23 de marzo del 2009 |
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¡Un Cronista de su Tiempo! |
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Por Gretta Espinosa Clemente |
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¡Oh mi ensueño, mi ensueño! Vanamente me exaltas. Rubén Martínez Villena
A pesar de su corta vida, con versos como estos y con su inquebrantable voluntad de cambio y justicia Rubén Martínez Villena logró «conquistar esas nubes». Tanto el joven poeta de nuestra segunda generación republicana, como el político sagaz que nombró sarcásticamente a Gerardo Machado asno con garras, signaron en la historia y literatura cubanas una pauta de genialidad y grandeza histórica. El Villena literato resulta ante todos los lectores cubanos harto conocido, tanto por la extrema profundidad como por la métrica perfecta de sus estrofas. Versos de amor: Hexaedro rosa (1924), o de contenido bélico profundo: El rescate de Sanguily (1919), o los de la llamada ironía sentimental en la poesía cubana: Canción del sainete póstumo; constituyen las aristas de la poética de Rubén Martínez Villena. Sin embargo, su faceta de periodista o articulista solo resulta familiar y reconocida para los lectores cubanos, gracias a la recopilación del prestigioso colega Luis Zuardías, en el texto prosas, publicado por la Editorial Letras Cubanas. Como periodista, desempeñó roles diversos como corrector de pruebas, editorialista, redactor de artículos de fondo y director de revistas, así como eventual jefe de una plana cultural. En sus numerosos viajes al exterior colaboró con publicaciones extranjeras de perfil progresista. Fue también crítico literario. De ello dan cuenta sus dos magníficos textos sobre Regino Pedroso, que presentan le desde sus lujosos poemas iniciales, hasta la desnuda y antológica Salutación fraterna al taller mecánico. Asimismo resumió en un brillante y sintético artículo periodístico la parcela lírica de José Zacarías Tallet, también poeta de la primera mitad del siglo XX, en Cuba. No solo artículos y reseñas críticas desplegó Rubén en su faceta de periodista, sino también ensayos magistrales, con gran limpieza, seguridad, estilo sobrio y equilibrado como el que dedicara a Los astros ilusorios, de Ramón Rubiera, uno de los libros que sacudió el ambiente literario de 1925 en Cuba. Sus ensayos periodísticos no solo se enfocaron hacia temas literarios, sino hacia la política, su obsesión y desvelo constante. Tal es el caso del ensayo publicado en la primavera de 1933, en Mundo Obrero, diario de Nueva York, donde desenmascara a una tenebrosa organización supuestamente en lucha por mejorar el país una vez derrocado Gerardo Machado. Se titula Qué significa la transformación del ABC y cuál es el propósito de esta maniobra. Como secta terrorista califica al ABC, que se transformará de pronto en un partido político reformista. Comienza con un relato sobre el ABC a lo largo de su etapa terrorista, y continúa con las peripecias de su transformación en una organización política de franco perfil reformista. Prosigue Villena su exposición con un mesurado análisis del programa de la falsa organización, lleno de indefiniciones y vaguedades. De sus artículos con temática política tenemos el reconocido Cuba: un cuarto de siglo, publicado en el América Libre, Año I, No.3, en junio de 1927. En este artículo, Villena con finísima ironía, describe la celebración de los veinticinco años de República Neocolonial por parte de las «autoridades» de la Isla, quienes eran objeto del odio y el desprecio popular: «Despliegue de fuerzas, desfile de tropas, Policía, Marina, Ejército, Guardia Presidencial, salvas de artillería, peregrinaciones a las tumbas, caminatas escolares, discursos ante las estatuas, condecoraciones, almuerzos, funciones teatrales y un grito de Viva la Independencia Nacional, Viva la República, lanzado por el presidente desde la terraza de Palacio, fueron los números con que el gobierno celebró y pretendió hacer compartir al pueblo la celebración de la efemérides republicana. Aun en estos actos se insinuó tímidamente, o se manifestó francamente por la pasividad, la verdad del presente, la colérica tristeza que resume el dolor de veinticinco años de farsa democrática.» «El average de la República es elocuente: analfabetismo pavoroso (53 por ciento de la población), carencia de verdaderos «partidos políticos» definidos… (…) Hoy vagan por el territorio nacional ciento cincuenta mil hombres sin trabajo, el espectro del hambre se sienta en el hogar cubano…» Mencionamos el uso de las cifras pues resulta de vital importancia para la credibilidad de los argumentos expuestos por los periodistas en sus artículos. Además, el mecanismo de persuasión del periodista —en este caso Villena— hacia los lectores funciona adecuadamente con demostraciones claras de lo que se quiere decir. Estas se