Un diálogo con Alina Perera Robbio, periodista de Juventud Rebelde que ha emprendido el homenaje sincero y humilde a Julio Antonio Mella, permite volver sobre la certeza de que el pasado es mucho más que bustos, estatuas o evocaciones estériles.
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Quizás porque entre ambas hemos tejido un puente de fina hermandad, me ha resultado placentera la tarde reciente durante la cual conversé con mi colega Alina Perera Robbio a propósito de su última aventura editorial: Buscándote, Julio.
Egresada en 1995 de la Facultad de Periodismo de la Universidad de La Habana, Alina escogió su carrera por una necesidad intrínseca de comunicarse, y por una avidez de conocer las historias humanas más disímiles. En un diálogo muy parecido a ella, fuerte y precipitado como una cascada, repasó temporadas de su existencia, como aquella en la cual era una niña inquieta que hacía nuditos con las puntas de la pañoleta escolar, poco antes de entrar a una clase o un examen, «porque era —recordó— de una timidez y un nerviosismo a raudales».
Y así, con ayuda de la memoria, se fueron dibujando varias Alinas: la reportera que marchó a la selva amazónica de Venezuela, allí donde conoció al indio americano; o la muchacha de cabellos rubios y apariencia frágil, que estuvo en África y también en el fin del mundo, en el estrecho de Magallanes —casi llegando al polo sur—; o la que recorrió los cerros de Caracas en busca de las pupilas en las cuales la Revolución Bolivariana y de Cuba habían puesto luces gracias a la Operación Milagro.
Los escritos de Alina Perera sobre la identidad del cubano, la solidaridad, el socialismo, la drogadicción, los prejuicios raciales y la pérdida de valores espirituales, por citar algunos temas, le han merecido un lugar destacado en el periodismo cubano de estos tiempos. Late en la memoria colectiva la entrevista que ella, junto con su colega Magda Resik, hiciera sobre el amor al Comandante en Jefe Fidel Castro, hace ya más de una década; o la comunicación epistolar que durante un tiempo sostuvo con los reclusos de la Isla, cuya experiencia fue reflejada en las páginas de Juventud Rebelde; o la misiva pública que en el año 2008 Fidel dirigiera a Alina, a raíz de un artículo escrito por ella y aparecido en las páginas del periódico ya mencionado, espacio al cual pertenece desde los días de su graduación universitaria.
A ella debemos un acercamiento sublime a la vida de Mella: Buscándote Julio, título de la propuesta presentada a los lectores en la edición de este año de la Feria Internacional del Libro de La Habana. Con una honestidad a prueba de fuego y el deseo de contribuir a enriquecer el conocimiento de la historia, Alina asumió el reto de ir tras una búsqueda arqueológica y visitó lugares donde estuvo Mella, en busca de anécdotas, tratando de imaginar lo que vivió y sintió el joven comunista.
¿Cuándo comenzó tu búsqueda de Julio Antonio y qué te motivo a emprenderla?
En el año 2006 unos amigos me contaron sobre Félix Ibarra Martínez, quien entonces vivía en el Distrito Federal Mexicano y tenía 94 años de edad. Él había visitado Cuba en el año 1996 para entregar a la dirección de la Revolución una mascarilla que le fuera hecha a Mella instantes después de su muerte.
«Me hablaron de la posibilidad de ir al Distrito Federal a entrevistar a este anciano, quien posiblemente fuera el único ser humano vivo que quedaba en aquella ciudad, de los que habían conocido personalmente a Julio Antonio. La idea se fue concretando a través de Juventud Rebelde y la Secretaría del Consejo de Estado. Cuando empecé a leer y a buscar información, pensando en la entrevista con Félix Ibarra, fui descubriendo facetas de Mella que iban más allá de ese perfil suyo, el que aparece en el carné de nuestros militantes, que iban más allá de las frases que los cubanos solemos conocer; y comprendí que, como ya había dicho Fidel, Julio fue el que más hizo en menos tiempo.
«El excepcional revolucionario vivió con una intensidad sobrecogedora; tenía, por ejemplo, un talento increíble para escribir. Dicen que hablaba como quien abraza.
