5 de enero del 2009

Medio siglo de Revolución

De seguro se mantiene

Por Dainerys Mesa Padrón
Fotos: Abel Ernesto Rubio

Medio siglo de Revolución
En una familia, por lo general, coexisten varias generaciones. La diversidad de criterios puede ser motivo de querellas, pero a la larga, enriquece el espectro de todas las partes.

Para quienes miramos desde afuera, contrastar opiniones de diversos grupos generacionales que desde particulares circunstancias han vivido la Revolución cubana, nos ayuda a crearnos la significación y trascendencia de este acontecimiento.

Desde el sillón
Vivía en una casa en el campo con sus padres y diez hermanos menores. No andaba descalza por los caminos igual a otros niños, pero sabía tanto de la miseria, como cualquiera por aquellos tiempos. Sus estudios no superaron el sexto grado, gracias a ello hoy lee muy despacio y escribe con mala caligrafía.

El 59 le llegó casada y con una hija en brazos. Habitaba entonces una especie de bohío amenazado por cada crecida del río, constante y feroz vecino.

Luego convenció a su esposo, campesino desde los once, y se incorporó al trabajo. No aprovechó la oportunidad de terminar la secundaria en sesiones nocturnas. Ya tenía cuatro hijos.

No siempre fue fácil, hubo períodos de escasez, mas salieron adelante. Todos estudiaron, pues ella y el padre aportaban dos salarios a la economía familiar.

Actualmente está jubilada, no obstante, acude al Círculo de Abuelos del pueblo y comparte actividades con otros ancianos para no aburrirse. Juana está satisfecha y feliz de su vejez.

«Yo sí viví el cambio, el antes y el después. ¡Y se nota! Creo que gracias al triunfo de la Revolución, mis hijos pudieron tener lo que yo no tuve. Aunque ya era una persona mayor en el 59, viví momentos muy importantes. Por ejemplo: pude tener una casa grande, ¡cómo nunca la había soñado! Una casa construida por nosotros mismos, que no tenemos que estar pagando hasta la muerte; tengo un televisor…; y mis hijos pudieron ser alguien en la vida».

Nunca es tarde…
Cuando los sucesos de Playa Girón, con dificultad daba sus primeros pasos, por lo cual los recuerdos al respecto, son creados a partir de otras personas.

Sí se acuerda muy bien de cuando anunciaron por radio y televisión nacional la muerte del Che. Dice haber experimentado una sensación extraña, como si de pronto se derrumbara el paradigma de adulto guardado para el futuro.

De pequeña no tuvo muchos juguetes, eran etapas difíciles, su madre apenas empezaba a trabajar. Aún guarda en la memoria el rostro de Celia, su única muñeca de la infancia.

Inició y terminó la adolescencia en una escuela secundaria en el campo. Todavía se le oye tararear emocionada el tema musical del momento: «…esta es la nueva escuela/ esta es la nueva casa/…» Justo allí se enfermó con dengue, epidemia introducida en la Isla por enemigos del gobierno revolucionario.

Después se hizo técnico en Farmacia. Hoy, Migdalia termina la licenciatura a pesar de tener dos hijos, y 48 años.

«Prácticamente nací con la Revolución cubana. Conocí lo primero, cuando se arrastraban trazas de la situación anterior. Sin embargo, fue una época muy linda. A todo se le daba un sentido patriótico y cualquier logro requería de mucho sacrificio. ¡Cuánto orgullo sentimos al inaugurar las escuelas en el campo! Era la realización del ideal martiano de vincular el estudio con el trabajo. Ahora sé usar una computadora, ¡no como los jóvenes!, solo domino lo básico… ¡Quién me iba a decir a mí que vería una!… Y lo que yo no he podido hacer, ya mis hijos tienen la oportunidad de realizarlo».

Subiendo la escalinata del Alma Mater
Nació en 1984 y sus memorias desde entonces se resumen a dos palabras demasiado conocidas para los cubanos y cubanas: Período Especial. De ahí se derivan historias, vividas o no, que siempre redundan en la inventiva y estoicidad de su pueblo.
 
Vivió con sentimiento la contienda por el regreso de Elián González  y el nacimiento del movimiento ideológico conocido como Batalla de Ideas. Asimismo, rememora las primeras Mesas Redondas, Ttribunas Antimperialistas y programas de la Revolución.

Nunca ha visto al televisor como un bicho raro, por el contrario, es un objeto casi de extrema necesidad. ¡Con las computadoras, ni hablar! Típico de la joven ansiedad por aprehender de lo desconocido, la tecnología es incógnita solo por unas horas.

Llegar a la Universidad y obtenerla gratis nunca ha sido una utopía ni un privilegio para Leyanis.

Ahora, cuando analiza el cambio y evolución del país en este medio siglo, sí reconoce el valor de subir la escalinata universitaria.

«Para quienes nacimos ya en el proceso revolucionario, es difícil apreciar lo que otras personas, como mis abuelos, manifiestan. Y no es que seamos desagradecidos, sino que el patrón para comparar no varía, de ahí algunas críticas de las nuevas generaciones al presente. No cuestionamos por placer, sino tratando de crear un mejor futuro para nuestros hijos. Si analizamos el camino andado, por supuesto que la Revolución ha hecho gala a su significado, semánticamente hablando».

Unos y otros nos hemos creado una imagen de la repercusión de este medio siglo para el pueblo cubano. Tenemos certeza en la variabilidad de recursos y adornos lingüísticos en los relatos familiares sobre el tema, pero el argumento, de seguro se mantiene.

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