La debilidad de los estilos individuales y del estilo de las publicaciones, el olvido de las normas de redacción y el incumplimiento de las leyes que rigen la marcha periodística y literaria, flagelan fuerte en nuestro país.
El estilo es lo que identifica a cada persona, lo que marca sus diferencias al cocinar, boxear, bailar, jugar ajedrez, hablar, cantar, escribir, en la vestimenta, en el amor...
Todos tenemos un estilo; de una forma u otra nos manifestamos. Pueden ser buenas o eficientes, apagadas o brillantes y, también, somos nosotros.
Se dice que cada ser humano es un mundo, y el estilo es el ser humano. Penetremos en el ámbito de la palabra escrita como profesión. Pablo Neruda afirmaba: «El estilo no es sólo el hombre. Es también lo que lo rodea, y si la atmósfera no entra en el poema, el poema está muerto: muerto porque nunca ha podido respirar». Igual pasa con la crónica y el reportaje, la novela y el ensayo... El estilo es el hombre y la mujer: su sensibilidad, su capacidad, su ideología y la época que les toca vivir.
Reflejo del corazón, del cerebro, del temperamento, del carácter, el estilo individual de un escritor o una escritora es la manera que tiene para enlazar las palabras, hacerlas vibrar, darles ritmo, vida; su capacidad para seleccionar los medios de expresión y componerlos, crear frases, darles movimiento y así persuadir, orientar, educar, sembrar y crecer en el pecho, en la mente del lector; comunicar ideas, vivencias, sentimientos, emociones, experiencias, sueños. Es el sello personal, artístico, profesional y del espíritu que cual vara mágica toca cada imagen, cada cuartilla.
No es don caído desde las nubes. Para escribir deben tenerse condiciones, cierto; y algo hay en este arte imposible de enseñar en la universidad o en otros centros docentes. Pero el estilo se conquista sobre la base del trabajo, de las buenas lecturas, con una posición autocrítica ante lo creado por uno: tachando mucho, arreglando mucho, botando muchas hojas.
Si usted batalla...
Si usted posee aptitudes para escribir y batalla para que triunfen, puede obtener un buen estilo. Si no llega a literato o a periodista destacado, al menos reportará condignidad, ganará al lector, convencerá, hasta emocionará. Tal vez sus líneas no sean sublimes, por limitaciones propias o porque lo ahoga la necesaria rapidez del diarismo: redactará con decoro, amenidad, hondura. Aunque no deje una huella poética o mágica, será leído con interés, informará, orientará y, lo de más relevancia, pondrá su grano de arena en la formación de ciudadanas y ciudadanos mejores, objetivo esencial del periodismo,
la literatura y el arte en nuestra sociedad.
No todos podemos ser Omar Linares, Víctor Mesa o Pacheco y siempre hacen falta «estrellas menores» para la pelota, para el periodismo, en fin, para cualquier frente. Y deciden en no pocas ocasiones.
Si desea perfeccionar su estilo, debe estudiar y escribir bastante. Son indispensables el conocimiento sólido sobre la comunicación, la semántica y la sintaxis; la formación de un amplio vocabulario; el análisis sistemático de la técnica de los escritores; y lo que se llama imitación hasta que exista creación propia: es decir, partir de los triunfadores, o de algunos de ellos .sin confundir fama con la gloria. hasta que el novato camine por sí mismo: se ha encontrado.
Como señala Sigfried Mondel, en Periodismo Moderno, el periodismo «...requiere que el escritor use un estilo y un vocabulario que faciliten la comprensión inmediata del auditorio. Incluso los miembros mejor educados de dicho auditorio no buscan un duro trabajo mental cuando leen las noticias. En cuanto al lector le parece que una crónica es pesada o difícil de entender, la abandona para no volver a ella. Esto da incentivo a los periodistas para prender los artificios que cautivan a los lectores». Comprenda: el individuo no presenta la misma actitud cuando lee cuentos, poemas, novelas o cuando escucha un discurso, que frente a la información o el reportaje.
El periodista al escribir para un diario, un semanario, una revista mensual, para el noticiero de radio o de la televisión, puede ser en oportunidades, orador de barricada; en otras, gana el cantar del poeta, narra como el novelista, tiene andar de cuentista o toca el violín del filósofo, pero siempre, en sus raíces y disparos, será periodista, o está equivocado.
La mayor cantidad
José Martí opinó: «Yo no creo que el escritor se deba poner ante un público para lucir sus poderes, sino para dar, en la forma más propia del asunto, la cantidad mayor de ideas posible». Ofrecer más ideas con menos palabras es principio del buen periodismo.
