27 de febrero del 2010 |
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También quise ser corresponsal |
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Por ese entonces empecé a ver el noticiero. Al principio, únicamente para buscar en aquella ciudad la cara de Dayana en las imágenes de la gente, pero después me enganchó la emoción del periodista, las historias que en su voz parecían venir de un diario de vida o muerte. Y fue que cambié de una vez por todas la respuesta a la pregunta que le han hecho a todos los niños del mundo: «¿Qué vas a hacer cuando seas grande?» Y yo respondía: «Corresponsal de guerra». Han pasado casi veinte años desde entonces. Aproximadamente el tiempo que nos separa de la última guerra en la que Cuba tomó parte. Puede que la mayoría de los universitarios de hoy ni siquiera hubieran nacido cuando tropas cubanas luchaban en Angola. El tiempo pasó. Mientras, yo me hice periodista, pero nunca he estado en una guerra. Como fue en el principio…
En el siglo XIV las guerras eran muy distintas. Dos filas de hombres se encaraban con sus armas listas. Pero después de un par de descargas, ya tenían que lanzarse a una carrera de matar o morir; hombre a hombre, bayoneta en mano, mientras la caballería y los cañones completaban la carnicería. La tierra quedaba anegada de tanta sangre coagulada. Russell vio que los soldados ingleses caían como moscas y que se les abandonaba aún vivos en el campo de batalla. Eso le escribió a su editor inglés, John Delane. Y sus cartas provocaron al publicarse un hecho sin precedentes: la opinión pública inglesa levantó la voz para pedir cuentas a su gobierno, lo cual terminó en la deposición de este. La creación del primer cuerpo de enfermeras militares fue también consecuencia de la presencia de William H. Russell en aquellas tierras, donde permaneció meses en el frente para escribir al periódico el recuento de los sucesos. No sospechaba que se estaba convirtiendo en el padre del Periodismo de Guerra. Siglo XX Pero durante la guerra en Vietnam ocurrió un viraje. Por excepción, era relativamente fácil acreditarse como corresponsal de guerra y allá fueron fotógrafos y periodistas. Los testimonios en imágenes que quedaron revelaron la verdadera cara de la guerra, los niños en su huída del napalm, el asesinato de un civil a sangre fría por parte de las tropas oficiales, el horror de los bombardeos, los cuerpos de los jóvenes soldados norteamericanos… ¿La postmodernidad? Algunos teóricos auguraron que con el auge de la globalización, y la mayor conexión e interdependencia entre las naciones, sería más difícil el surgimiento de conflictos bélicos. Ellos se equivocaron. Las guerras no han cesado, y se han vuelto más mortíferas a medida que las armas se hacen más sofisticadas.
La Guerra del Golfo, entre 1990 y 1991, abrió al mundo una ventana al futuro. Las imágenes que CNN trasmitía para el mundo, se parecían mucho a las explosiones de los videojuegos. Por primera vez veíamos una explosión al otro lado del mundo a solo instantes de ocurrir. Los satélites y los poderosos lentes de las cámaras lo permitían. Pero extrañamente, faltaban los cuerpos. Se escamoteaba el rostro amargo de la guerra. Vimos el fuego en los pozos de petróleo que contaminaban el mar, pero faltaban las bajas humanas. La imagen de la guerra se había vuelto pulcra. Ha cambiado la manera de conducir las guerras y la forma en que el Periodismo se relaciona con estas. El mundo se estrecha a medida que los satélites y la banda ancha se fortalecen. Ya no vemos ni oímos de hombres que se enfrentan cuerpo a cuerpo sino de explosiones que matan a niños, mujeres, a cualquiera que estaba en el lugar y en el momento equivocado. Ahora los cuarteles generales están equipados con tecnologías de punta y los soldados usan laptops y audífonos. Es una era de guerras por control remoto. Así también cambia el Periodismo. La forma en que el mundo supo de los abusos en la prisión de Abu Ghraib fue a través de fotografías tomadas por los mismos soldados norteamericanos que sirvieron de verdugos, ya no más gracias a la cámara de un fotorreportero. Los periodistas ya no van al campo de batalla, es demasiado peligroso y los equipos que traen consigo demasiado costosos. El ejército les planifica ocasionalmente visitas al frente, pero ya no existe la libertad de movimiento que un día disfrutaron los Corresponsales de Guerra en Vietnam. De la misma forma que ahora salió al mercado de armas un tanque robot, también existe, o al menos se estaba trabajando en el modelo de un periodista robot. Una máquina que iría en lugar del hombre, o la mujer, al campo de batalla. Pero, ¿quién piensa entonces? ¿Cómo una máquina puede valorar qué historia es más importante, o qué plano puede ser ilustrador? Parece que los que quisimos algún día ser Corresponsales de Guerra, hemos llegado algo tarde. |