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Del 18 al 24 de febrero/2013
 

 

PREMIO COMENTARIO EN EL CONCURSO DE PERIODISMO MANOLITO CARBONELL

CONTRARELOJ

Por Raquel Caballero Ruíz, estudiante de Periodismo
Ilustración: Royma

Ilustración de Royma

Los deberes en el trabajo o la escuela, las labores domésticas, algún que otro espacio dedicado a los compromisos y el horario de sueño consumen con voracidad de hambriento las horas del día. Y la vida va pasando, y los automatismos se acrecientan, y todo lo que no logramos hacer lo justificamos con una frase que, por manida, se ha convertido en el slogan del siglo XXI. Quisiera decirla pero: «No tengo tiempo».

Podemos pasar días sin hablar con nuestros padres, meses sin visitar a los amigos, y años sin saber de los familiares del campo. Mientras no tengan problemas, ellos quedan en un segundo plano.

De las 24 horas del día se supone que ocho sean para dormir, y gracias a los Mártires de Chicago ahora se ocupan ocho en la jornada laboral. Sin ser muy aventajados en las matemáticas sabemos cuánto resta. ¿Qué hacer en este reducido espacio?, es la gran problemática del hombre (promedio) actual.

Entre el trayecto de ida y regreso al trabajo, la limpieza del hogar, la atención de la pareja y los hijos, y la satisfacción de las funciones vitales, constituye realmente una proeza destinar al menos una hora de la jornada a los deleites personales.

En más de una ocasión he sido testigo de la mayor ofensa que puede hacer un padre a su hijo: ignorarlo.

—Papá, gracias por la pelota, ¿jugamos?

—TAN BUENO QUE ESTÁ EL PLAY OFF  ¡¡¡Y SE VA LA CORRIENTE!!!

—Mamá sabes lo mucho que te q...

—YA TE SERVÍ LA COMIDA ¡¡¡NO DEJESQUE SE ENFRÍE!!!

El gran resultado: lamentaciones, cargos de conciencia y algún mea
Culpaincluido. Me pregunto si el tiempo no estará bajo el paraguas de la subjetividad humana y hasta qué punto se puede admitir que la premura y las rutinas nos dominen.

Con frecuencia colocamos todos los sueños y aspiraciones en el precario futuro. Los esfuerzos de hoy están destinados a garantizar el después, como si este no terminara por convertirse en presente.

El mundo avanza a la velocidad del rayo, pero las excusas solo arremeten contra las posibilidades de progreso.

No se trata de una guerra hombre vs reloj. Luchar por el dominio total del tiempo es una ironía, una pérdida de... ustedes saben.

Hacernos más flexibles ante la necesidad de un espacio para el amor, el diálogo, el sano ocio, sería un buen comienzo.

Un rediseño de la mentalidad, donde se establezca un equilibrio en la balanza de deberes y placeres.

¿Vale la pena convertir la vida en un tránsito acelerado que atropelle la felicidad?

 

 

 
     
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