Un sitio con valor histórico transformado en restaurante y alejado de los fines para los que fue concebido
Hay lugares que marcan para siempre la memoria de una generación, que perduran en el sentir de quienes los frecuentaron. Ese es el caso del Bodegón de Teodoro, punto de encuentro de los integrantes del Directorio Revolucionario; espacio de citas clandestinas en la lucha contra la dictadura batistiana; de jóvenes enamorados; de estudiantes alegres, entusiastas y bulliciosos; además de personalidades destacadas de la cultura y las artes.
En la actualidad el Bodegón de Theodoro muy cerca de la céntrica esquina de San Lázaro e Infanta ha devenido restaurante con una oferta supuestamente dirigida a los jóvenes universitarios, quienes, dicho sea de paso, dependen de la economía paterna o del estipendio estudiantil. Al limitarse a sitio de consumo gastronómico, el Bodegón perdió el carácter informal, y camaraderil que otrora lo distinguió.
Un salto atrás en el tiempo
Allá por los 50, el Bodegón de Teodoro, estaba en 27 y K, pero la idea de construir un edificio para la Facultad de Economía, con intención de liberar el que ocupa actualmente en L y 21 en el Vedado, conllevó a la demolición irresponsable, a comienzos de los años 70, no solo del establecimiento, sino además, del Departamento de Filosofía, residencia ubicada a un lado, además de la sede de la revista Pensamiento Crítico.
De esta suerte se perdía un sitio que acogió a personalidades como Fidel Castro, José Antonio Echeverría, Flavio Grobart, quien fuera posteriormente Presidente de la Asamblea Nacional del Poder Popular, Fructuoso Rodríguez y Machadito, por mencionar algunos.
Los estudiantes universitarios de la época frecuentaban el lugar para beber y comer butifarras, además de servir de punto de encuentro en la colaboración con la lucha clandestina. Teodoro, el dueño original, mantuvo su pequeño negocio aun en la etapa más difícil de la lucha estudiantil.
Otra vez Teodoro
Con motivo de los festejos por el Aniversario 250 de la fundación de la Universidad de La Habana (UH), en 1978, Fernando Rojas, rector en aquel momento, propuso construir una pequeña réplica del lugar al fondo del patio de la Casa Estudiantil Universitaria, idea que fue acogida con entusiasmo por Luisa García, entonces Directora de la misma, con el objetivo de brindarle al estudiantado un espacio para el esparcimiento al concluir la jornada docente.
Silvio Calves, vicerrector de la UH en aquellos años (1976 a 1988), trabajó como coordinador del proyecto de remodelación en su totalidad. «Programaba las actividades que se realizaban en efemérides o fechas importantes e invitaba a antiguos miembros del Directorio Revolucionario a participar en ellas.» Se iniciaba así un período de revitalización y rescate del Bodegón de Teodoro.
José Acef, Pedro Miret, Carlos Figueredo, Miguel Ángel Domínguez, «El Chino» Venegas y muchos otros miembros del Directorio Revolucionario y el Movimiento 26 de Julio fueron a tomarse una cerveza al flamante y nuevo Bodegón, como homenaje de recordación al antiguo local.
La década prodigiosa
El recinto se reconstruyó con las típicas columnas de madera, techo bajo con tejas de plancha prefabricadas a base de celosías entretejidas y se colocaron varios paneles de madera donde se recogía la firma de los visitantes, entre ellos René Portocarrero quien dejó como recuerdo una de sus Floras. «El mismo Portocarrero», recuerda Luisa García, actual Asesora Cultural del Ministerio de Educación Superior, «me mandó un spray similar al barniz para proteger este trabajo y aproveché para conservar la mayor cantidad posible de firmas con valor histórico.
«Se instaló además un mostrador con nevera, montaje antiguo de época que tenía varias puertas con llave y ostentaba el cartel Bodegón de Teodoro y doce mesas rústicas con taburetes, asimismo, se logró localizar al único dependiente del negocio inicial que quedaba vivo: “El Suave”, un señor mayor que se especializaba en hacer butifarras.
