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 Taller Alma Joven.
26 de junio del 2009

Rompiendo estereotipo

 

Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Elio Mirand

PERIODISTA(s) Y DECISOR(es): UN PATRÓN RECURRENTE, PERO NO REDUNDANTE

A un año del VIII Congreso de la UPEC

Sólo quien sabe de periodismo, y de lo costoso del desinterés, puede estimar de veras la energía, la tenacidad, los sacrificios, la prudencia, la fuerza de carácter que revela la aparición de un diario honrado y libre.

José Martí

Converses o Adidas
De las dos y media horas que duraría el debate, habían transcurrido los primeros 75 minutos; estábamos en la mitad y empezaba a verificarse la sentencia latina in medio stat virtus (la virtud está en medio), o sea, igualmente alejada de los extremos. «Durante la carrera, junto con otros alumnos», dijo Yuri Guevara, de Juventud Rebelde, «fuimos haciendo Periodismo de Investigación, si es que se le puede llamar así; el Periodismo de Investigación va más allá, y en nuestras circunstancias permanece limitado; mejor sería decir que nos dedicamos al reportaje en profundidad».

La intervención de Yuri era la número 13 del grupo que discutía la cuestión del estereotipo, voz con la que el diccionario define al modelo establecido y aceptado de conducta, expresión u otra manifestación. La Editora Abril y Alma Mater habíamos invitado al II Taller de Periodismo Alma Joven. Otros dos paneles abordaban, a esa misma hora, en diferentes espacios del «hotelito de la Juventud», léase Altahabana, el consumo cultural, y los debates de hoy ante los medios tradicionales y alternativos.

A Yuri le habían precedido la muestra de un audiovisual de Leslie Salgado (Canal Habana), cebo del debate; las moniciones de Iramis Alonso (Juventud Técnica) y Beatriz Torres (CIMEQ), dúo de «provocadoras», y los aportes de las y los partícipes Marietta Manso (Somos Jóvenes), Isabel Herrera (Radio Ciudad de La Habana), Michel Núñez (AHS), Gladys Gómez (Pionero), y Yeisa Sarduy (ICIC Juan Marinello). Yeisa había compartido los frutos de «La moda como fenómeno comunicativo: Un estudio de caso en la sección de moda del programa Súper 12», análisis del tratamiento del tema en la televisión (en lo adelante TV) y su percepción por los jóvenes, tesis con la que obtuvo el título de Socióloga por la Universidad de La Habana (UH) y que hizo objeto de su investigación a un momento específico del otrora popular programa juvenil.

«También nosotros realizamos un trabajo sobre los jóvenes y su gusto musical», siguió Yuri a Yeisa, «y ahora nos enrolamos en un estudio sobre la moda que no hemos concluido porque surgieron imponderables. Nos topamos con una María Elena Molinet que afirma que la moda esclaviza porque olvidamos su reverso ideológico y no la usamos para romper estereotipos. Coincido con ella. Es usual que al tratar el tema salga a relucir Raúl Castillo, el diseñador que siempre vemos. Aunque el Instituto Superior de Diseño ha graduado a infinidad de especialistas, los directores de televisión suelen llamarlo solo a él. En el otro extremo, la mayoría de los productos culturales que presenta la TV y consumen los jóvenes, proceden de EE.UU. y son los que imponen la moda.»

El estudio referido por Yuri descubrió contrastes entre las generaciones: «A los universitarios no les importan las marcas, les da lo mismo una ropa que otra, buscan sentirse cómodos… Sin embargo, entre los estudiantes de los tecnológicos descubrimos otra realidad: muchos persiguen zapatos Converse, pulóveres Lacoste y tenis Adidas; es lo que ven en aquellos productos foráneos, reproducen el estereotipo.»

