2 de abril del 2009

Raúl Roa: coraje, dignidad y elocuencia

Por Galia Luz Tamayo Rodríguez,
corresponsal en Las Tunas
Foto: Internet

A la sombra iluminada de mi abuelo,
Ramón Roa, hice yo mi primera
vela de armas.
                                                                                                       R. Roa.

Raúl Roa
Siempre orgulloso de su estirpe mambisa, disfrutaba la evocación de su abuelo con esa gran elocuencia que lo caracterizaba.

Los nombres poderosos de Carlos Manuel de Céspedes, Ignacio Agramante, Antonio Maceo y José Martí tuvieron resonancia en Raúl Roa desde su infancia, de ello se encargó su inolvidable abuelo mambí, Ramón Roa, insurrecto de siempre.

En sus años juveniles conoce a personalidades como Rubén Martínez Villena, con quien cultivó una gran amistad, Pablo de la Torriente Brau, Juan Marinello Vidaurreta, Carlos Rafael Rodríguez y muchos otros que ejercieron una gran influencia en su formación como revolucionario.

De personalidad carismática, sumamente inquieto, el joven Roa, desde muy temprano, con una profunda inspiración martiana, se involucró en la lucha revolucionaria.

Como es muy conocido la dictadura de Gerardo Machado (1925–1933) significó para el pueblo de Cuba un período de persecución implacable de la clase obrera y de hambruna insoportable para los pobres.  Solo 18 años tenía Raúl Roa García cuando se inició esa feroz dictadura en nuestro país. Con esa edad escribió su primer artículo titulado “Ensayo sobre José Martí”. Indudablemente la obra martiana influyó en su decisión de combatir a la dictadura del “Asno con garras”, como la definiera su entrañable amigo Rubén Martínez Villena.

No fue solo un combatiente, que junto a sus compañeros bajara desafiante la escalinata de la muy histórica colina universitaria  enarbolando el grito de: ¡Abajo Machado!, ¡Abajo la tiranía!, sino también el cronista que recogió para la historia con estilo garboso y extraordinaria riqueza estética, aquellas jornadas gloriosas de la juventud cubana.

El 30 de septiembre de 1930, una gran manifestación estudiantil descendió la colina y enfrentó a la policía machadista en la calle San Lázaro. Los jóvenes protestaban y combatían la tiranía con inusitado coraje, en plena calle. Ese día murió, asesinado por la porra machadista, el glorioso joven Rafael Trejo, quien tuvo el valor de enfrentarse a la soldadesca enfurecida. Pablo de la Torriente Brau, a quien evocamos como “El héroe de Majadahonda”, resultó herido ese día.  La más hermosa crónica de aquellos hechos se debe a la pluma afiladísima de Raúl Roa.

Continuador de la lucha revolucionaria, en marzo 1935 se lanza a las calles en la huelga y es apresado y exiliado en los Estados Unidos. Allí, reunido con otros jóvenes como Pablo de la Torriente Brau, funda la Organización Revolucionaria Cubana Antiimperialista (ORCA). Desde esa organización desarrolló una intensa lucha revolucionaria.

Conocer al joven revolucionario Fidel Castro Ruz, fue uno de los hechos más importantes de la vida de Roa, quien decidió luchar siempre al lado del jefe de la naciente Revolución Cubana.

A partir del triunfo luminoso del Primero de enero de 1959, la Revolución pone en práctica una política exterior basada en los principios de la coexistencia pacífica y del internacionalismo revolucionario. Una nueva diplomacia surge entonces para representar con honor a la Revolución Cubana en todas las latitudes del planeta.

Esas nuevas concepciones en la política exterior cubana encontraron en Raúl Roa García su más inteligente, audaz, elocuente y culto representante, que supo unir a su verbo encendido  la necesaria dosis de coraje que era necesaria para defender a la Revolución Cubana, frente al imperialismo norteamericano, en todos los foros internacionales.
En el seno de Naciones Unidas, nuestro bravo  ministro de Relaciones Exteriores libró una batalla sin precedentes, al enfrentar, con dignidad, coraje y decoro, a los representantes del imperio prepotente y agresivo. Su lucidez y coraje, evidenciados en fieros combates diplomáticos, le ganaron el epíteto de “Canciller de la Dignidad”

Incuestionablemente Roa es el artífice de unas nuevas relaciones exteriores de la Revolución Cubana que por primera vez en su historia defendía, en las mismas fauces de la fiera, los intereses de los oprimidos de todo el mundo y no se plegaba, de ninguna manera a los designios imperiales.

Con verdadero honor y alto sentido de la ética nuestro canciller trabajó por la Revolución  y por abrir paso a la verdad de Cuba hasta sus últimos días, por ello constituye un verdadero paradigma de la juventud cubana.
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