15 de enero del 2010

Matarla no, dejarla viva

Por Yoerky Sánchez Cuéllar

Ilustración de Alma Mater
Cuentan que un día  los soldados de Julio César capturaron a un general enemigo y preguntaron qué hacer con él. El emperador le pidió a su escriba que mandara un mensaje con el texto: «matarlo no, dejarlo vivo». El escriba se equivocó al colocar la coma y puso: «matarlo, no dejarlo vivo». Como consecuencia, el general enemigo fue fusilado… y el escriba también cuando se enteró Julio César.

La anécdota sirve para ilustrar la importancia del buen decir, ya que un error de puntuación puede distorsionar el sentido de una frase. La ortografía —parte de la gramática que norma y regula cómo escribir correctamente mediante el adecuado empleo de las letras y de los signos— resulta esencial para cualquier pueblo.

Pionero en ordenar y fijar esta materia fue Antonio de Nebrija, autor de la Gramática de 1492 y de las primeras Reglas de orthographia. Nebrija opinaba que se debe escribir como se pronuncia, sin embargo, ello no ocurre en ninguna lengua, lo cual provoca innumerables gazapos; el idioma español es el que más se acerca a ese ideal teórico. 

Podemos expresar nuestros estados de ánimo, sentimientos e intereses de muchas maneras, sin olvidar que nuestras formas de comunicación dependerán considerablemente del dominio que poseamos del lenguaje.     

En estado de coma
En varios países de habla hispana, existe una lucha tenaz contra los errores ortográficos. La edición en 1999 de la Ortografía de la Lengua Española, elaborada por la Real Academia Española (RAE), constituyó un serio avance para «modernizar en el estilo, actualizar en los ejemplos, aliviar de tecnicismos, ilustrar con referencias históricas…».

A pesar del esfuerzo de la RAE,  el problema se agudiza y llega a las universidades. En el 2008 el diario español El País publicó el artículo Mucho título y pocas letras, del periodista José Luis Barbería, quien reveló que en la península ibérica «las carencias gramaticales de los universitarios son un obstáculo para encontrar trabajo» y que «bastantes no pasarían el examen de ingreso al bachillerato de hace varias décadas».

Barbería también señaló: «Nuestros estudiantes hablan, por lo general, un castellano pobre y, a menudo, impostado, porque el sistema educativo ha descuidado en los últimos tiempos la enseñanza de la lengua, y porque tampoco la sociedad cree que hablar y escribir bien sea fundamental para el desarrollo intelectual y el éxito social y profesional».

La repercusión del artículo propició que una maestra argentina escribiera al diario madrileño para enfatizar que esta situación no ocurre únicamente en España. «Aquí me ha tocado calificar exámenes poco menos que incalificables (valga la paradoja) de alumnos de la carrera de Abogacía. Como muestra, envío un botón: “habeses”…sí, como lo leen, que en realidad, ha querido escribir “a veces”... ¿Qué hacemos con un alumno así? ¿Lo mandamos de nuevo al primer grado?», manifestó en su mensaje.

Nuestro país tampoco está exento del fenómeno. Nadie duda de la educación y la cultura brindadas por la Revolución desde sus primeros momentos. Sin embargo, la práctica ortográfica siempre ha suscitado polémicas.     
                                                                                         
En el prólogo a la primera edición de Para expresarnos mejor, de Rodolfo Alpízar, el lingüista Max Figueroa comenta que en la expresión escrita, a pesar de la revolución educacional que ha tenido y tiene lugar en Cuba «la puntuación y la ortografía se mantienen a un nivel preocupantemente bajo».
 
Por su parte, la Licenciada en Lengua y Literatura Hispánicas María Luisa García Moreno, asevera que este asunto no ha sido priorizado por los especialistas. «Son muy pocos los que se han consagrado a esta temática, y en realidad, en la mayoría de los casos, los textos referenciados constituyen prácticamente una excepción en la obra de estudiosos que abordan campos más amplios», asegura.

García Moreno aborda la enseñanza de la ortografía antes de 1959  y afirma que entonces esta «se centra en la memorización tanto de las reglas como de la escritura de las palabras. Constituye un aprendizaje totalmente asociativo y rutinario, incapaz de despertar intereses cognoscitivos, de desarrollar habilidades ortográficas y mucho menos de integrar la ortografía como instrumento lingüístico que facilite la efectividad del acto comunicativo». Finalmente emite una aclaración: «hay que reconocer que no está muy alejado de lo que muchos continúan haciendo».

