debe afectar o limitar el rendimiento docente, así como una vez que los estudiantes egresen de sus estudios, tienen la obligación de cumplir con el servicio social en el lugar en el que sean ubicados.
Desde su aprobación, un gran número de jóvenes buscan las contratas más afines con sus perfiles educacionales. Pero, no tantos como se esperaba. Según Leonardo Pérez Gallardo, profesor de Derecho civil y notarial: «En el caso de los estudiantes universitarios, creo que se esperaba que el decreto ley se recibiera con más júbilo, se aspiraba a más porque desde hace muchísimos años, desde mi época como universitario, reclamaban la posibilidad de trabajar».
Trabajar… ¿haciendo qué?
Yaina Cruz y Jany Alea estudian Lenguas Extranjeras (FLEX) en la Universidad de La Habana. Asisten a su facultad y en el tiempo libre están contratadas en centros educacionales.
«Cuando aprobaron todo aquello del pluriempleo me acerqué de inmediato a la escuela primaria Arquímedes Colina en Santiago de las Vegas. Enseguida me contrataron como maestra de inglés. Allí estuve alrededor de cuatro meses», comenta Yaina.
«El papeleo fue muy rápido. Llevé a la Dirección Municipal de Educación un certificado médico preempleo, una carta de la facultad, el carné, la resolución y la disposición de la escuela para contratarme. A la semana siguiente comencé con los niños. A pesar del poco tiempo y de que el dinero que cobraba no me ayudaba mucho (cobraba un salario mínimo por contrata que a veces se reducía a 150 pesos) para mí fue una experiencia importante».
La contratación de Jany en la Alianza Francesa también ocurrió de forma muy rápida. Desde el mes de febrero imparte clases los fines de semana. En su opinión, es muy acertada la idea de contratar estudiantes universitarios: «Yo, por ejemplo, soy alumna ayudante desde primer año aquí mismo, en la FLEX, doy clases a grupos de otros años. La vida del estudiante becado es muy difícil económicamente y muchos como yo, en años anteriores, habíamos tratado de conseguir empleo y en todos los lugares nos cerraban las puertas. También conocíamos la necesidad que tiene el país de maestros de idiomas; esta posibilidad vino a matar dos pájaros de un tiro» —explica Jany.
La Directora Nacional de Empleo, María Victoria Coombs Bryan, explica: «A fines del año pasado, eran alrededor de 300 los universitarios que se habían contratado. Con el paso del curso y las cercanías a las pruebas finales, el número se redujo a menos de 100, por lo que no es muy representativo que digamos. Como algo positivo debemos destacar que en la experiencia, las empresas están satisfechas por la disciplina y la responsabilidad de los estudiantes contratados.
«La mayoría de los contratos han sido en tareas de informática, contabilidad y actividades relacionadas con el sistema de protección física. Según los estudios que hemos realizado, una gran parte se ha empleado durante sus prácticas laborales, su periodo vacacional o en la etapa final de su quinto año» —agregó.
Esperando una respuesta
¿Qué ocurrió con Karla y Sixela? ¿Están los organismos estatales preparados para asumir las nuevas medidas?
Karla y Sixela estudian en la Universidad de La Habana y querían contratarse en el preuniversitario Saúl Delgado, del municipio Plaza.
Cuando llegan a la escuela a finales de enero, el director las acoge muy bien, porque necesita urgentemente completar su claustro docente. Se presentan todos los documentos en la oficina de educación provincial y allí les dicen que no pueden contratarlas, que los contratos solo se hicieron en septiembre y octubre (fecha en la que aún no había salido el reglamento que validaba el decreto). «Aunque ya habíamos empezado a dar las clases, ese día no nos hicieron el contrato; la segunda vez fuimos con el director y tampoco resolvimos nada, nos tomaron los datos y nos dijeron que esperáramos» —explica Karla.