«En México logré conversar con el anciano Félix Ibarra, quien ya estaba ciego y casi sordo, pero que en su memoria guardaba imágenes muy nítidas sobre Julio, a quien describió como un muchacho cordial, entusiasta, que llegaba risueño con sus libros debajo del brazo. También pude hablar con la rigurosa investigadora Raquel Tibol, y con la prestigiosa escritora de ese hermano país, Elena Poniatowska, quien estuvo diez años preparándose para escribir su libro Tinísima.
«Escuchando los testimonios me fui adentrando en una época, fui descubriendo a un cubano lleno de virtudes, tan adelantado, que definitivamente fue incomprendido por muchos en su momento histórico.
«Julio fue prolífico. Escribió mucho en el periódico comunista El Machete, en México. Se relacionó con figuras cruciales de la época, durante su estancia en ese país, como Diego Rivera y Frida Kahlo. La amistad de Diego con Julio fue maravillosa. Este pintor muralista mexicano —que era un hombre muy exigente—, a pesar de que le llevaba unos cuantos años a Mella, tuvo con él una relación humana increíble.
«Después de asesinado Mella, Diego Rivera, siempre que estaba en una reunión, pedía a los presentes que si tenían 25 años se pusieran de pie. Y entonces les decía que con esa edad había muerto un joven llamado Julio Antonio Mella, el cual había tenido una vida paradigmática.
¿Qué tal el encuentro con la autora de Tinísima?
Elena me recibió con cariño. Le hice la visita poco después de haber estado en la humildísima tumba de Tina Modotti en el Distrito Federal Mexicano. La escritora llegó a afirmar que Tina amó a Julio como a nadie en su vida, y describió el primer encuentro entre ambos en la redacción del periódico El Machete. «Ahí estaba ella —dijo Elena de Tina— que era casi una mujer proscrita, muy cuestionada. Se había hecho como muy humilde a pesar de toda su cultura. Traducía textos. Esa fue la mujer que Julio conoció y de la cual se enamoró perdidamente.
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Buscándote Julio es un libro lleno de amor. Está escrito con un lenguaje muy coloquial. La historia es contada por dos personajes: una narradora y un joven llamado Roig. Ambos recorren el Distrito Federal Mexicano buscando rastros de la figura histórica, y también buscándose a sí mismos…
Así es. Dos jóvenes cubanos hacen el periplo tratando de descubrir qué había en ese paradigma, cuáles eran las claves de su lucha. La búsqueda se hace desde el presente. Ese es el tono del libro. Y como buscar es ya un modo de encontrar, los protagonistas van encontrando muchas respuestas a sus interrogantes. Ellos, como quien dice, caminan junto a Mella para explicarse numerosas cosas, y no solo las que pertenecen a la oscura época de la Cuba de Julio Antonio, cuando el socialismo en la Isla era una utopía de locos, sino también las que tienen que ver con el socialismo que estamos construyendo, ese que demanda una imaginación frondosa y tiene por delante innumerables retos.
«Los dos personajes del presente son ficticios. Cuentan una historia verosímil, estructurada de modo que pasado y presente se entremezclan.
«Buscándote Julio está hecho para los jóvenes no solo por su tono y estructura sino también por su diseño gráfico llevado a cabo por Alexander Carcedo, quien aportó, entre otras ideas, una numeración muy original de los capítulos, y un puntaje muy generoso de la letra. Para que el libro fuera una realidad, resultó definitoria la labor de la editora Jacqueline Teillagorry, alguien que además de conocer muy bien la vida y obra de Mella, domina con hondura el arte misterioso de dar a cada palabra su justo valor. Gracias a esa entrega y a la de otros compañeros de la Casa Editora Abril, pudo nacer el texto».
¿Cómo lograste sobreponerte al miedo inicial de investigar sobre una figura de la cual aparentemente todo está dicho?
Julio Antonio merece todo tipo de homenajes. Es cierto que se ha escrito mucho sobre él, aunque algunos especialistas aseguran que aún quedan tópicos inéditos.
«Estamos hablando de un hombre brillante, alguien con quien nos hubiera gustado sentarnos a conversar en el Patio de los Laureles de la Universidad de la Habana. Alguien de quien hubiéramos sido compañeros de lucha. Con él sucede como con Martí: nos hubiera gustado tanto conocerlo, escucharle sus ideas en su propia voz…