Para salir de terapia
«La ortografía está en terapia intensiva y las ideas que se aplican para recuperarla me parecen adecuadas, aunque llegaron de ahora para ahorita», manifiesta Grey Mariño, de segundo año de Ingeniería Informática en la sede municipal de Centro Habana.
    
El libro Vacuna ortográfica Val-Cuba enuncia que el problema de las faltas de ortografía invade los niveles de enseñanza primaria y de la enseñanza media, y llega a las propias casas de altos estudios. Sus autores lo consideran «una epidemia». Los resultados de las pruebas realizadas a los alumnos de quinto año de las sedes municipales en mayo pasado también corroboraron estas deficiencias. 

Ante tal situación, el Ministerio de Educación Superior (MES) emitió la Instrucción No. 1 del 2009, la cual establece de manera uniforme el modo de tener en cuenta los errores ortográficos y de redacción en todas las evaluaciones escritas que se realicen en las diferentes carreras universitarias y dispone que estos repercutan en las calificaciones.

Para Nelson Licea, estudiante de Biología en  la Universidad de Oriente, «es correcto y necesario el descuento ortográfico en los exámenes, pues constituye la única solución a los grandes disparates que se cometen. Si queremos lograr una buena ortografía lo primero es leer. Aunque algunas personas piensan que no da resultado,  yo creo que sí surte efecto. No es hacerlo un día y ya, sino de forma sistemática, independientemente de la exigencia de los profesores». 

José Manuel Vallejo, de la Universidad de Ciencias Informáticas, comparte el mismo criterio. «Había demasiadas personas graduándose con faltas incalculables», dice. «Era hora de que esas dificultades se corrigieran, aunque yo como estudiante le veo una contradicción: si un alumno está bien en contenido y tiene errores ortográficos le bajan puntos hasta dejarlo suspenso. Yo pienso que con esas personas hay que hacer un trabajo especial, porque es duro desaprobar un examen cuando se sabe el contenido».

En el mismo centro docente, Henry Martín comentó con algunos amigos sobre el tema y todos opinaron positivamente acerca de las medidas adoptadas. «¿Cómo es posible que te gradúes de Ingeniero Informático y no seas capaz de escribir correctamente? Aunque no demos Español como asignatura, es muy importante saber dominar nuestro idioma», sostiene.  

Agrega Henry que «una persona humilde, sin llegar a ser ingeniero, master o doctor, mediante la redacción y la coherencia en las ideas puede llegar a impactar incluso más que alguien con alto grado científico. El hecho de que tengamos acceso a las nuevas tecnologías no nos quita que nos expresemos de cualquier manera. En todo momento debemos cuidar nuestra ortografía, porque es la imagen que primeramente se llevan de nuestra persona».

Según Sarahí Reyes, quien cursa el segundo año en Bibliotecología y Ciencias de la Información en un Centro Universitario Municipal,  las medidas debieron aplicarlas desde el primer momento, porque escribir bien resulta esencial para cualquier  profesional. «¿Cómo un médico va a poner Medicina con s?», se pregunta.   

A su lado, María de los Ángeles Figueroa,  alumna de quinto año de la propia carrera, sufre en carne propia la rectitud de los cambios.
Recientemente ella desaprobó un trabajo de control por ortografía en la asignatura de Estudios Métricos de la Información. Cree que se ha apretado mucho la mano en muy poco tiempo. «Mi debilidad es que no tildo las palabras», expresa.

Quienes están a punto de concluir la universidad, también deben prestar ahora mayor atención a los trabajos de diploma. Yailín Mendoza, estudiante de Ingeniería Industrial en la Universidad Central de las Villas sugiere que «hay que estar al tanto de las tesis pues por más de dos errores puede disminuir la evaluación. Yo creo que después de tanto tiempo para perfilar el texto, después de revisarlo esmeradamente, no se justifica una falta, pero a veces nos descuidamos y se nos va».

La mayoría de los entrevistados coincide en que había que aumentar el rigor en la ortografía, mientras otros expresan su preocupación por la llegada súbita de los cambios. Estos últimos aseveran que «no se puede cubrir de un día para otro el déficit de las enseñanzas precedentes».

