La Siquitrilla de Cazalis
Por Waldo Fernández, estudiante de Periodismo
waldo.fernandez@fcom.uh.cu
«¿Quién no conoce en la Cuba revolucionaria a Siquitrilla?»
Así comienza informando el periódico Revolución la llegada del periodista Segundo Cazalis y su famosa columna Siquitrilla que tanto reconocimiento alcanzó en la década del sesenta.
¿Siquitrilla en Revolución es un acontecimiento? Sí, es un acontecimiento.
La columna más leída de la Cuba de esos años fue sin lugar a dudas Siquitrilla (1960-64) debido a la gran maestría periodística de Segundo Cazalis Goenaga quien combinaba el irónico y mordaz comentario de los temas políticos más candentes del momento en unas pocas líneas, con la opinión y análisis de las muchas cartas que recibía. Esta sección, con el paso del tiempo, se convirtió en una tribuna de pueblo. Cazalis comentaba y opinaba sobre los temas más variopintos de la realidad nacional e internacional. Como sagaz periodista le inyectaba al periódico donde saliera esta columna, frescura, polémica y un crecimiento meteórico en su tirada.
Pero, ¿quién era Segundo Cazalis? De origen español, su vida estuvo marcada por el estallido de la Guerra Civil española pues su familia, de firmes principios republicanos, combatió a los sublevados fascistas. Cazalis nació en Cuba (1924), hijo de un famoso pelotari de Jai-alai del mismo nombre y considerado uno de los mejores zagueros del mundo quien venía con frecuencia a La Habana en los años 20 y 30 a competir en el frontón de La Habana. A los dos años su madre se lo lleva a Bilbao y al caer el País Vasco en poder de los franquistas en 1937 lo trasladan a Francia. Retorna a España por Cataluña y en Barcelona a fines de 1938 se alistó como voluntario en el Ejército Republicano, pero pocas semanas después ante la ofensiva final de los rebeldes, tuvo que cruzar de nuevo la frontera francesa y fue recluido en un campo de concentración.
Mediante la gestión de su padrino de bautismo, el abogado cubano Néstor Mendoza, logra que lo repatríen a Cuba en julio de 1939 en la que comienza estudios de Ingeniería en el Colegio La Salle, carrera que deja inconclusa. Después parte para Venezuela donde se hace periodista y logra convertirse en redactor del diario El Nacional, de Caracas que lo manda a cubrir los acontecimientos de la Sierra Maestra, y entrevista al Comandante Fidel Castro.
«Segundo era sin duda el más inteligente de la clase, yo diría que del colegio, con ventaja franca a todos. Pero no era el mejor estudiante porque era muy bohemio y más adelante muy enamorado. Empezamos los dos a estudiar ingeniería y yo acabé pero mi amigo no. Él se quería casar y se fue a trabajar a Venezuela donde se hizo periodista. Escribía muy bien y con mucha gracia que la tenía a chorros tanto con la pluma como en la vida real» —comenta Luis de Luis, un amigo de su época universitaria en La Habana.
En 1959 Cazalis decide quedarse en la Isla y se convierte en redactor-jefe del periódico La Calle del que nace su famosa sección Siquitrilla, en enero de 1960. Anteriormente ya tenía otra sección en ese periódico nombrada Trapecio que abordaba algún tema nacional o internacional con un estilo muy peculiar, pues muchas veces redactaba sus comentarios en forma de carta y como si estuviera dialogando con el remitente construía su opinión, Trapecio simultaneó con Siquitrilla un tiempo hasta que desapareció pocos meses después.
No resultó casual ni rebuscado el nombre de la sección, este término fue muy común debido al enfrentamiento y oposición que encontraron las nuevas medidas tomadas por el Gobierno revolucionario en la burguesía cubana. Como cubanismo siquitrillar significa expropiar y derrotar. El propio Cazalis lo explica ante un insistente lector que pregunta el porqué le puso ese nombre a la columna:
«Un dirigente de la revolución acababa de pronunciar un discurso, después de una oferta de los ganaderos latifundistas de donar cierto número de novillas. El periódico tituló las palabras del dirigente así:
Con novilla o sin novilla
Les partimos la siquitrilla
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Director del periódico Revolución en sus primeros años. Abandono el país en 1968 |
Ese día se decidió hacer la sección, con la idea inicial de polemizar con los periódicos burgueses. Fue Carlos Franqui1 quien sugirió que le llamáramos Siquitrilla. Lo demás vino poco a poco».
Al desaparecer el periódico La Calle a finales de 1961 junto con Prensa Libre y Combate para fundirse en el nuevo magazín de La Tarde, Cazalis y su sección pasan a ese rotativo donde logra una tremenda popularidad. «La gente compraba el periódico de La Tarde, ni la primera página la veía, pan pan en la última página estaba la siquitrilla» —comenta la viuda de Cazalis, Yolanda Salas. Aunque al principio la sección polemizó con diarios tan conservadores como el Diario de la Marina y Prensa Libre en la defensa del nuevo proyecto social, además de fustigar la hostilidad norteamericana, poco a poco también fue dándoles un espacio a temas sociales y a los problemas cotidianos de las personas en un tono picaresco y de fino humor aumentando su número de lectores constantemente. Ejemplos sobran:
¿Un nuevo sabor?
