A los 78 años, Otilio Pernús Pérez es un hombre feliz. Su vocación católica lo ha puesto siempre del lado “de los justos y los buenos”. Por eso escogió el camino de la Revolución. En sus ratos libres escribe una especie de autobiografía que ha titulado “Mi vida y mis recuerdos”; una parte de ellos concedidos a
Alma Mater en esta entrevista.
-Cuca, dicen que Batista está en Columbia.
San Salvador No. 24, Remedios, Las Villas.
-¿Preso?-pregunta el hijo de Cuca.
Es el mes de marzo de 1952.
-No, dicen que le dio un golpe de Estado a Prío.
El hijo es Otilio Pernús. Tiene 21 años y es el Secretario General de la Juventud Ortodoxa en Remedios, miembro de su Buró Nacional y Secretario Organizador en Las Villas. Desde los 13 formaba parte de la Juventud Auténtica como Secretario de Actas en su pueblo, hasta que en 1947 decidió seguir a Chibás en la fundación del nuevo partido.
Para mí siempre ha sido muy importante lo que decía Jesús en el Sermón de la Montaña: que se debe dar comida al hambriento, agua a quien tiene sed, ropa al que viste harapos… Con los auténticos eso no era posible.
La noticia lo sacó de la cama. Salió a la calle poniéndose todavía una camisa y aparecieron a su encuentro algunos compañeros de causa. La gente ya se arremolinaba en el parque y en las calles principales. Incertidumbre, sorpresa, temor… todo a la vez.
Alrededor de las diez de la noche sale el ejército: el golpe se ha consolidado. Los jóvenes ortodoxos quieren hacer algo, sienten burlado su partido y las esperanzas del pueblo cubano.
Sabíamos que el golpe no era contra Prío, sino contra la ortodoxia, porque era una organización nacionalista y antiimperialista, y representaba para el pueblo una posibilidad de llegar al poder.
No lograrían nada con el ejército delante, era un suicidio inútil. ”Nos vemos mañana”.
Días después, quedó constituido el Buró Insurreccional Ortodoxo (BIO), de carácter celular y con Otilio como coordinador. Con los ahorros de todos compraron un mimeógrafo y comenzaron a imprimir Liberación, un periódico al que dieron enfoque nacional, para no ser descubiertos si caía en manos de las autoridades.
Los letreros empezaron a asomar en las paredes como fantasmas. Debajo aparecían las siglas BIO, pero nadie sabía qué significaban. El pueblo entero, desde El Carmen hasta San Salvador, se llenaba de proclamas.
La lucha clandestina
El 20 de mayo, cuando se cumplía el aniversario cincuenta de la República, el busto de Martí y el de Maceo amanecieron con una venda negra sobre los ojos, al igual que la Estatua de la Libertad situada en la plaza de Remedios. No hubo que decir nada más.
Por esos días, los primeros ejemplares de Alma Mater que salían después del golpe llegaron al pueblo en manos de Juan Pedro Carbó, remediano también, ya conocía a Otilio, y acudió a él para distribuir la revista, que aparecía de forma clandestina. Las relaciones de Pernús con la juventud católica y con la juventud socialista, con quienes también intercambiaba Alma Mater por Carta Semanal1, permitieron que la publicación circulara ampliamente.
Convertido en el jefe de la clandestinidad en su municipio, participaba en todos los grandes actos que se realizaban en La Habana. Su trabajo como inspector de la Compañía Hispanoamericana de Seguros le permitía moverse en la provincia y por todo el país. Hoy recuerda con detalles la peregrinación desde la escalinata universitaria hasta la tumba de Eduardo Chibás, al cumplirse un año de su muerte el 16 de agosto.
La calle estaba desbordada de gente, hubo que cerrar 23 porque aquello era enorme. Fidel se puso molestísimo cuando se enteró que Agramante2 no dejaba hacer el acto por la noche en el Parque Central, frente a Martí. Fue ese día cuando conoció a Abel. De todas maneras, a eso de las siete nos reunimos como doscientos en Prado 1093 para hacer fuerza, a ver si podíamos hacerlo de todas formas, pero la policía estaba en posición para responder al menor movimiento. No pudimos hacer nada.
Al año siguiente, dos días después de los sucesos del Moncada, registran su casa y es apresado bajo la acusación de promover acciones subversivas y poseer propaganda revolucionaria, ya que una de las leyes de emergencia impuestas después del 26 de julio penalizaba la tenencia de esta. El abogado defensor José Asensio Masvidal ganó el caso porque la propaganda estaba en casa del acusado antes de que se promulgara la ley.
A causa de los registros y del temor a la cárcel, su madre quemó todas las cartas que le escribiera Chibás a Otilio, durante el tiempo que mantuvieron correspondencia.
En el Instituto de Remedios se realizaba todos los 27 de noviembre una velada en homenaje a los Estudiantes de Medicina. En 1955 los presentes pidieron la amnistía para los presos del Moncada.
Estaban allí Emilio (Millo) Ochoa, Secretario General de la Organización Nacional Revolucionaria Ortodoxa (ONRO), a la cual, como tenía carácter nacional, nos integramos todos después de que disolvimos el BIO. También se encontraban Juan Manuel Márquez, en representación de la Ortodoxia Insurreccional, y Frank País y Menelao Mora, por la Asociación Revolucionaria Oriental (ARO). Estas organizaciones se aglutinaron meses después en el Movimiento 26 de Julio.
