14 de marzo del 2010 |
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Santa y Clara periodista |
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Para Leticia, la joven que dirige la redacción nacional en el diario Granma y reporta desde Haití, lo más importante de la vida es: la familia, la paz en la cual vive, su profesión, buenos amigos, las verdades bien dichas, y la lealtad. |
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Por Dainerys Mesa Padrón |
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Para quien la realiza y escribe, resulta un condimento indispensable el entrevistado y el ambiente comunicativo que permita crear a su alrededor. Si bien Leticia Martínez es una muchacha con suficiente facundia, se encuentra viviendo excepcionales y dolorosos momentos, los cuales, de manera sensata, no dan tiempo para responder solicitudes ni de colegas, ni de amigos. Por eso, además de su habitual presencia en los medios, en el papel de interpelada, sentí inquietud al enviarle a una dirección electrónica primero la solicitud, luego un cuestionario a cuenta gotas. Sin embargo, desde la distancia del país caribeño y con toda la angustia del mundo recogida en su pecho, buscó un pedazo de tiempo para informar y «hacer todo por nuestros lectores». Descubrí de inmediato que virtualmente me encontraba frente a una periodista de pura cepa, a pesar de haber llegado a la profesión por casualidad. «Quería estudiar Historia del Arte, pero me embullé con una gran amiga para ir a hacer las pruebas de aptitud, casi fui para acompañarla. Resulta que entre más de 200 aspirantes quedé entre las 13 escogidas. Eso me pareció una señal… y aquí estoy ahora». Para quienes aún desconocen dónde está ahora, resumo: en Haití, como enviada del periódico Granma, sitio el cual labora como jefa de información de la redacción de nacionales. Sí, suena casi increíble que una recién graduada (dos años y medio) asuma semejante responsabilidad en un medio de prensa de tal repercusión en Cuba. Y no por el hecho de aceptarlo y hacerlo lo mejor posible, es cómodo. «Esa ha sido una de las cosas más difíciles a las cuales me he enfrentado. Sobre todo porque estoy aprendiendo, no llevo aún tres años de graduada y me toca dirigir a reporteros de tremendísima experiencia. El respeto por el trabajo de los demás, saber escuchar, discrepar y corregir el tiro cuando me equivoco, me han ayudado mucho. Hasta ahora no he tenido ningún problema con eso, aunque sé que debiera ser más exigente, lo cual a veces me cuesta por mi forma de ser y por esa convivencia en la redacción nacional con gente de tantos años llenando cuartillas, cuando yo llegué el otro día, como quien dice». «Tiene de ambos. Muchas veces no hay quien asuma esos cargos directivos, y no hay más escapatoria que recurrir al recién graduado. Pero no podría decir que es la generalidad, también hay muchos buenos jóvenes quienes han demostrado su valía, y por eso se cuenta con ellos. A la vez, esto puede ser una navaja de doble filo si no se hace bien. El joven recién llegado tiene primero que aprender del oficio para después dirigir, si no, no es respetado. Esto solo lo resuelve ser humildes, y asimilar de todos, hasta del más simple subordinado. Aprender mientras se dirige parece una buena solución». ¿Acaso la escuela no prepara para asumir cualquier responsabilidad vinculada con las especialidades que imparte?
«Más allá de enseñarnos las leyes elementales de la prensa, en la escuela no se aprende a dirigir, no se aprende cómo funciona una publicación, cuáles son las rutinas productivas… «Cuando llegué a Granma no sabía ni cómo se imprimía. La academia en muchos lugares del país está bien alejada de la realidad de los medios. Nos han enseñado a teorizar mucho, no a aterrizar en un órgano de prensa; donde casi siempre ese aterrizaje es forzoso y termina desalentando». «No considero que eso de por sí solo marque rumbos diferentes. Nosotros, los más jóvenes, formamos parte de un engranaje que funciona bien con o sin nosotros, aunque sí podemos aportar, y mucho, para un ejercicio más fresco, más atrevido». Promesas contemporáneas ofrece la inclusión de la licenciatura en casi todas las universidades provinciales, incrementando el número de futuros artistas de la palabra. Asimismo, restando improvisación y desangramiento del gremio. ¿Cuántos contrastes puede encontrar alguien que estudie en provincia y comience a profesar en la capital?
«Estudiar en Villa Clara fue un privilegio, formé parte de la primera graduación de Periodismo de la Universidad Central. Viví sus penas y glorias, pero fue tremenda experiencia. Tuve allí admirables profesores, casi todos en activo. También compartí pupitres con personas geniales, maravillosos amigos y hoy tremendos profesionales. «Las facultades de provincia nada tienen que envidiar a la Facultad de Comunicación de La Habana, allí también se saben formar extraordinarios profesionales, en condiciones más desventajosas que en la capital: eso es un gran mérito. «Ejercer en La Habana no fue un gran problema, se es periodista lo mismo en la capital que en la Conchinchina. Aunque aterrizar en Granma, acabadita de graduar y de llegar a La Habana, fue una tremenda presión. Tenía una imagen muy distante y fría del periódico, pero resulta que allí me encontré con personas que me tendieron la mano enseguida, de ellos he aprendido mucho. Ciertamente fue muy brusco el cambio luego de graduada, pero Granma me abrió sus puertas y hasta hoy sigo sintiéndome a gusto allí. Entonces, ¿ya firmas como habanera? |