19 de mayo del 2009 |
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Como un viejo beso artesanal |
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Por Jorge Sariol |
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Pero curiosamente dos tienen que ver más con la vida, o con las mejores maneras de preservarla, aunque una sirva para ayudarse en los desastres de la naturaleza, y la otra para recordar que no sólo de pan vive el hombre, el alma necesita muchas veces de salvamentos tan “ejercitables” como cualquier otro. Pero no voy a compartir ideas sobre el ejercicio Meteoro 2009 de la Defensa Civil, que tantas vidas ha ayudado a salvar. Quiero recordar a un poeta que ha salvado a muchos de uno cuantos naufragios del alma, de varias tormentosas borrascas cardíacas e incluso de alguna que otra alegría desmedida terriblemente-cuasi-adolescente, cuando hace rato ya se pasó de los cuarenta. El bardo al que me refiero acaba de morir en su natal Uruguay, y se llama para la eternidad Mario Benedetti.
Benedetti en Cuba fue más que su Cuaderno Cubano con poemas, artículos y entrevistas de su vida entre nosotros, o el reconocimiento del consejo de estado cubano primero con la Orden Félix Varela y luego con la medalla Haydeé Santamaría. Así lo dejó escrito en MASS MEDIA: Tal vez por esa disposición a mantener la fuente viva del saber entre la razón y la emoción el poeta escribiría unos versos llenos de sagaz ironía que recuerdan la condición de ese tránsito humano por la vida. «Usted aprende/
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