13 de marzo del 2009

El primer periódico clandestino cubano

Por Neiky Machado Flores
Tomado de Cuba Ahora

El periodismo y la historia cubanos comparten espacios comunes de represión y gloria. Gobiernos autoritarios casi siempre traen aparejados supresiones en la libertad de imprenta: así sucedió en disímiles momentos de la colonia y en casi toda la época seudorrepublicana de Cuba. Desde la propaganda independentista, abolicionista o anexionista del siglo XIX, hasta los periódicos que se opusieron a los dictadores Gerardo Machado y Fulgencio Batista, la prensa clandestina fue siempre fuente inagotable de ideas renovadoras para esos órdenes sociales caducos.

La primera voz de la prensa cubana en contra del régimen autoritario español se tornó La voz del pueblo cubano. Un periódico que, con ese título, vio la luz el 13 de junio de 1852, para convertirse en el primer periódico clandestino publicado en la Isla y también en el primero que entregara un mártir de la prensa nacional. Mérito aparte tiene El Habanero, cuya circulación también burló la censura colonial; pero este fue impreso en los Estados Unidos.

De cómo la situación de la Isla devino periódico
Los propietarios y terratenientes cubanos que se agruparon en la primera corriente reformista del sistema colonial, ya en las décadas del 30 y el 40 del siglo XIX, perdieron todas las esperanzas de obtener prerrogativas por parte de la metrópoli y devinieron defensores de la anexión de Cuba a los Estados Unidos. La abolición de la esclavitud en las posiciones antillanas inglesas, a su vez, incentivó sucesivas sublevaciones esclavas en La Habana y Matanzas; por lo que España envió al general Leopoldo O’Donnell para calmar los exaltados ánimos criollos.

La historia inició con la represión a la Conspiración de la Escalera una reprimenda terrible contra los esclavos y las capas medias de negros y mulatos libres, y alcanzó hasta los propietarios ricos implicados en la corriente anexionista cubana, quienes utilizaban con frecuencia en su propaganda el vocablo "independencia" o la frase "separación tiránica de España". Desde las trincheras anexionistas se editó el primer impreso clandestino cubano en La Habana, lugar donde se agrupó el Club de Occidente, el más poderoso grupo de esta doctrina.

La supresión de El Faro Industrial de La Habana en el año 1851 y la encarcelación de su director John S. Trasher, por su actividad en favor de la anexión de la mayor de las Antillas a los Estados Unidos, fue uno de los pasos que condujo al surgimiento de esta nueva publicación. Porque, ante la iniciativa del mencionado Club de Occidente, de crear un periódico clandestino que reflejara sus intereses, Trasher sugirió al periodista Juan Bellido de Luna contactar con su amigo, el tipógrafo Eduardo Facciolo y Alba.

Eduardo Facciolo y Alba

Pero, ¿quién era Eduardo Facciolo y Alba? Pues un hombre con esa suerte de mezcla criolla entre español y cubano, que lo convirtieron en opositor de la dominación española sobre la isla, especialmente después del fusilamiento del poeta Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) como parte de la represión al movimiento abolicionista cubano. Linotipista cuidadoso, sus méritos admiraron a los eminentes intelectuales Cirilo Villaverde, José García Arboleda, José María de Cárdenas y hasta a los norteamericanos propietarios de El Faro Industrial de La Habana, quienes lo contrataron en 1844. Por esos vínculos fraternales, ante la propuesta del corresponsal en La Habana del periódico anexionista editado en Nueva York, La Verdad, el joven no dudó en aceptar.

El primer periódico y el primer muerto
En un improvisado taller, con una imprenta móvil, vieron la luz dos mil ejemplares de La voz del pueblo cubano, cuyo subtítulo puso a correr a los soldados españoles: "órgano de la independencia". El editorial que seguiría a semejante declaración sería aún más revelador: nuestra causa es justa, sagrada y noble y esperamos de nuestros hermanos, prudencia, valor, reserva y desprecio a los cobardes delatores, precaución con los sospechosos y espías, y de este modo La voz del pueblo cubano será oída desde el confín americano hasta el antiguo continente donde residen los tiranos.

Ciertamente el diario anexionista, desde su primer número, superó las fronteras nacionales e, incluso, importantes periódicos extranjeros publicaron fragmentos de sus artículos. Mientras el resto de la prensa nacional no se dio por enterada, y las autoridades se enfrascaron en descubrir la imprenta y los implicados en cada una de las ediciones.

Una especie de baúl, al que llamaban sarcófago, permitió los traslados de la imprenta por igual número de veces que ediciones tuvo el periódico que fueron cuatro. El segundo número circuló desde el 4 de julio de ese mismo año, con un total de tres mil ejemplares pero con el nombre de La voz del Pueblo; el tercero se imprimió el día 26 de ese mismo mes y el último nunca salió de la imprenta.

El 23 de agosto de 1852, una delación descubrió a Facciolo mientras imprimía el cuarto número, cuando ya habían adquirido una imprenta propia ubicada en la calle Obispo. Joaquín Llaverías Martínez, quien investigó y sistematizó las principales características de este periódico, esbozó de esta forma la conversación entre las autoridades coloniales y el valiente tipógrafo:

¿Qué publicación es esta?
—Es la misma La voz del pueblo, no se moleste usted, esta es la única prueba que se ha tirado, responde Facciolo.

¿Eres tú el autor del periódico?
—No, y desconozco a los que me trajeron la forma y me pagaron para su impresión.

A pesar de que la acusación incluía a Juan y Antonio Bellido Luna, Andrés Ferrer, Juan Atanasio Romero, Florentino Torres, Juan Antonio Granados, Félix María Cassard, Antonio Palmer, Ramón de Palma, Antonio Rubio, Ladislado Urquijo, Ildefonso Estrada y Zenea, Francisco Pérez Delgado, Ramón Nonato Fonseca, el joven tipógrafo de 23 años de edad se declaró culpable y se le condenó a la pena de muerte en garrote vil. Al resto de los implicados, en concordancia con cargos menores, se le impusieron otras sanciones excepto a Juan Bellido de Luna y Andrés Ferrer, quienes lograron escapar hacia los Estados Unidos.

Así, el 13 de septiembre de 1852 le fue aplicada la pena de muerte en la Explanada de La Punta; pero ese día también se convirtió para los periodistas cubanos en homenaje a la valentía de los profesionales de la prensa clandestina, en un sitio para la memoria de este, uno de sus muertos honorables. 

Nota:
Otros grupos anexionistas cubanos fueron: el de Las Villas, muy relacionado con la actividad de Narciso López y el de Puerto Príncipe, que contaba con ramificaciones en Oriente. Gaspar Betancourt Cisneros, conocido como El Lugareño, lideró este último grupo y comenzó a editar el periódico La Verdad, órgano de los anexionistas cubanos en el exilio.

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