Según Pérez Gallardo: «La norma jurídica tiene de por sí un aspecto importante: por primera vez se rompe el principio de que el estudiante universitario se dedique con exclusividad a los estudios, sin embargo, la complementación de las normas ha llevado a que se inyecte burocracia. Hay algunos estudiantes que han pedido esta posibilidad y por ejemplo el Ministerio de Educación ha tenido una política que no sabe cómo complementar la norma y cómo establecerla porque, claro, es un cambio radical en la concepción universitaria».
Sixela argumenta «Yo seguí impartiendo clases por un compromiso con mis alumnos. Tengo una frecuencia semanal con dos grupos y pronto se acercaban los exámenes. No los podía dejar. Es algo cómico porque estoy casi contratada, pero sin cobrar un medio. Y todavía al pobre director no le han dado respuesta».
Aún quedan manchas por pulir. ¿Cómo son posibles tantas trabas precisamente en el sector educacional donde es más necesario personal calificado?
En opinión de José Barreiro Alfonso, viceministro del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), las trabas que han tenido algunos estudiantes no responden a problemas de divulgación, pues la prensa constantemente ha estado publicando sobre eso. Además del burocratismo, el impedimento más común es la ausencia de plazas. «Las direcciones municipales del MTSS están en la responsabilidad de orientar e informar a los interesados sobre los centros que no tienen cubierta la plantilla y tienen la necesidad de emplear. Es allí, en la concreta, donde se saben las necesidades. Por eso no todo el mundo podrá emplearse de acuerdo con sus intereses. Hay que trabajar en lo que haga falta. A lo mejor tú eres abogado pero en tu municipio solo hay necesidad de cubrir plantilla en la agricultura; si quieres, vas, si no, sigues buscando otras opciones».
Sacando cuentas con Triana
Juan Triana Cordoví, Master en Economía y profesor del Centro de Estudios de la Economía Cubana, considera: «Desde el punto de vista nacional, el pluriempleo es otra posibilidad que tiene la economía de asumir formas flexibles de empleo para solucionar situaciones puntuales en determinados sectores y segmentos de la cadena productiva.
«La situación que tenemos en cuanto al diagnóstico del empleo en Cuba es muy diferente de la que había cuando se promulgó esta posibilidad. Entonces había una percepción en determinados segmentos del país, especialmente en el Ministerio de Trabajo, de que faltaba fuerza laboral, por una combinación del problema demográfico cubano —nuestra población es cada vez menor— con el envejecimiento poblacional, y el crecimiento del empleo en sectores de menor productividad. Eso hizo que se promulgara una nueva ley del trabajo, con una edad de jubilación diferente.
«La percepción ha cambiado, hoy estamos estudiando un problema serio, de trabajadores que «sobran» en su centro de trabajo; más que aportar en ganancia, lo que hacen es multar la productividad, porque no están empleados eficientemente. Las cifras reflejan un exceso de un millón de trabajadores en las plantillas, y eso, si pensamos que en Cuba hay cuatro millones de personas empleadas, equivale a un 25 por ciento de esa población.
«La parte buena es que, al permitir una oferta mayor de personas a emplearse, aumenta la competitividad y de alguna manera se podría, en términos teóricos, escoger a aquellos que son más eficientes. Desde la perspectiva social va a generar un problema más de los que ya genera el empleo en Cuba, porque aumenta la oferta de brazos y de cerebros».
Cifras, tesis e incertidumbres moldean la idea de lo que depara el futuro para los universitarios que, una vez graduados o siendo todavía estudiantes, se suman al mundo laboral. La situación preocupa pero se avizoran nuevas aristas: el próximo curso un grupo numeroso de estudiantes será contratado como profesores de español en los preuniversitarios capitalinos; el MTSS sigue estudiando posibles regulaciones con el fin de mejorar las ofertas laborales, elevar la productividad y aportar a la economía; mientras, las miradas se vuelven hacia la posibilidad de combinar el estudio con el trabajo por cuenta propia.
Acerca del empleo de los estudiantes, este es el momento de llevar la teoría a la práctica y esa nunca ha sido tarea fácil, pero sí necesaria. Se requiere voluntad institucional junto a los deseos de hacer de los jóvenes para que el decreto dé sus mejores frutos. |