UNIVERSIDAD Y DESARROLLO LOCAL
En el pedregoso camino de la gestión del conocimiento
Texto y foto: Jorge Sariol
Para encontrar soluciones a los retos de hoy, afloran en ocasiones posiciones demasiado académicas de la universidad cubana, frente a gobiernos locales marcados por la improvisación, el inmovilismo, estructuras y métodos verticalistas. ¿Puede cambiar esto si el país no cambia antes? ¿Puede la universidad «hacer», si primero ella no se transforma?
El Dr. en Ciencias Jorge Núñez Jover, Jefe de la Dirección de Postgrado de La Universidad de La Habana y director de la Cátedra CTS+i, coordina el grupo de Gestión Universitaria del Conocimiento y la Innovación para el Desarrollo, que bajo el nombre de GUCID se encarga de madurar modos y proponer maneras: «la gestión del conocimiento está pensada desde una dimensión territorial donde participen actores de la educación superior, capaces y con liderazgo. Allí donde no exista esa fortaleza, debemos trabajar por crearla».
Núñez Jover accede conversar con Alma Mater para aterrizar conceptos, contar experiencias y mirar en perspectiva.
—En el ámbito del desarrollo local ¿Qué es «Gestión del conocimiento»?
Te cuento una experiencia práctica en Yaguajay. Fue revelada una potencialidad turística por un proyecto propio y que antes no había sido explorada, aunque tenían una historia viva para contar y mostrar. No te estoy hablando de tecnologías de punta o de ciencias avanzadas, sino de nivel intermedio, importantes en el desarrollo local y que si el territorio no las tiene puede buscarla en lugares cercanos o motivar a los actores locales para encontrarlas. Eso es gestión del conocimiento.
—¿Quiénes son esos «actores locales»?
Ante todo, lo que primero debe existir es un gobierno en el territorio ávido de poner en práctica tales ideas. En segundo lugar, los actores locales debe ser capaces de encontrar tiempo y lugar para encontrarse y armar un proyecto local que pueda absorber conocimiento y tecnología. La primera tarea que tiene la educación superior en los municipios es convertirse en el aliado principal de las autoridades, no solo para seguirlos sino para atraerlos.
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A partir de la experiencia de Yaguajay, iniciada con apoyo del científico Agustín Lage, nació un programa ramal encabezado por el Ministerio de Educación Superior. Nuestra cátedra CTS+i formó un grupo de trabajo y comenzamos con varios proyectos municipales. El interés de muchos fue extraordinario. Contactamos con personalidades políticas, administrativas, sociales y científicas. Y tuvimos respuestas en municipios donde —nosotros no lo sabíamos— ya se venía trabajando en algo parecido por diferentes personas preocupadas por el desarrollo local.
Yaguajay es un modelo; allí la filial universitaria convoca a un encuentro para tratar el plano hábitat-viviendas y busca participación protagónica de la Universidad Central Marta Abreu de las Villas (UCLV), que tiene proyectos de construcción de viviendas con eco-materiales. Eso es también gestión del conocimiento: tengo un problema, tengo la gente que puede trabajar en él y conozco quién posee la capacidad tecnológica para llevarlo a cabo. Todos los municipios tienen una filial universitaria municipal —antes llamada SUM—, pero no todos entendieron el verdadero papel.
—En su experiencia ¿conoce cómo se arman los llamados «bancos de problemas» de cada territorio?
Se supone que todos los municipios del país tienen un banco de problemas... pero esa es una gaveta que es mejor ni abrir... porque en algunos lugares o no existen o están tan mal hechos que no vale la pena reconocerlo como tal. Es decir, hay que comenzar por saber cuáles son los problemas, desde los urgentes a los a largo plazo, porque no se trata de apagar fuegos ni atajar conflictos; es mirar hacia delante.
Desde hace año y medio estamos trabajando en firme en 26 municipios. Lo primero que estamos haciendo es capacitar. ¿Sabes qué estamos encontrando? Que se producen interacciones nuevas y dinámicas; no similar en todos los lugares, es cierto, ni con la misma intensidad, pero se activan con mucha fuerza. Vuelvo al ejemplo de Yaguajay, en donde no solo actúa la Universidad de Sanctis Spíritus, sino también la Universidad de La Habana, con un programa de formación de empresarios, con unas cuantas reglas de juego en la organización de la economía.
—¿Cómo insertar a los estudiantes?
Tanto los que estudien en las universidades centrales tradicionales, como los de las filiales, debían pensar sus tesis y sus investigaciones académicas con apego a las necesidades reales de su entorno; para eso hay que llevarlos a los territorios y mostrarles los proyectos de desarrollo, y también para engancharlos y no se produzca «el drenaje de cerebros» hacia los centros urbanos o fuera del país. En Indio Hatuey, por ejemplo, se creó un aula de formación de estudiantes de ciencias agropecuarias para crear capacidades propias del territorio y de la provincia.
No podemos olvidar el conflicto de los exámenes de ingresos a la educación superior. En cifras nacionales es obvio, pero cuando lo aterrizas en el municipio es dramático, porque puede haber territorios en el que muy pocos estén ingresando, o peor, nadie llegue. Muchas filiales andan preparando a los estudiantes para los exámenes de ingresos. Ese es el problema de esa filial y desde ahí comienza el vínculo del muchacho con su territorio. Las que no estén implicando a los estudiantes conseguirán poco.
Con colaboración internacional, la Universidad José Martí, de Sancti Spíritus (UNISS) promueve un proyecto que intenta desarrollar la producción de biogás, liderado por el doctor en Ciencias Osvaldo Romero Romero, vicerrector de Investigaciones, Postgrado y Relaciones Internacionales del centro de estudios superiores espirituano. En el territorio existen 53 plantas activas de biogás como resultado del trabajo del Laboratorio de Biogás e Ingeniería Ambiental de UNISS, a partir del uso de residuos agropecuarios, industriales y forestales. |