Sufrir de algidez
El joven abogó porque nuestra TV presente programas alternativos y se renueve. «Los horarios sabatinos nocturnos de Cubavisión parecen diseñados para que baile el Ballet de la TV y canten ciertas figuras, primero antes de la telenovela y, ya ajustada la programación, después de ella, pero siempre esperando las películas. Hablo de espacios como Para no salir de casa, Se me ocurrió el sábado, y La descarga. El nombre no importa, todos guardan el estereotipo. Otro tanto ha sucedido con las revistas musicales emitidas por ese canal los domingos, antes de los policíacos CSI o La ley y el orden, y Tras la huella o Patrulla 444. Parecen destinadas al adulto mayor. Se intentó quebrar el esquema con A romper el coco y solo se logró repetir el patrón: el programa terminó evocando a algunos de sus predecesores, dígase La noche favorita o El expreso

Yuri cree que es un desacierto de los medios obviar el genio de la diversidad al presentar a la Juventud. Para él la pluralidad del universo juvenil está signada, en gran medida, por el gusto musical: «En la calle G están los rockeros; pero en La Madriguera se reúnen los amantes del rap y el hip-hop. Al final todos son jóvenes, van a las mismas escuelas, luchan por un mismo ideal, quieren terminar una carrera, obtener un título, pero no son idénticos, tienen diversos intereses y no tienen por qué pensar igual.»

«Para permitirnos reconocer la variedad», concluyó Yuri «debemos fomentar la polémica. Con miras a seguir nuestra pasión beisbolera, creamos en Juventud Rebelde Jrbéisbol. El sitio alberga una Esquina caliente, foro de participación donde palpamos los estereotipos: los orientales son palestinos; los habaneros, engreídos; los pinareños, bobos; y los camagüeyanos, aferrados a sus antiguos tinajones, segregacionistas. Las voces reflejan un regionalismo que no solo se origina en la pelota, sino que también es reproducido por los medios. Como constructores de opinión pública, debemos revisar nuestro propios criterios para poder romper estereotipos y no crear otros nuevos.»

Las palabras de Yuri motivaron la cuarta «mediación» de Iramis: «Si hay un lugar donde se rompen moldes, no es el único, es Juventud Rebelde. No importa si hay personas que no estén de acuerdo; lo importante es que haya una dirección de un medio que sea capaz de abrir espacios. Y que se genere el conflicto. En la unión característica de la Juventud Cubana, florece la diversidad. La dirección del periódico tiene claro que ese es un camino, y otros directivos también tendrían esa claridad. Arriesgándose, realizando esas investigaciones y escribiendo dichos trabajos, es como podemos avanzar; con el debate aprenderemos todos: romper los estereotipos implica debatir.»

Helen Hernández (Bohemia) sintió que, de lo que iba a comunicar, Iramis había dicho lo esencial, más quiso subrayarlo: «Insisto en la necesidad de que los medios no renuncien a la autonomía que puedan tener para polemizar y llevar temas álgidos al espacio público, eso irá trascendiendo estereotipos. Solo que siempre debemos hacerlo desde la intención de alcanzar profundidades, y con un basamento investigativo.»

Frutos estériles
Con respecto al género, explicó cómo con buena fe, mas de modo erróneo, se insertan temáticas relacionadas con las mujeres, o se presentan mujeres en supuestos espacios transgresores, y se termina reiterando los roles tradicionales: «La entrevista con una profesional, con una científica por ejemplo, no tiene necesariamente que derivar en su familia o en que tiene hijos y es buena madre. Asimismo, en una conversación con las muchachas enroladas en el Servicio Militar Voluntario, no hay que realzar sí o sí el tema de la estética, declarar que reciben una cuota gratis de cosméticos, o insistir en que tienen pareja. En una entrevista con la diputada más joven del Parlamento había una pregunta sobre su novio. ¿Se le interroga sobre la novia al joven diputado? Es bueno saber reconocer cuándo se impone hablar o no de los espacios cotidianos.»

A propósito del género, Helen abordó el actual discurso de los medios sobre el envejecimiento de la población: «Se habla del embarazo, de la natalidad; pero el tema suele ser asociado solo a las mujeres; encontramos titulares que rezan, “La maternidad: un problema de mujeres”, y encima se menciona al Círculo Infantil como una prerrogativa de la mujer trabajadora. A fin de cuentas, repito, estamos reproduciendo roles, eternizando normas de comprensión de la familia, perpetuando el problema.»

