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Deportes Voces
Del 30 al 5 de febrero/2012
 

 

¿QUÉ LEEN NUESTROS ESTUDIANTES?

 

Por Yoerky Sánchez Cuéllar
Foto: Elio Mirand

¿Qué leen los estudiantes cubanos?

Sucedió durante el último Festival Universitario del Libro y la Lectura (FULL). Mientras en las salas de presentaciones algunos estudiantes disfrutaban del encuentro con destacados autores y adquirían obras de gran valor cultural, muy cerca de allí una joven se deleitaba con una revista de esas que llaman «del corazón».

Poco le importaba lo que acontecía en sus entornos. Sobre un banco de la Plaza Ignacio Agramonte de la Universidad de La Habana, la muchacha parecía ensimismada en las bodas de príncipes y princesas, en las fotografías edulcoradas que reflejan un mundo paradisíaco, en los conflictos de célebres personajes, siempre atrapados por la fama y por el lente de los paparazzis.

Que en medio del recinto universitario habanero alguien hojeara esas páginas podría ser casualidad, tal vez una excepción de la regla. Sin embargo, días atrás observé una escena similar en un centro de educación superior alejado de la capital del país. Parece que estos «culebrones seudoperiodísticos» se han colado en nuestras universidades y han encontrado nichos en las horas que los alumnos dedican a la lectura.

Si gastan su tiempo en conocer sobre el último traje estrenado por Shakira, o cuánto costó la crema que usó la artista para el concierto, ¿cuándo podrán aprender acerca de la literatura cubana, latinoamericana o universal? ¿Sabrán desentrañar los misterios de Borges, la poesía de Neruda o la narrativa de Carpentier? ¿Comprenderán ciertamente, como Martí, que «saber leer es saber andar»? ¿Acaso la falta de exigencia es la que los conduce al camino de lo baladí y lo intrascendente? 
 
La Universidad está para refinar el espíritu, para señalar un sendero. Pero quien camina es el estudiante. Y debe hacerlo con paso culto y seguro. No se trata de acudir a absurdas prohibiciones, pues nadie revisará su mochila para saber qué libro ocupa su atención. Se trata, en primera instancia, de que en esa posibilidad de elegir que ofrece el pensamiento universitario seleccione lo que mejor lo forme como ser humano y como profesional. 

En ocasiones, incluso, los que recitan de memoria títulos de determinadas obras y resultan capaces de decir el nombre de sus autores y hasta la fecha en que se escribieron, nunca se las han leído. Las conocen solo por referencia y de ellas alcanzan a obtener una mínima reseña.

Otro tanto ocurre con las Feria del Libro. Se convierten en una gran fiesta comercial, a la que asisten personas de todas las edades, entre ellas, miles de universitarios. Pero después de terminada, ¿por qué los títulos publicados para el evento permanecen intocables y pasivos en los estantes o almacenes de las librerías? ¿Quiénes los consultan en las bibliotecas durante el resto del año?

Me resisto a creer que la mayoría de nuestros estudiantes caiga en la trampa de lo superficial y perecedero. Tenemos en las aulas cubanas jóvenes con suficiente preparación, capaces de enfrentar los estereotipos de la industria cultural. Muchachos que disfrutan de propuestas novedosas y de calidad, y que desde su propia creación también aportan al acervo identitario del país. Ellos deben acompañarnos en esta batalla contra los que exhiben el consumo de lo banal cual si fuera una opción valedera.

 

 

 
     
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