28 de enero del 2010

Una marcha de luz

Por Elizabeth Bello Expósito

Amanecía el 27 de enero de 1953. Nuevamente la aurora revelaba el dramático panorama en que se vivía en la Isla. Sin embargo, ese día, vísperas del Centenario de Nuestro Nacional sería diferente.

La Federación Estudiantil Universitaria y las clases vivas de la nación preparaban condiciones para rendir tributo a un hombre que supo entregar su vida en la manigua redentora por la libertad de la tierra que lo vio nacer.

La colina se vistió de gala y los estudiantes se reunieron, para organizar el homenaje a Martí. Las mejores fuerzas del país se unieron en torno a los ideales de Martí para enfrentar a sus opresores.

Es entonces que un grupo de jóvenes, entre los que se encontraban Flavio Bravo, Léster Rodríguez, Conchita Portela y Alfredo Guevara, tratan de organizar sus ideas para realizar un acto y esperar el 28 de enero. Manolo Carbonell, Alfredo Guevara y otros compañeros propusieron a Conchita Portela la idea de efectuar un desfile con antorchasdesde la Universidad hasta la Fragua Martiana.

La iniciativa prendió enseguida en el grupo, la discutieron con más amplitud y después en el Frente se acordó elevar la decisión a la Dirección de la FEU. «Era la única institución que podía, por su trascendental historia, convocar a esa manifestación».Además se dispuso que la proposición la hiciera una mujer para darle un sentido más emotivo. Conchita Portela, vicepresidenta de la Escuela de Pedagogía fue la elegida.

«Queríamos organizar una marcha: la Marcha de las Antorchas», rememoró durante una entrevista José Joaquín (Quino) Peláez Canellada, presidente de la FEU en la Universidad de La Habana por esa época.

Según relató Peláez algunos tenían preocupaciones con el sentido con el cual podía interpretarse el desfile, a la cual él respondió que cuando se hace un acto este adquiere la firma de quién lo hace «por tanto, a partir de ahora, la Marcha de las Antorchas es Revolución, es libertad, es antibatistianismo», expresó.

Conchita era miembro del Frente Cívico de Mujeres Martianas y desde el mismo día 26 comenzaron sus integrantes a movilizarse.

Entre ellas estaban Mary Pumpido, Alba Martínez, Rosita Mier, Aida Pelayo, Olga Román, Pastorita Núñez, Nieves López, Eva Jiménez, Margot Aniceto, Naty Revuelta, Maruja Iglesias, Carmen Castro, las muchachas del Instituto de La Habana y otras.

Se trabajó en colectivo; las muchachas buscaron palos, estopas y clavos. Monolito Carbonell y Samuel Ponvert llegaron con varias latas de alquitrán y gasolina.

Cuando comenzaron a preparar las antorchas, a los muchachos se les ocurrió que debían ponerles clavos por si el desfile era atacado por la policía, así convirtieron las antorchas en un arma de defensa ante las balas. Reinaba en la colina un ambiente combativo.

La preparación fue muy dinámica reveló un testimonio de Juan Nuiry Sánchez, líder estudiantil en esa etapa. Todo se hizo, concibió y construyó en el estadio universitario. La cooperación de todos, incluso de los que no eran estudiantes, fue fundamental.

El Frente Cívico de Mujeres Martianas fue un apoyo fuerte para la FEU. Realizaban mítines contra Batista, recaudaban dinero, escondían a los perseguidos. Lo que hicieron la noche de la Marcha de las Antorchas fue distinto a todo lo que habían hecho antes, no obstante, las martianas siempre se mantuvieron junto a la FEU fuertes y valientes.

Los jóvenes conocían el carácter represivo de las fuerzas de la dictadura, aunque no tenían conciencia de lo que realmente iba a significar para la historia este suceso.

Algunos recién se estrenaban en el enfrentamiento a la represión policial y otros ya habían sufrido sus consecuencias. En esa marcha, el que participaba sabía que iba a arriesgarse a cualquier cosa.

Avanzaron con las antorchas, sabiendo que cualquier cosa podía pasar. Sin embargo, todo el mundo mostró entereza mientras recorrían las calles.

En el local de la FEU, la noche del 26 prepararon las condiciones para la manifestación. Al día siguiente, a las once de la noche partió la importante Marcha de las Antorchas desde la Escalinata de la Universidad hasta la Fragua Martiana. Eran unos 500 o 600 muchachos: alumnos universitarios, del Instituto de La Habana, estudiantes en general.

Bajaron por San Lázaro hacia Espada, continuaron hasta 27 y Hospital. En el trayecto se sumó gente del pueblo y un grupo que esa misma tarde había clausurado, en el Palacio de los Yesistas, el Congreso Martiano en Defensa de los Derechos de la Juventud.

Allí fueron elegidos Léster Rodríguez como presidente; Raúl Castro, secretario general; Cecilio Martínez, tesorero, y Conchita Portela, secretaria de la sección femenina.

A la cabeza del desfile, una bandera cubana llevada por compañeras universitarias y de la segunda enseñanza, detrás de la enseña nacional, el ejecutivo en pleno de la FEU.

Las mujeres martianas iban todas cogidas de brazo; era un grupo numeroso, pero la sensación, lo impactante del desfile, era el grupo de más de quinientos jóvenes perfectamente formados que iban detrás de Fidel. Su disciplina era impecable. Sus voces sobresalían entre el tumulto; era como un  torrente atronador que hizo vibrar la calle e impresionar a un pueblo que con tristeza rendía tributo en su centenario al hombre de La Edad de Oro.

Algunos de estos jóvenes participarían en julio en el heroico asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, en Santiago de Cuba y Bayamo.Esos jóvenes estuvieron junto al pueblo en aquella Marcha de las Antorchas.

José Machado Rodríguez (Machadito) hizo una alocución al llegar a la Fragua Martiana. La policía rodeó al grupo, pero no ocurrió nada. Para sorpresa de todos no hubo golpes, aunque iban preparados.

El  resumen lo hizo el Presidente de la FEU, quien se refirió a la significación del acto con que comenzaba la celebración del Centenario Martiano, y terminó su arenga diciendo: “...por esto resulta lógico que el estudiantado, la juventud toda, combata con todas sus fuerzas a la dictadura que nos oprime...”.

La Generación del Centenario entraba en la Historia, rindiéndole tributo al hombre que inspiró con sus ideas la obra de nuestra Revolución.

Numerosos testimonios ofrecidos por los participantes evidencian el ambiente revolucionario e intenso de emociones que se vivió aquella histórica noche, hace 57 años. «Creo que uno de los más grandes orgullos de mi vida es haber presidido la Marcha de las Antorchas» afirma Peláez.

Rosita Mier recuerda: «Nosotras ya estábamos organizadas, por eso la FEU nos da ese lugar preferencial junto a ellos. Éramos mujeres y vivimos un episodio sin antecedentes».

«Es muy grande saber que las nuevas generaciones continúan el mismo homenaje, sin pasar los sustos que nosotros transitamos. No viven aquellos crímenes ni atropellos».

«Nosotros desagraviamos a Martí. Hoy los que participan en la Marcha de las Antorchas lo hacen para defender este sueño, la obra de la Revolución».

«Ya no es solo para honrar al Maestro, sino también para decirle al imperialismo que este pueblo y la juventud están unidos, que esta luz nunca se apagará y cuando pase esta generación vendrán otras».