«Había que diseñar un proyecto para convertirlo en un lugar atractivo y creo que se logró. El Bodegón esperaba con las puertas abiertas a decenas de jóvenes universitarios que eran asiduos visitantes del recinto» comenta Luisa.
Con disciplina se logró crear un ambiente acogedor con un programa cultural muy variado: música tradicional; el Día de la Trova y la Poesía; un espacio para el humor; la peña del Moncada en Casa y diversas actividades que contaron con la presencia de artistas e invitados de alto nivel: Carlos Puebla y sus Tradicionales, Alejandro García (Virulo), Jorge Gómez y el grupo Moncada, Alicia Alonso, Verónica Lynn y Pedro Álvarez, entre otros.
El Bodegón estaba insertado en el proyecto cultural de la Casa Estudiantil —comenta Luisa— y sumaba sus actividades a la programación diaria del centro, que incluía además, una sala de video, abría espacios para el debate con temas deportivos, y la presencia de antiguos atletas Caribe. Funcionaba el «Teatro por Dentro», se efectuaban exposiciones de artes plásticas, talleres literarios, de artesanía; bailables de fin de semana y muchas otras opciones, surgía así la Asociación de Amigos del Bodegón. Muchos de los entrevistados recuerdan esta época con un sentimiento de cariño y nostalgia.
Una decisión controvertida
El paso del tiempo deterioró el estado constructivo de la Casa Estudiantil Universitaria (edificada en 1930) e hizo inevitable su cierre en el 2003, con fines de remozamiento. El proyecto de arquitectura implicaba una inversión que fue asumida por la Oficina del Historiador de la Ciudad; sin embargo, el resultado dejó mucho que desear según el criterio de Odette González, actual Directora, pues a pesar de haber alcanzado Premio de Restauración, las obras no presentan un acabado con la calidad esperada.
En las labores de ejecución se trató de respetar los espacios destinados al recibimiento de visitantes ilustres y de protocolo, porque muchos de los salones estaban preparados para ello. Se restauraron y limpiaron mármoles, estatuas de bronce, piezas de porcelana, espejos y tapicerías. No obstante, se nota la ausencia de lámparas coloniales, muebles de época y se advierte el cambio de lugar de algunas esculturas.
El proyecto de rescate no comprendía al Bodegón de Teodoro por considerar que no encajaba en el contexto arquitectónico de la mansión, alegando además que el expendio de bebidas alcohólicas no era permisible en una instalación perteneciente al Ministerio de Educación Superior.
Se decide entonces trasladarlo a su emplazamiento actual bajo otra concepción, lo que limitó su función social a instalación de consumo gastronómico atendida por la Empresa de Establecimientos Especiales de Doña Yuya.
«Lamentablemente no se han cumplido las expectativas. Por ejemplo, tratamos de poner un patio de trova, pero no se ha podido por falta de espacio. Se mantiene la entrada con carné de la FEU para dar prioridad a los estudiantes, con excepción de los fines de semana», expresó Adrián Portuondo, miembro de la Comisión de Extensión Universitaria que atiende la esfera de recreación.
«Poco a poco tratamos de brindar otras propuestas, y así estamos preparando una muestra de Cine Joven, con los recursos propios de los trabajadores del centro, con proyecciones en el horario de 12 del día a 6:00 de la tarde que resulta el de mayor afluencia de jóvenes», agregó Adrián.
Por otra parte, Miguel Ángel Fuentes, presidente de la FEU Provincial, considera que con las peculiaridades del lugar actual se logra que los estudiantes universitarios cuenten con un espacio para su disfrute con precios más asequibles en muchas de sus ofertas y se contribuye al rescate histórico del Bodegón.
