29 de marzo del 2010

¿Cada oveja con su pareja?

Por Carla Gloria Colomé Santiago,
estudiante de Periodismo
Tomado del blog Isla al Sur

Muchas veces las relaciones amorosas sufren la influencia de estereotipos que la sociedad reproduce.
Muchas veces las relaciones amorosas sufren la influencia de estereotipos que la sociedad reproduce, como son las diferencias de edad, de color, de nivel cultural o económico.

«¿Estarías con alguien de mi edad?», me preguntó el investigador del Centro de Antropología de Cuba, Pablo Rodríguez Ruiz, el día que lo entrevisté. «No»,  le contesté a aquel hombre quien, a la vista, aparentaba unos sesenta años. «Entonces, tú también tienes prejuicios».

Y es que a veces no nos percatamos de que somos víctimas de pensamientos etiquetados. Una pareja interracial, intercultural o con edades diferentes, constituyen motivos para dar paso a la habladuría o, simplemente, para hacer infelices a quienes desean disfrutar del placer de amar sin obstáculos.

En una ocasión el líder de la Revolución cubana Fidel Castro expresó: «De ninguna manera un hombre del pueblo puede dejarse llevar por el prejuicio; de ninguna manera un hombre del pueblo puede dejarse llevar por las aberraciones que le han dejado los siglos pasados. No hay nada más absurdo ni nada más criminal que la discriminación».

El que no tiene de congo...
A casi medio siglo de la revolución sexual de los años sesenta, cuando se produjo un cambio en el pensamiento de la sociedad, los estereotipos vinculados con las parejas desiguales aún son un tema preocupante: las relaciones interraciales, en este caso, todavía resultan incómodas.

«Mi hija sabe que no puede traerme a un negro. Nosotros no somos racistas, pero, simplemente, no nos gusta eso», dijo Kenia, vecina del municipio habanero de Bauta.

No solo muchos adultos piensan de esa manera, algunos jóvenes tienen criterios similares: «¡He visto a cada rubia bonita con ‘tizones azules’! Las mujeres blancas con hombres negros se destruyen más rápido, los años les caen arriba», opinó Alain, estudiante de la Universidad de La Habana (UH). Hoy este tipo de vínculo es más frecuente respecto a épocas anteriores, pero los prejuicios en cuanto al color de la piel existen, y algunos, para ocultar manifestaciones estereotipadas, no ofrecen otra justificación que la de «adelantar» y «no atrasar la raza» en el momento de elegir una pareja.

El doctor José L. Martínez Barroso, Profesor Auxiliar de la Facultad de Filosofía e Historia de la UH, divide al racismo en dos vertientes o categorías. Una se inclina hacia lo cotidiano y se expresa en estereotipos, como por ejemplo, cuando nos asombramos de ver una mujer negra con un hombre blanco, o una blanca con un negro.

La otra se mueve en los planos ideológico y filosófico, se evidencia en el orden cultural y simbólico, y guarda relación con un todo sistémico, porque va de lo nacional a lo local, tiene que ver con la imagen del negro que se ha construido. Los vestigios racistas permanecen sometidos a la memoria histórica, la experiencia social, la inercia de lo preconcebido y la idea de «crear al otro».

La Encuesta Nacional de Juventud, realizada en 2005, mostró que el 12,11 por ciento de los jóvenes se sienten rechazados por el color de su piel, principalmente en Ciudad de La Habana, donde el porcentaje alcanza la cifra de 41,2.

Clarisbel Gómez, socióloga y profesora de la Facultad de Filosofía e Historia de la casa de altos estudios, añadió: «Hay estereotipos que se reproducen en diversos sectores de la sociedad. Los jóvenes también son víctimas de esto: 50 años de Revolución han incidido sobre el fenómeno, pero el problema no está resuelto».

Los estereotipos son mayores en espacios íntimos como la familia. Tal vez no sea molestia trabajar con una persona de color, pero las relaciones de pareja, en ocasiones, son mal vistas. Algunos padres sufren que sus hijos establezcan esos lazos y hasta se puede crear un conflicto.

Quemar petróleo es la expresión a la cual no pocos acuden. La joven Yanet lo vivió personalmente: «Así le decía la hermana a mi novio. Ni la mamá ni el papá estuvieron de acuerdo con nuestra relación. Aunque trataba de demostrar que no me importaba, lo sufrí».

Un grupo de investigadores sociales del Centro de Estudios sobre los Jóvenes reflejó en el libro Cuba: jóvenes en los 90, que se puede apreciar una tendencia para aceptar lo semejante y rechazar lo diferente, y como afirma la licenciada en Psicología, Lourdes Fernández, «aunque en Cuba la discriminación racial no se incluye en el proyecto social, una cosa son las políticas, las leyes, y otra la subjetividad que persiste en la población».

El amor y el interés salieron al campo un día...
El imaginario social también incorpora, en ocasiones, que cuando cubanos y extranjeros deciden tener una relación, la idea de «una mejor forma de vida» está presente.