Salud ortográfica para todos 
En la edición de periódico Juventud Rebelde correspondiente al 13 de octubre de 2009, Celima Bernal acotó: «Ahora los cubanos tenemos la oportunidad de aprender a escribir con corrección. Estuvo a la venta un tabloide: Curso de ortografía. Es muy completo, hay ejercicios interesantes, te aseguro que se disfruta a la vez que se aprende porque sus autores (…) son pedagogos talentosos.

«Como si fuera poco, y conjuntamente con el estudio del tabloide, se están televisando unas clases magistrales de esa materia. Nunca empleo ese adjetivo; me molesta el abuso que se hace de él últimamente, para calificar lo que nada tiene de ejemplar, sin embargo, no hay dudas de que estas lo son». 

Dr. Osvaldo Balmaseda, asesor del Ministerio de Educación Superior.

Alma Mater contactó con el Dr. Osvaldo Balmaseda, asesor del MES y uno de los  profesores que imparten el curso de ortografía en Universidad para Todos, además de ser autor de varios libros sobre la materia.

«Esas clases —afirma Balmaseda— están grabadas desde hace ocho años, y si ahora despiertan gran interés en nuestro pueblo es porque se va ganando conciencia de la importancia del idioma. No obstante, sabemos que queda mucho por hacer, desde la primaria hasta la universidad.

« Debemos lograr que los profesores se conviertan en maestros del lenguaje, hay que darles herramientas a ellos y a los educandos. El diagnóstico tiene que ser individual, para comprender las causas de las deficiencias de cada estudiante. También debemos cambiar algunos métodos de enseñanza, por ejemplo: se dice  que la coma sirve para separar elementos análogos de una serie.  ¿Entenderán los alumnos qué significa eso?

«Para alcanzar una buena escritura tampoco basta con leer, porque si no se interpreta el texto, si no se observan bien las palabras,  el uso de las letras y de los signos será incorrecto. La ortografía no es solo recepción sino también reproducción de la imagen.

«Creo que también merecen especial atención la redacción y  la expresión oral. Todas ellas forman un entramado al que se le ha denominado "competencia comunicativa"; condición esencial para la vida en sociedad».

En múltiples conferencias, el Dr. Balmaseda ha ejemplificado la situación de la ortografía de los universitarios de otras naciones  y también ha manifestado que el problema abarca a la mayoría de los países de habla hispana. «Tal realidad no puede llevarnos al conformismo. Por eso la necesidad de adoptar medidas para elevar la calidad de nuestros graduados», concluye.

En el mes de marzo de este año, la RAE dictará nuevas normas. De lo que se trata, más allá de poner de acuerdo a  las 22 academias nacionales, es de lanzar al público un libro  que recoja la realidad actual del contexto lingüístico.

Mientras tanto, en nuestro país incrementamos el rigor en la enseñanza para que  —a diferencia del general y el escriba de la anécdota— la ortografía quede libre de la pena capital.   

NORMAS DE DESCUENTO ORTOGRÁFICO:

Estudiantes de primer año:
• Se admiten hasta 6 errores sin que ello afecte la calificación.
• Entre 7 y 8 errores: La calificación máxima a alcanzar será de 4 (BIEN).
• Entre 9 y 10 errores: La calificación máxima a alcanzar será de 3 (REGULAR).
• De 11 errores en adelante: Se otorgará la calificación de 2 (MAL).

Estudiantes de segundo y tercer años:
• Se admiten hasta 4 errores sin que ello afecte la calificación.
• Entre 5 y 6 errores: La calificación máxima a alcanzar será de 4 (BIEN).
• Entre 7 y 8 errores: La calificación máxima a alcanzar será de 3 (REGULAR).
• De 9 errores en adelante: Se otorgará la calificación de 2 (MAL).

Estudiantes de cuarto año:
• Se admiten hasta 3 errores sin que ello afecte la calificación.
• Entre 4 y 5 errores: La calificación máxima a alcanzar será de 4 (BIEN).
• Entre 6 y 7 errores: La calificación máxima a alcanzar será de 3 (REGULAR).
• De 8 errores en adelante: Se otorgará la calificación de 2 (MAL).

Estudiantes de quinto y sexto años:
(incluidos los ejercicios de culminación de los estudios):
• Se admiten hasta 2 errores sin que ello afecte la calificación.
• Hasta 3 errores: La calificación máxima a alcanzar será de 4 (BIEN).
• Entre 4 y 5 errores: La calificación máxima a alcanzar será de 3 (REGULAR).
• De 6 errores en adelante: Se otorgará la calificación de 2 (MAL).