8 de enero del 2009
El primer día: el gran propulsor

Por Hilario Rosete Silva
Fotos:  Cortesía del diario Granma y Abel Ernesto

A 50 años de Revolución,
y en el primer aniversario
 de la muerte
de Lisandro Otero

Lisandro Otero
La prensa
Fui jefe de redacción en el Canal 12, Telecolor S.A., la primera emisora de televisión en colores que hubo en Cuba, uno de los primeros medios que dio la noticia de la fuga de Fulgencio Batista, —cayó en mientes Lisandro Otero, «narrador de narradores» en la literatura cubana de la segunda mitad del siglo XX.

De él siempre pensamos que, fallecido el 3 de enero de 2008, a los 75 años, nunca aprendió a reír como un adulto. Era ocasión de confirmarlo: el Premio Nacional de Literatura 2002 y presidente de la Academia Cubana de la Lengua desde 2004, había sido invitado, en calidad de conferenciante, al Taller sobre Periodismo Literario donde asistíamos como alumnos; la charla discurría el 15 de agosto de 2007 en el Instituto Internacional de Periodismo José Martí; el autor de la Trilogía Cubana (La situación, En ciudad semejante y El árbol de la vida), evocaba una de sus grandes experiencias, la vivida en el antiguo Canal 12. Desde los estudios del referido canal, Cuba había sido el segundo país en transmitir la señal de televisión en colores (24 de febrero de 1958). Todo eso y más nos contaba quien recibiera, en 1963, el Premio Casa de las Américas por la primera obra de su trilogía. Quién iba a imaginar que 141 días después de aquella charla entraría en la eternidad, y que ya nunca más vendría a reírse con su risa de niño.

La censura
En las primeras horas del 1ro de enero del 59 —siguió Lisandro deleitándonos con sus anécdotas—, sobre las dos y media o tres de la madrugada, Enrique de la Osa, jefe de la sección «En Cuba» de la revista Bohemia, me llamó por teléfono a mi casa. «¡Oye!, Batista se fue», me dijo. «¿Tú estás seguro de lo que me estás diciendo?», le repliqué; y sin mucha demora salí para los estudios.

Hotel Habana Libre

Hacia 1959 el Canal 12 radicaba en el Habana-Hilton, hoy Habana Libre; el plan de la emisora comprendía la transmisión de 20 horas diarias, con una programación sobre todo informativa; el empresario Gaspar Pumarejo, aparecía como dueño del canal, cuando el propietario era Batista; siete años y cuatro meses antes, Pumarejo había sido el patrono del Canal 4, de Unión Radio TV, con estudios en Mazón y San Miguel, a ellos le debemos la primera emisión cubana de televisión (24 de octubre de 1950).

Pronto tuvimos la señal en el aire, pero permanecíamos callados —explicó quien también escribió Pasión de Urbino, Temporada de ángeles y Bolero. Como a las siete menos tanto de la mañana, llegó Jules Dubois,1 a quien yo conocía desde mi etapa de la clandestinidad. «El “tema” aún es tabú, no podemos sacarlo», convenimos; y pasamos a conversar, con cierta audacia, frente a las cámaras, sobre la situación política del país: ese fue el primer asunto que abordamos.

El reportero
Sin embargo, ya teníamos conectados los monitores del resto de los canales: el 6, de CMQ; el 2, de Telemundo, etcétera —exacerbó nuestra curiosidad quien, toda vez graduado de Filosofía y Letras (1953) y de Periodismo (1954) por la Universidad de La Habana, completó sus estudios en La Sorbona francesa (1956). Y de pronto, pasadas las siete de la mañana, alguien soltó una voz, «¡oye!, (Carlos) Lechuga está dando la noticia en “El Mundo en Televisión”», porque Lechuga era del Canal 2; «¡ah!, pues si él la dio, la damos nosotros»; y salimos con la información por el Canal 12.
 
«El Mundo en Televisión» era una revista informativa, en vivo, que ya tenía el Canal 2 (Telemundo); fue el primer espacio de su tipo de habla hispana; lo dirigía Carlos Lechuga; salía al aire entre las 7 y las 9 de la mañana y tenía otra emisión, más corta, al mediodía. Lechuga también habría sido el primer reportero que se hizo eco del llamado de Fidel a la huelga. En The winds of december: The Cuban Revolution, 1958 [Los nortes de diciembre: La Revolución Cubana, 1958 (Londres, 1980)], los periodistas y autores John Dorschner y Roberto Fabricio narran cómo el pueblo se lanzó a las calles cuando «Lechuga anunció en televisión la huida de Batista, hizo una ácida denuncia de la dictadura, y calificó a su cabecilla como un asesino y un tirano».

La noticia
Hasta ese momento sólo se había dicho que, tras la renuncia de Batista, se había reunido en la Ciudad Militar de Columbia la junta cívico-militar —subrayó Lisandro, autor de una serie de crónicas sobre la lucha de los argelinos publicada en Bohemia, premio Juan G. Gómez 1958, y de Cuba: Z.D.A., grupo de reportajes sobre la reforma agraria, éxito editorial de 1960. A las 10:00 AM, ya no se cabía en las calles; en los alrededores del Habana-Hilton se congregó un pueblo; así transcurrió el primer día del año 59; a mí se me apareció en los estudios, tan pronto como subió la mañana, Chini Mendoza, un contratista amigo de Batista que había cerrado muchos negocios con él; había amanecido en el cabaret del hotel, esperado el año nuevo; venía en smoking: «¿Usted está diciendo que el general Batista se marchó del país?» De ahí salió directo a buscar el ferry o el avión, no sé bien; hubo muchos con dinero en la mano comprando pasajes sin importarles el destino; les daba lo mismo que la nave saliera para Europa, Panamá o Miami; era gente comprometida. Les cuento todo esto para que se hagan una idea de las circunstancias que rodean una noticia importante, de esas que pueden cambiarle y de hecho le cambian la vida a cualquiera.


1 Jules Dubois, Oficial de la inteligencia estadounidense; estuvo entre los capitanes de la operación que, en 1950, convirtió a la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP), creada en La Habana en 1943, en filial de la CIA; a partir de 1951 presidió la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la SIP; se hizo presente en La Habana de 1959; ya en ese mismo año, la junta del Colegio Nacional de Periodistas lo denunció como «reportero norteamericano y oficial de la CIA.» En mayo, en carta abierta al director de Bohemia, el Che lo califica de «miserable gángster.» En septiembre, Fidel lo acusa de dirigir una campaña de calumnias contra la Revolución. Fue hallado muerto en agosto de 1966 en un hotel de Bogotá, Colombia. El edificio de la nueva sede de la SIP en Miami (agosto de 2000) lleva su nombre.

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