«José Martínez y otro compañero nos dicen que tomaron dos Pepsi-Cola con sabor a luz brillante. Siqui supone que no se trata de un nuevo sabor, sino de un descuido. Y, a propósito todos somos algo culpables cada vez que usamos una botella de refrescos vacía para meter materiales como la luz brillante que luego son difíciles de limpiar mecánicamente».
Otro:
«La Ciudad del Ruido…..Es difícil hallar en todo el orbe, una ciudad más ruidosa que esta Habana nuestra. A la mañana…..pregones. Desde antes de la siete, mangos, verduras, pescado, los pregoneros se ensañan con todo aquel que pretende dormir una horita más. El lechero llega de prisa, y sube los siete pisos del edificio, lanzando los pomos sobre las puertas. Diez minutos después es el carro de la basura. El servicio es bueno…..y sonoro. Y, después, altavoces y fotutos. Un pisicorre con altavoz va recitando los precios de una quincalla, otro invita a un acto; el tercero recomienda el uso de determinado detergente (…) Aquí no hay quien duerma la siesta… a causa del ruido. Siquitrilla, a quien le da igual que haya o no haya ruido, transmite de todos modos la queja de muchos amigos, a quien la deba recibir».
Cuando Cazalis decide trasladarse al periódico Revolución en diciembre de 1963 su columna Siquitrilla goza de una amplia popularidad respaldada por su ágil estilo periodístico y su original manera de conversar con los lectores: cualquier tema de interés nacional o internacional logra un espacio en ella: el ausentismo, el transporte, la vivienda, la libreta de abastecimiento, la venta de juguetes por el Día de Reyes, los políticos norteamericanos, la polémica sobre qué películas debía ver el pueblo o no y muchas notas curiosas que seguramente Cazalis tomaba de los cientos de cartas que llegaban a la Redacción. Solo a finales de febrero se recibieron en el periódico Revolución 526 cartas para su sección, un número bastante alto para la época. Muchas de estas notas son muy interesantes:
Una niña llamada ECONAIVA
«Publicando unas cosas, uno se entera de otras. Así después de la pregunta sobre la inscripción de niños con nombres de almanaque o de no-almanaque, nos han llegado algunas noticias curiosas, sobre nuevos nombres:
¿Sabían ustedes que centenares de niñas en el país han sido inscriptas con el nombre de INRA?
Hay, también, un INRAINI combinación de INRA e INIT— y una niña llamada PURSIA.
Una niña fue llamada ECONAIVA
Y ahora por nueva disposición no se permite emplear nombres de organismos oficiales».
Se cambian 100 chinos rojos por amarillos
«La Ópera de Pekín que va a actuar en el Teatro Nacional, tiene aproximadamente un centenar de chinos, que, lógicamente son comunistas. Su llegada, a causa de eso, va a provocar ciertas dificultades, pues tal y como declaró Ugalde Carrillo ante el honorable senado de los E. U. A. —y así consta en las actas archivadas— es preciso eliminar a cien chinos nacionalistas en la calle Zanja —si es que quedan cien chinos nacionalistas en alguna parte— para cambalachearlos, en la oscuridad de la noche, por los cien chinos comunistas del ballet, que —confidencialmente y según informó a Siquitrilla un agente del FBI— no son realmente bailarines, sino agentes bolcheviques disfrazados. El mismo agente del FBI aseguró a Siquitrilla utilizando los teletipos de la agencia UPI, que los que van a bailar en el Teatro Nacional, no son los chinos de la Ópera de Pekín, sino los coristas del cabaret Regalías, cuidadosamente teñidos de amarillo.
«Toda esta información es de “absoluta confianza” pues ya se sabe que la UPI, el FBI y Ugalde Carrillo son “organismos serios” dedicados a la defensa de la cultura y de la democracia, e incapaces de faltar a la más estricta verdad. De cualquier modo y para evitar errores, Siquitrilla recomienda a los lectores que asistan a las representaciones de la famosa Ópera de Pekín, donde difícilmente podrán comprobar si se trata de chinos rojos o chinos amarillos. Si aparece algún chino verde, será cuestión de llamar a Tomatsevich, porque ya no se trata de chinos sino de semáforos. Si se encuentra con alguien de color amarillo, pero que no tiene los ojos oblicuos y come perros calientes, entonces casi seguro que están frente a un agregado cultural de la embajada norteamericana, sutilmente disfrazado, para poder rendir su informe a mister Hoover».
Este último muestra su habilidad en desenmascarar en un estilo muy irónico e incisivo las múltiples especulaciones que suscitó en algunos medios de prensa internacionales este acontecimiento cultural.
Lamentablemente en marzo de 1964 la sección es suprimida a raíz de unos polémicos comentarios que sacara este talentoso periodista sobre el juicio de Marcos Rodríguez, delator de los mártires de Humboldt 7. Gracias a su amistad con el comandante Ernesto Che Guevara va para París como corresponsal de Prensa Latina y después pasa a Venezuela donde llega a ser director del periódico El Mundo. De esta manera termina su fructífera carrera en el Periodismo cubano durante una etapa tan compleja y rica como fueron los primeros años del triunfo revolucionario.