Por último la colega volvió sobre la conveniencia de mostrar la multiplicidad de imágenes juveniles: «Es preciso trascender el estándar de una juventud uniforme, de una recreación íntegramente sana, sujeta a la ley seca. Hablo del desinterés del lector o, de lo que podría ser lo mismo, la ineficacia del mensaje, nacida del divorcio entre la realidad y la representación de los jóvenes en los medios.»

Creció la reacción en cadena. Irenia González (Editora Abril) expuso sus desvelos: «Ciertamente en Cuba no hay una sola juventud. No son iguales los intereses, valores y subjetividades de los jóvenes de la ciudad de La Habana, que los de Santiago de Cuba o los de Camagüey, como tampoco las expresiones socio culturales de las que hemos hablado aquí —díganse repas, mickies o freakies— están presentes en todos los territorios con la misma fuerza. Pienso que ni son mayoría, ni dejan de ser grupos o subgrupos poblacionales juveniles. Debemos tener claro de qué generalidad hablamos; debemos cuidarnos de no multiplicar o difundir ciertos estereotipos hacia todo el país; tendríamos que vigilar nuestra intencionalidad, sobre todo nosotros, los medios que decimos ser de alcance nacional, cosa que no siempre logramos.»

«En lado opuesto, estamos en la obligación de saber qué sucede en esos otros territorios, y para conocerlo, si no nos alcanzan el transporte y demás recursos, tendríamos que valernos de otros medios de comunicación como son el teléfono o el correo electrónico. En efecto, los órganos de prensa no siempre se vinculan a los centros de investigación, ni explotan sus resultados. Los sondeos, exploraciones y búsquedas que se llevan a cabo, por ejemplo, en la Universidad de Oriente, así como en otros centros del país, como el de Estudios sobre la Juventud (de la UJC), son de primer nivel. Allí se abordan múltiples temáticas, se analizan los impactos de diferentes actores sociales sobre el sector juvenil. Es lamentable que dichos frutos de trabajo permanezcan engavetados y que nosotros, los medios de prensa, no los tengamos en cuenta.»

Ajuste, y no de cuentas
«El estudio mencionado por Yuri sobre los contrastes entre los estudiantes universitarios y los de los institutos tecnológicos, me hace recordar a los jóvenes de las ESBEC, de los IPUEC, de las Vocacionales, de la Lenin. ¿Qué sucede con ellos? Cuando salen de pase los fines de semana, ¿se convierten en repas, en mickies o en freakies? ¿Qué nos toca hacer a nosotros? ¿Cómo podemos acercarles las revistas Pionero, Somos Jóvenes, Juventud Técnica o Alma Mater? ¿Por qué no organizar allí un encuentro con lectores o un debate sobre un tema de interés juvenil? ¿Acaso no es a aquellos politécnicos adonde deberíamos dirigir, preferente, no exclusivamente, nuestros productos comunicativos?»

Acto seguido, Hilario Rosete Silva (Alma Mater) se planteó el asunto como un triángulo, de la confianza o la desconfianza, en dependencia de cuán distantes estén, unos de otros, los sujetos que ocupan sus vértices. «Decimos sujetos y nos referimos, uno, a la sociedad y sus complejidades; dos, a las direcciones de los medios, e incluimos aquí la claridad de la que hablaba Iramis y la autonomía marcada por Helen, cualidades que deberían caracterizarlas si quieren seguir la ruta del debate; y tres, a quienes son, según nuestro criterio, sin demérito de los anteriores, los sujetos cardinales: nosotros los periodistas, con nuestros trabajos, contribuciones y granos de arena.»

En el despliegue de esa ayuda entran en juego, en opinión de Hilario, hablando en lenguaje informático, varios términos claves, como son, desprejuicio, superación, profundidad, investigación, alternativa, diversidad, debate y respeto.