La joven Elsa es novia de un muchacho italiano y, según cuenta, nadie comprende que están enamorados: «En el barrio me han dicho desde interesada hasta jinetera. Mi mamá lo sufre, ella no es boba y sabe lo que se comenta, pero soy sorda a todas esas cosas porque lo quiero».

Asimismo, Elisa, de 20 años, se atiene a las consecuencias de su noviazgo con un extranjero: «Hace unos días me gritaron por la calle: ‘Oye, estás acabando’. Somos muy señalados y eso duele».

Si bien es cierto que algunas personas buscan como alternativa para vivir en el exterior contraer compromisos con personas de otra nacionalidad, esto no significa que todos persigan lo mismo.

El sociólogo y profesor de la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de L Habana, Yuver Díaz, manifestó: «El propio estereotipo lo dicta el nivel cultural y la rigidez de conceptos. En Cuba se tiende a estereotipar, y si alguien se casa con un extranjero es porque “busca salir del país o se prostituye”.   Esas parejas no se ven igual en Ciudad de La Habana que en el interior del país, y obedece al aparato conceptual de cada quien, a la percepción de los grupos sociales y a la falta de cotidianidad, costumbre, e interacción con esas personas».

¿Son muchos los que asisten a su consulta con  problemas de prejuicios de ese tipo?, pregunté a la psicóloga Lourdes Fernández: «Bastantes. Piensan que en la calle la gente los mira o señala, aunque no sea así, y es producto de una construcción subjetiva. Tienen muchos mitos respecto al amor, y cuando una comienza a tratarlos, se percata de que su manera de ver el sentimiento es rígidamente romántica o cargada de prejuicios vinculados con la cultura existente».

En el artículo Parejas biculturales, de un colectivo de autores de diferentes nacionalidades, dentro de los cuales se encuentra la psicóloga cubana  Lena Pérez, especialista en temas de migración, se destaca: «Existen estudios que prueban que la internacionalización de la economía y de la sociedad global, el creciente boom del turismo, así como los avances en los medios de transporte y comunicación, han provocado que los encuentros entre personas de diferentes orígenes sean cada vez más usuales y frecuentes.

«Hay personas que se casan para obtener una visa o un permiso de residencia en otro país, como ha sucedido con el negocio de los denominados matrimonios por poder,  pero hay otras que encuentran el amor más allá de su frontera».

Las apariencias… engañan
Otro de los prejuicios, sobre todo en los jóvenes, es catalogar a las personas por la manera como se visten o por lo que tengan. Un testimonio de la Doctora en Ciencias Psicológicas Patricia Arés, escrito para la revista Mujeres, lo demuestra: «Hay varones que  vienen a la consulta con el dilema de que no tienen mercado entre las muchachas. Yo les comento que la unión de pareja no es un mercado y ellos insisten en que si no tienen dinero suficiente para pagar una discoteca, un restaurante, si no tienen carro u otras facilidades, están despreciados como un buen partido».

Entonces nace el término de muchachas objeto, aportado por la sociología y la psicología, para el caso de las mujeres. Son calificadas así aquellas que se involucran con un hombre aunque no medien sentimientos, solo con fines lucrativos o por reconocimiento grupal.

Existen variadas opiniones como la del joven de 18 años Alejandro Almaguer García: «Mientras andes con celular, dinero y carro, tienes novia asegurada. Si eres feo, eso te hace bonito. Pero los que no tienen ni un quilo como yo, están embarcados».

¿Cuánto cuesta un beso? es el título publicado por la Máster en Estudios de Género Teresa Díaz Canals, en la revista Muchacha, «cuesta creer cómo hoy día para algunos ha perdido el beso el valor sentimental para convertirse en mediador de una especie de transacción mercantil. La sexualidad, actualmente, se ha convertido en una arma privilegiada de un temible poder».

Según la Encuesta Nacional de Juventud, la mayoría invierte el 60 por ciento de sus ingresos en calzado y vestuario, y un 3,5 por ciento ven en la buena situación económica un factor importante para la relación de pareja.

En el fenómeno influye el funcionamiento de grupo, en el cual se reproducen parámetros, entiéndase por estos niveles adquisitivos, gustos, preferencias, y dependen de con quiénes se establezca relación. Después de declarado el período especial, y con los cambios económicos que se produjeron, se generó una estratificación de la sociedad. Además, en la juventud se está más atento a las cuestiones del vestuario, la moda...

La psicóloga Lourdes Fernández opinó: «Las mejores condiciones de vida se concentran en quienes tienen acceso a la moneda libremente convertible, ya sea como producto de su trabajo en sectores emergentes o como resultado de las remesas familiares enviadas desde el exterior. También abunda una idea de inequidad de género, donde lo masculino prevalece. Luego, nace la asignación al hombre de proveedor, o sea, de buen partido».

¿Roba-cunas?
Las diferencias de edad tampoco quedan exentas de comentarios, sobre todo si el sexo femenino es mayor. «Él tiene 26. Desde que comenzamos, mi mamá no me habla, todo el mundo piensa que es por interés y han tratado de hacernos la vida imposible», así declaró Amelia, de 41 años.