Las opiniones se dividen si preguntamos a Luisa García, Odette González, Rita María Riol, Juan Nuyri y Silvio Calves quienes conocieron de la popularidad del Bodegón en décadas pasadas: «Yo estoy disgustado porque el sitio mantiene el nombre pero no tiene nada que ver con su antecesor» criterio de Calves, que apoya Luisa al manifestar: «Según el nuevo concepto, de pronto me entero que en Infanta ahora existe un Bodegón de Theodoro, pero el enfoque no resulta ni parecido; no creo que se mantenga el carácter informal de la instalación, se perdieron murales, colecciones de fotografías y el amplio espectro de actividades socio recreativas para el disfrute juvenil».
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Una opción muy poco alentadora
Lo primero con que se topa el consumidor es una carta menú cuyos platos oscilan entre los 15 y 30 pesos (MN), con excepción del muy demandado arroz con salchichas, por su módico precio de $6:00, lo cual resulta contradictorio si se toma en cuenta que la intención era brindar una oferta asequible al bolsillo del estudiante.
Según Marcos Hernández, Especialista en Precios, para designar el valor de un producto se toma como base el costo del mismo; si resulta bajo, el importe final también será bajo. Se debe pagar el 20% para los productos listos a la venta y el 10% para los de gastronomía que requieren de elaboración. A esto se adiciona un porcentaje de utilidad para ser rentable, y con la suma total más el 9,4 % que respalda los gastos por combustible en la entidad, lógicamente el precio de venta aumenta de manera significativa.
«Las materias primas se compran en divisas y el producto terminado se vende en moneda nacional —explicó Elisa Blanco, Jefa de Servicio de la empresa— por lo que se aplica una tasa de convertibilidad; no contamos con productos de balance cuyo valor de costo sea mínimo lo que permitiría su venta a un precio muy bajo. Lamentablemente, la disponibilidad es muy inestable, al punto de que este establecimiento reabrió sus puertas hace poco más de un año (4 de abril del 2008) y durante este tiempo solo ha contado con una asignación escasa de estos renglones, lo que se suponía fuera priorizado para nosotros».
Si el lugar es para satisfacer las necesidades del sector estudiantil que no cuenta con ingresos propios, ¿cómo es posible que la empresa establezca para él las mismas normas y procederes que para el resto de sus unidades gastronómicas de la red nacional?, ¿No cuenta con el respaldo de una asignación diferenciada para ello? «La Dirección Nacional de la FEU debe conocer la inquietud de los jóvenes universitarios y buscar una solución, acorde a las posibilidades económicas de los estudiantes», subraya.
Eric Otaño, Administrador del centro, expresó que la idea original fue la de establecer una oferta que debía ser garantizada por el Gobierno y el Poder Popular con productos que permitieran mantener muy bajo el precio de venta. Esto resulta imposible pues la disponibilidad de los mismos no se garantiza por parte de los proveedores. La exigencia además, de hacer rentable la entidad obliga a vender en CUC (moneda convertible) y a cumplir con las normas generales que rigen la gestión económica de cualquier otro centro gastronómico.
Por su parte, Aster Torragó, Especialista en Servicios, considera que ya resulta necesaria una revisión de los resultados después de un año de gestión: «Es una pena que disponiendo de un lugar donde los jóvenes pueden reunirse, el alto costo de las ofertas impida que el restaurante cumpla con el objetivo social para el cual fue concebido».
No basta con las buenas intenciones
La iniciativa resulta meritoria. Se suma la disposición de los dirigentes de la FEU para vincular esta instalación al programa de actividades socio recreativas que lidera la Casa Estudiantil Universitaria (CEU); sin embargo, la imagen del viejo Bodegón rústico, informal, bullicioso y desbordante de la alegría y el entusiasmo juvenil, provoca que el actual restaurante que lleva su nombre, salga muy mal parado en la comparación.
¡Pobre Teodoro! Su modesto local se transformó en un restaurante en donde incluso el nombre del criollo propietario exhibe hoy una «h» intermedia que nada tiene que ver con su denominación de origen. |