«Los periodistas debemos estar dispuestos a romper nuestros propios prejuicios. Cada día, al abrir los ojos y levantarnos, deberíamos disponernos para vivir una nueva jornada desprejuiciada. También nosotros somos víctimas de prejuicios, y si no estamos bien atentos seríamos los primeros en reproducir estereotipos. Preferimos emplear el término de Periodismo en Profundidad, que circunscribe al de Investigación. El arte del trabajo se decide desde la propia selección del tema. Tras 20 años en el ejercicio de la profesión, para nosotros los grandes valores están en lo alternativo, en la otra opción, desconocida, olvidada, residual, desechada por la mayoría. Toda vez elegido el tema, y ya dispuestos a romper prejuicios, siguen las arduas etapas de labor con las fuentes de información, que incluyen los vínculos con los frutos de la investigación, y la posterior selección y redacción del material. A estas alturas para nosotros no hay temas tabúes. Todo se decide en el enfoque, en el cómo se escribe, en el hecho de tener presente al público para el que lo hacemos, y en la firme creencia de que nos va a entender.»

No dar en creer
El redactor abundó sobre los útiles que nos permitirían romper estereotipos: «Aceptar la diversidad es respetar, cambiar la visión que tenemos del otro, descubrir y valorar su don. Admitir que es distinto de nosotros, es condición sine qua non para poder reflejar sus problemas. La claridad se alcanza en el debate. Somos especialistas en promover y, dos pasos más allá, cortar el debate. Deberíamos comprender la necesidad de responder del lector; no solo tiene derecho, sino que es bueno que se sienta provocado; su réplica nos enriquece, es retroalimentación. Todos tenemos algo que decir; en cada uno subyace una historia en espera de que aparezca el periodista capaz de divulgarla. No esperemos condiciones ideales. Vivir las resistencias al cambio es un gaje del oficio. Hay que librarse del facilismo, el acomodamiento y la autocensura; desterrar el hábito de quejarse, “la queja debilita”, decía Martí; y hacer nosotros primero. Tenemos la obligación de demostrarles a nuestras direcciones, a quienes llamamos decisores, el beneficio de tratar este o aquel tema. ¿A cambio de qué? De nada, y con la máxima de “darlo todo”. Sí, en esto de romper estereotipos, para nosotros es crucial el papel que tiene la persona misma del periodista.»

Ahora fueron las palabras de Hilario las que motivaron la quinta «mediación» de Iramis, valiosa per se, relativa a un patrón que recorre una y otra vez nuestro mundo periodístico. No es redundante, sino necesario, que vayamos por él: «Se ha hablado varias veces de los decisores, ¡ojo!, aquí hay algunos; yo misma soy primero periodista y ahora decisora (directora de Juventud Técnica), y me he visto en la circunstancia, mis compañeras (Dania Ramos y Flor de Paz) presentes podrían dar fe de ello, de que a veces desde la política editorial trazada en la publicación encargamos ciertos trabajos y, por razones varias, los colegas no están listos para acometerlos. Suele afirmarse que el techo del periodista está limitado por el decisor; también ese es un estereotipo que debemos quebrar; en ocasiones los decisores alzan la parada y algunos camaradas no pasan el listón, no rebasan la altura. De ahí la importancia de la superación, la investigación, el Periodismo en profundidad, el abordaje de los temas alternativos, el respeto, la diversidad y la cultura del debate, y de ahí, además, la importancia de que los redactores participen, junto con sus decisores, en el diseño y construcción de las políticas y los planes editoriales y temáticos anuales.»

Habían transcurrido dos horas. Otras y otros invitados harían uso de la palabra, a saber, Yamila Peñalver (Centro de Investigaciones Sociales del ICRT), Elizabeth Bello (estudiante de Periodismo, corresponsal de Alma Mater en Holguín) y Héctor Quintero (Zunzún). Las actuaciones de Yasek Manzano (y su grupo) y Café con Tap, cierre de Alma Joven, seguirían rompiendo estereotipos.

En lontananza, sobre los elevados de la calle 100, flotaba la última «mediación» de la excelente «provocadora» que había sido Beatriz Torres, rostro virtual del sitio web de la Psicología de la Salud en Cuba: «Estamos llamados a aprovechar nuestros espacios concretos, nuestros “pequeños poderes”. Es preciso que cada profesional se haga respetar, por la limpieza y hondura de su trabajo, por su vocación investigativa, y, sobre todo, por su respeto por las personas, en este caso los lectores, que lo leen, lo llaman, le escriben y le piden cuentas. Talleres como este son para aprender. Que nadie crea que se lo sabe todo.»


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