La mujer madura también es sexualmente aceptable y deseable, pero parte de la sociedad niega ese tipo de relaciones. La socióloga Yaneisi Acosta explicó que «la situación surge por la independencia del género femenino, quien ya no está atado económicamente al hombre, sino que tiene vida profesional y social activas, lo cual la hace más interesante. Además, al hombre le llama la atención la mujer con experiencias para que lo enseñe. Ven en ellas una madurez, la cual les inspira confianza, seguridad.

«Es ella quien toma las riendas de su vida y decide tener esos vínculos. Pero vivimos en una sociedad bastante patriarcal, por tanto, es más aceptado que él sea mayor, para que proteja, provea, pero hay a quienes les atraen los jóvenes».

En las relaciones en las que él tiene una edad considerable por encima de la de ella, también actúan los criterios estereotipados y los desentendimientos en la familia: «No soporto a la mujer de mi papá. Ella tiene 33 años y él 48. Estoy seguro de que ahí hay algo de por medio», comentó  el joven Roberto.

El Anuario Demográfico de Cuba mostró que hasta 2003, los hombres menores de 30 años con mujeres mayores de esa edad, representaban el 19,5 por ciento, y viceversa, el de 5,9 por ciento.

«Generalmente un hombre adulto busca frescura, alegría y belleza. Le mueve el deseo de sentir que todavía es joven y de seguir viviendo. Además, esas relaciones les aumenta la autoestima y confianza en sí mismos, pero la sociedad a veces no lo acepta», planteó el sociólogo Yuver Díaz.

Amor, ¿solo para profesionales?
También hay una tendencia en la población, sobre todo en los jóvenes, de sentirse superior respecto a otras personas cuando se ha adquirido cierto nivel académico. La encuesta también expuso que un 51,2 por ciento alcanzó la enseñanza superior y un 92,4 aspira a ella, lo cual demuestra el crecimiento cultural de la sociedad, pero eso no significa que, para el resto, el acceso al amor esté limitado.

«Todo iba bien hasta que él entró a la universidad. Ya no era el mismo. Nuestra relación fue decayendo y decía que eran ideas mías. En un momento en que me sentí menos, decidí terminar», manifestó Daysi, joven de 18 años.

Al parecer, para algunos es imprescindible que la pareja esté a su mismo nivel  culturalmente, de lo contrario, no cumple con los requisitos. En muchos casos también hay padres con estas especulaciones, como Damaris, vecina del municipio capitalino de Playa: «Mi hijo puede elegir a la que más le guste, pero si va a ser ingeniero, lo mejor es que ella esté a su nivel».

La psicóloga Lourdes Fernández expuso que el saber es interpretado socialmente como un indicador de superioridad, poder e inteligencia. Es normal que se busquen personas con cierta compatibilidad de intereses e ideología para las relaciones de pareja, pero no ser universitario no es sinónimo de incapacidad.

Hay a quienes la situación económica del hogar les exige trabajar desde temprano y, muchas veces, son los hombres las víctimas más frecuentes. Otros no crecieron con ambos padres y sucede que el padrastro o la madrastra no están en condiciones de cubrir los gastos de cinco años de carrera universitaria.

Sin embargo, la socióloga Yaneisi Acosta opinó que de cierta forma esas actitudes son lógicas, pues se está eligiendo a la persona con quien se compartirá un espacio y cuando llega la separación es justificada por no tener el mismo estatus.

La antropología pide la palabra
Mediante Pablo Rodríguez Ruiz, esta ciencia también emitió su criterio: «La antropología asimila al amor como una especie de mercado, en el cual se intercambian estatus sociales, belleza, posicionamiento y  todo un conjunto de valores tanto materiales como espirituales.

«Un estudio de relaciones de pareja en un barrio marginal de Ciudad de La Habana reflejó que el 90 por ciento de ellas se constituían internamente o con personas del oriente del país. En más de 150 casos registrados solo hubo uno con un individuo de la ciudad, lo cual significa que esta les tiene cerrado el paso y los obligan a autorreproducirse. De ahí nace la endogamia o el mecanismo por el cual todos los matrimonios se producen dentro de un mismo grupo social y cultural.

«Las concepciones modernas consideran que los prejuicios son parte del modo de conocer del propio ser humano. No es que los prejuicios sean negativos como se ha querido mostrar, sino solo aquellos estereotipos que etiquetan. No se trata de negarlos, sino de ver cuáles son los que hacen daño».

¿Se validará por fin la expresión para gustos se han hecho los colores…? Depende de la evolución de pensamientos aferrados a ideas simplistas de superioridad. No podemos ser barro en manos del prejuicio. Como argumenta Iraida Calzadilla, profesora de la Facultad de Comunicación de la Universidad de La Habana: «Sí, valido la frase de cada oveja con su pareja, en tanto ella sea portadora de la persona que libremente se escogió por sus virtudes y por amor. Que la oveja no signifique blanco, negro, amarillo, joven o viejo, sino sencillamente: mi elección».