traducen obviamente en las cifras que inteligentemente utilizó. De especial atención dentro del periodismo de Villena podemos citar la elegantísima crónica La lluvia en las calles, publicada por el joven en octubre de 1924, en una edición de la revista Chic, de La Habana. Villena describe con el vuelo poético típico de las crónicas, los efectos de una lluvia intensa sobre la ciudad. Al leerla, parece que estamos buscando algo más, algo que reposa debajo de las letras del periodista. Un sentido nuevo sobre lo leído se palpa, latente y parabólico, en la medida que avanza la crónica de Rubén. La poesía que emana de sí se ha esparcido por toda la narración periodística, por ejemplo, cuando comienza: «Estos días se arrastran sobre la capital, lentos, monótonos, húmedos. El leve y continuo castigo de las nubes pesa sobre los edificios, sobre los transeúntes, sobre las almas. Nada más desolador que este espectáculo de penumbra, de llanto inacabable, de angustiosa inminencia.» Las metáforas construidas con originalidad y auténtica brillantez, parecen las de un cronista dedicado al género y oficio durante años, y no las de un joven que realiza el periodismo de forma muy ocasional. ¡He aquí su talento! La suavidad del estilo y la adecuada adjetivación dan cuenta de un dominio exacto del lenguaje. Goza además de la sensibilidad típica de este género periodístico, y de un inicio (el fragmento citado anteriormente) que atrapa al lector que la enfrenta. Es ese el principio básico del cronista que pretenda cavar hondo con sus palabras. La personificación es otro recurso que auxilia a Villena en esta crónica: «En su temible alegría, el agua y el lodo se divierten: desalmidonan los driles rígidos y constelan los casimires severos de graciosos lunares coquetos.» La nota de burla o denuncia hacia algún órgano público representativo de la corrupta sociedad neocolonial que lo abrigó no podía faltar en Villena, en este caso, escoge el párrafo final: «Pero nuestras calles son de adoquines y de asfalto como la de los países civilizados, y tenemos Ayuntamiento y Alcalde, y Secretaría de Obras Públicas, y Capital y turistas… y el atrevimiento de quejarnos.» Esta queja se hace más explícita en otra denuncia disfrazada de crónica, que en realidad es un comentario por su crítica mordaz, y que también emplea el leit motiv de la lluvia como excusa. La publicó en El Heraldo, el 20 de octubre de 1924. Se titula Llueve, llueve… Aquí más explícitamente denuncia las condiciones de insalubridad de la ciudad habanera. Para apreciar la crítica, mordaz y abierta, solo bastan las siguientes líneas: «Llueve, llueve… Parece que nos vamos a ahogar de tanta agua que nos cae encima y, sin embargo, en las casas no hay agua para el baño, no hay agua para las más elementales necesidades higiénicas, no hay agua siquiera para beber, porque la administración del Acueducto de Vento no tiene que quitarla horas y horas, días enteros en la mayor parte de los barrios, porque no se puede meter en la taza del río Almendares, que viene llena de fango.» En este fragmento demuestra Villena una de las facetas elementales de todo periodismo: la denuncia social, la defensa de los intereses básicos de la población, la instigación a los organismos estatales a funcionar correctamente. Reseña, como típica crónica postmortem, así como enuncia constantemente frases de total respeto: Esta evocación hacia el filósofo queda en el artículo impregnada con maestría, claridad, sin acudir a recursos como la metáfora o el símil, pues este tipo de crónica no lo requiere. Otros ensayos como el Bosquejo de Miguel Ángel Lima, prosista; donde realza la vida y obra de este escritor, así como la reseña del poemario Hermanita del poeta cubano Agustín Acosta, portadora de un lenguaje cálido y exhortativo a conocer esta obra poética, merecen de atención dentro de la producción periodística villeniana. El denominador común a toda su labor en este terreno es la síntesis, el uso adecuado de las palabras, el perfecto dominio del lenguaje, la economía de vocablos, la exactitud y claridad en la exposición de datos, por citar algunos elementos. Esta retahíla de características conforma el estilo periodístico, que hasta hoy se practica en la prensa cubana. Villena no resulta el primer y último poeta o narrador que hizo del periodismo una forma expresiva y creativa, pero sin duda alguna su mérito radica en hacer tanto en tan corto tiempo, y en un período tan convulso, lleno de contrastes, de peligros acechantes para cualquier palabra que oliese a denuncia o desenmascaramiento de actividades corruptas, lucrativas. En sus 35 años de existencia conjugó política, poesía y periodismo con igual dedicación y objetivos comunes: lograr la independencia de su amada Isla, y eliminar el apellido neocolonial al glorioso nombre de República.
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