19 de mayo del 2009

Como un  viejo beso artesanal

Por Jorge Sariol
Fotos: Internet

Mario Benedetti
La semana comenzó en Cuba con más de una noticia de alta intensidad.

Pero curiosamente dos tienen que ver más con la vida, o con las mejores maneras de preservarla, aunque una sirva para ayudarse en los desastres de la naturaleza, y la otra para recordar que no sólo de pan vive el hombre,  el alma necesita muchas veces de salvamentos tan “ejercitables” como cualquier otro.

Pero no voy a compartir ideas sobre el ejercicio Meteoro 2009 de la Defensa Civil, que tantas vidas ha ayudado a salvar.  Quiero recordar a un poeta que ha salvado a muchos de uno cuantos naufragios del alma, de varias tormentosas borrascas cardíacas e incluso de alguna que otra alegría desmedida terriblemente-cuasi-adolescente, cuando hace rato ya se pasó de los cuarenta.

El bardo al que me refiero acaba de morir en su natal Uruguay, y se llama para la eternidad Mario Benedetti.

Casa de las Américas
Vivió un tiempo en Cuba y su paso por esta ciudad que amamos y padecemos sirvió para que aprendiéramos de tal modo a ver el mundo con ojos de poetas, que Benedetti entre nosotros fue más que su viaje a La Habana en 1966, para participar en el jurado de novela del concurso Casa de las Américas, o su regreso por el Congreso Cultural de La Habana en el 1969.

Benedetti en Cuba fue más que su Cuaderno Cubano con poemas, artículos y entrevistas de su vida entre nosotros, o el reconocimiento del consejo de estado cubano primero con la Orden Félix Varela y luego con la medalla Haydeé Santamaría.

Muchos estudiantes universitarios cubanos de la segunda mitad de la década de los 70 encontraron entreabierta la puerta de su oficina y la de su experiencia cuando otra vez en Cuba, esta vez como exiliado, trabajó en el Consejo de Dirección de Casa de las Américas.
Allí daba el magisterio de su vida y de su obra, siempre actual siempre coherente hasta el final del tránsito humano.

Así lo dejó escrito en MASS MEDIA:

De los medios de comunicación/
en este mundo tan codificado/
con Internet y otras navegaciones/
yo sigo prefiriendo el viejo beso artesanal/
que desde siempre comunica tanto.

Tal vez por esa disposición a mantener la fuente viva del saber entre la razón y la emoción el poeta escribiría unos versos llenos de sagaz ironía que recuerdan la condición de ese tránsito humano por la vida.
Escribiría Benedetti:

«Usted aprende/
y usa lo aprendido para volverse lentamente sabio/
para saber que, al fin, el mundo es esto/
en su mejor momento una nostalgia/
en su peor momento un desamparo/
y siempre/
siempre/
un lío/
entonces/
usted muere».      

 

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