19 de junio del 2009 |
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Continúa la siembra de palmas reales |
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Por Míriam Zito |
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Árbol emblemático de la Isla, desde tiempos inmemoriales su uso múltiple ha beneficiado a la población, en particular al campesinado cubano. Catalogadas como plantas leñosas perennes, están provistas de un penacho terminal que aparece plegado en su etapa juvenil y se divide total o parcialmente en el curso de su desarrollo. La Doctora Ángela Leyva Sánchez, directora del Jardín Botánico Nacional e investigadora acuciosa de este género, en su libro Cuba y sus palmas ratifica que en el área antillana no hay territorio que pueda compararse a Cuba en lo que respecta a la diferentes especies que existen. En la Isla, específica, de los 16 géneros nativos solo uno es endémico, y de las 83 especies autóctonas, el 90 por ciento son endémicas, cifras destacadas entre las familias botánicas tropicales representadas aquí. Todo parece indicar que fue Plinio, sabio naturalista de la antigüedad, quien dio ese nombre al majestuoso árbol, inducido tal vez por su belleza, altivez y perenne verdor. A la Palma, símbolo de cubanía, nadie discute sus bondades, para techar viviendas, como alimento animal y planta melífera, de ahí la necesidad de proliferar su presencia en el paisaje típico del campo cubano. |