Si tradicional era la velada, también lo era la presencia de Otilio. El 27 de noviembre del año siguiente, aunque al otro día se casaba con Zenaida, tampoco faltó.
En 1957 lo cogen preso nuevamente, pero esta vez no tendría tanta suerte.
Días antes, Pedro Julio Salado4 se reunió en mi casa con José María Pérez Duquerne, jefe de Acción y Sabotaje en la provincia, quien traía las circulares que venían de la Sierra Maestra para repartirlas por los municipios. Parece que a Pedro Julio lo venían siguiendo desde Santa Clara. Nada más quedaba por llevar la de Caibarién, cuando el 28 de agosto mi cuñado estaba junto a la ventana y me dice: Otilio, Cabeza de Puerco (así le decíamos a uno de los policías) y Lara hace rato que están mirando para acá. Entonces le dije a Brito, otro inspector amigo mío que estaba en la casa, que entrara al baño con el papel, que si yo tocaba la puerta, lo rompiera y lo botara por el inodoro. Cuando toqué, Brito se puso nervioso y al entrar ellos al baño ven el papel flotando… y de ahí para la jefatura de Policía. Figúrate, aquello no era una proclamita, era una circular para los jefes.
José Luis Brito sufrió un buen susto. Otilio Pernús tenía marcas de golpes en todo el cuerpo cuando lo soltaron nueve días después sin obtener información alguna.
A raíz de esto, sus compañeros deciden que debe abandonar el cargo de coordinador porque ya estaba “quemado”.
Llegó a la policía la información de que yo era el contacto entre los pescadores de Camajuaní y el Escambray, y era verdad, así que, aunque nunca pudieron confirmar nada, era mejor que otra persona tuviera esa responsabilidad.
Desde La Habana Ventura mandó a detenerlo, pero Remedios ya era territorio libre.
Antes de que las fuerzas comandadas por el Che tomaran el pueblo el 26 de diciembre de 1958, camino a Santa Clara, Otilio se entrevista con el Vaquerito, quien ya estaba en las afueras del pueblo, para entrar por el frente y tomar la estación de policía.
Frente a la casa había una bodega donde los guardias iban a tomar por las tardes. De pronto veo que los que estaban se van corriendo. Le pregunté al dependiente qué pasaba y me dijo que los rebeldes ya estaban casi entrando. Cogí la bicicleta y fui rápido hasta allá. Al primero que vi fue al Vaquerito, con la misma postura de siempre: un brazo sobre el abdomen y el otro encima con la mano en la cara. ¿Qué podemos ir haciendo?, le pregunté. Me dijo que no interrumpiéramos, que mantuviéramos a la gente calmada y dentro de sus casas y que preparáramos bastantes cocteles Molotov.
Quizás por disciplina o por la certeza del triunfo, la alegría no fue como una explosión, sino como cuando el tren trae un amigo que ya sabíamos que venía. Cuba era casi libre.
El medio siglo de las luces
Este hombre tiene el pelo blanco y los ojos bondadosos, pero inspira respeto como un gran sabio o un general. Habla calmado, a ratos se emociona y sonríe, le brillan los ojos, hace un breve silencio por la nostalgia de los amigos que quiso y que cayeron.
Llegamos demasiado jóvenes, demasiado apasionados, quizás por eso se cometieron muchos errores. A veces pretendíamos imponer las cosas que queríamos… quemamos etapas.
En su relato cita a Fidel, al Che, a Martí, a Chibás, a los apóstoles bíblicos. Un escapulario de Nuestra Señora del Carmen lo acompaña siempre.
Si el objetivo tanto de los religiosos como de los que no lo son es el bien de la humanidad, ¿por qué no se unen, si es más lo que los junta que lo que los separa? Esas divisiones se superaron porque no llevaban a ningún lado. El amor al prójimo también es un principio de la Revolución.
Se disculpa cortésmente e interrumpe la conversación para que no se queme la mermelada de guayaba. El olor inunda la casa.
La Revolución ha ido más lejos de lo que esperábamos, ha superado ampliamente nuestra propia idea de Revolución. Creo que podemos sentirnos satisfechos, podemos morir tranquilos porque este proceso ya no hay quien lo detenga. A quienes no creen en la juventud de hoy yo les digo: estos jóvenes tienen más nivel, más preparación, más cultura; y asentados en el ejemplo de los caídos, sabrán llevar aún más lejos nuestro sueño.
Habla del proceso revolucionario con el mismo orgullo con que se refiere a su esposa o a sus hijos. Una descripción llena de giros, símiles y metáforas. La Revolución es un compromiso con la humanidad.
1 Órgano oficial del Partido Socialista.
2 Roberto Agramante, candidato presidencial por el Partido Ortodoxo después de la muerte de Eduardo Chibás. Ministro de Estado del primer gobierno revolucionario.
3 En Prado No.109 estaba la sede nacional Partido Ortodoxo.
4 Hermano de Marcelo Salado, quien también fue amigo del entrevistado.