Y aunque en este capítulo hago hincapié en la forma, debo tomar en consideración el contenido para no caer en el formalismo, obstáculo para la solución de los problemas estilísticos.
El periodismo socialista tiene que informar, enseñar, propagar, agitar. Y esas funciones recorren el editorial, la nota informativa y hasta el pie de foto. Ahora, si tiene gran significado qué decimos, también lo tiene cómo lo decimos. De nada valen muchos centímetros dedicados a un tema cuando se trata de manera superficial o descargosa. Los lectores no quedan convencidos o, peor, huyen de esas líneas con más velocidad que la desplegada por usted si está en el zoológico y dicen que una fiera escapó.
Menciono las cualidades del buen estilo, y no explico todo lo que quisiera porque sería casi interminable...
Claridad. Pensamientos claros, exposición diáfana, síntesis y vocabulario correctos.
Ni vulgarismo ni preciosismo, ni exceso de vocablos técnicos. Cuidado con las palabras altisonantes, los galimatías, las frases enrevesadas, el abuso de incidentales.
¿Por qué escribir: «la nieve hiere fuerte en sus cabellos» en lugar de está canoso? ¿Por qué «Mañana, en el parque Maceo, a las tres de la tarde, si no llueve, claro .no deje de ir, ¿eh?. participarán en el Plan de la Calle organizado por los CDR, los actores y las actrices jóvenes de Doble Juego?»
Atrayente, fundamental y lógico, en fin, mejor: «Las actrices y los actores jóvenes de Doble Juego participarán mañana del Plan de la Calle cederista que, a partir de las tres de la tarde, se efectuará en el parque Maceo...».
Concisión: Utilice las palabras absolutamente precisas para expresar lo deseado. Que no sobren ni falten: ser conciso no significa sequedad o pedantez. No podemos ser imprecisos ni ser amigos de la vaguedad, evite el exceso de aclaraciones. La falta de concisión es defecto común entre los novatos y entre quienes no saben escribir. Esto no equivale a que todos los trabajos periodísticos deban ser cortos. Existen escritos de seis cuartillas que el lector bebe con satisfacción y desea más; otros, de menos de una cuartilla, son demasiado... largos. El lector no les hace caso más allá del primer párrafo: saben tan mal...
Debe eliminar la hojarasca, sobre todo en las informaciones. Por ejemplo: «Ganó el primer premio de poesía de Tribuna de La Habana, Juan Hernández, quien en otros tiempos intercambió jabs y upper como welter en los cuadriláteros de todo el país y aun foráneos, y hoy, con 32 años de edad, busca otros caminos... Prefiero en este caso: «El ex boxeador welter Juan Hernández conquistó el primer premio de poesía en el concurso convocado por Tribuna de La Habana».
Sencillez y naturalidad: Escape de lo artificial, de lo complicado por gusto. ¿Por qué Juan ya no está con nosotros: regresó al polvo... y no «Juan murió»? Ahorramos palabras y no caemos en lo amanerado, en lo ridículo. Ser natural es eliminar la afectación y ser sincero.
La mayoría de las leyes del estilo para el escritor tienen que ver de alguna manera con el periodista, que conocerá los diversos géneros de su profesión: información, reportaje, crónica, artículo, entrevista sin que esté obligado a sobresalir en todos. De lo contrario, sería capaz de asistir en short y tacos a un pleno o ponerse guayabera y zapatos blancos para jugar al fútbol.
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Dolores cotidianos
Hay debilidades de estilo que nos duelen cotidianamente.
Abuso de muletillas: Por otra parte, por su parte, asimismo, igualmente, cabe se-ñalar, en saludo (debe ser como saludo o para saludar), dentro o en el marco...Y dos especiales: Con la presencia de (y luego la crónica social de nuevo tipo) y Anoche se celebró..., inicios flojos, sin vida, antiperiodísticos, categorías del absurdo laceradotes de nuestra prensa.
Olvido de lo humano: El ser humano no siempre se refleja en su dimensión exacta, atrayente, real. Y las cifras se apropian del lugar, de los conceptos, las vivencias, las descripciones, las narraciones, los sentimientos, en el reportaje a la fábrica o la escuela. Los números son necesarios, pero no pueden asfixiar el ritmo del escrito. Otro yerro: quedarse en la información y no recorrer con otros géneros los acontecimientos.
Poca originalidad: Las frases banales, el camino trillado .sobre todo, el mal trillado hacen mucho daño. ¿Cómo usar blanca como la nieve, fuerte como el roble, labios de rubí... en el siglo XXI? ¡Cómo lesionan: «es un hombre de pelo en pecho, nació en el seno de una familia humilde o tiene a lo sumo 15 años...!» Por favor...