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Sección FEU

 

 

85 años después

LA ODIOSA FUNCIÓN DE CUADRO POLÍTICO

Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Kaloian

Fuerza de ley

Julio C. Guanche, jurista devenido ensayista, guía de la publicación "Alma Mater" entre 1998 y 2000

—Seré el último de los panelistas en hablar y me será difícil expresarme después de quienes ya lo hicieron.

La palabra de Julio César Guanche cumple el cometido de ponerle el broche de oro al panel, y de pasarle la pelota al público presente.

Esta es otra

Dirigentes estudiantiles de todas las universidades de la Isla se han reunido aquí. Me dijeron que sería el «jovencito» de la mesa y eso me da gracia; nací en 1974; comparado con otros quizás sea un muchachito, pero comparado con ustedes no lo soy tanto; no obstante, «mi» universidad, la de 1997, año de mi graduación, difiere de la actual; aún en mi aula habían partícipes de la gesta de Angola; la FEU en la que milité no tenía estructuras provinciales; cambió la cosmovisión de quienes ahora llegan a la enseñanza superior: soy joven, mas ciertas cosas nos van separando.

Cantar de gesta

—Cuando me informaron sobre el objeto de la discusión, repasé capítulos de la vida de hombres que al presente son paradigmas. José A. Echeverría murió en combate antes de cumplir 25 años. Al ser asesinado, Mella no llegaba a 26. Antonio Guiteras cumplió los 27 siendo ministro del Gobierno de los Cien Días, y Fidel Castro y Alfredo Guevara rondaban los 22 cuando participaron en el Bogotazo... El empuje de esa edad es propio de cierta ética, pero no solo entendida como de la heroicidad: hablo de la moral de cada tiempo, de cada generación.

El acto transcurre en el jardín de la octogenaria mansión habanera que fuera convertida en Casa de la Amistad desde 1995. Guanche, copiloto del redactor en El hombre en la cornisa, hace ya tiempo que dejó de ser una «joven promesa».

Aquí y ahora

También yo en los años 90 respondí a una ética universitaria concreta, decisiva en mi formación, y a propósito de lo que significaría hoy ser revolucionario y afrontar los estereotipos de lo que parece serlo, hay un punto cardinal que quisiera enfocar, vinculado con una frase que a veces se piensa como verdad y termina siendo conservadora, y es aquella que reza: «Los jóvenes son el futuro.» Los jóvenes son el futuro, pero también son el presente, como mismo los adultos mayores, llamados de la tercera edad, son el presente y son el futuro. La idea de «casar» un sector o grupo social con un único tiempo, malgasta experiencia social, estanca a la colectividad y, en el caso de la juventud, la descoloca de su lugar: sitúa en el futuro lo que debería de hacer en el presente, o mejor, lo que tendría que estar haciendo ya.

Visión intelectual

¿Y qué es lo que tendría que estar haciendo ya? Reconocer los signos de su época y su generación. Para ahondar en detalles, quiero recordar a un integrante de la progenie que surgió a la vida pública entre 1927 y 1933, Raúl Roa García, protagonista de la Revolución del 30. Cuando a Roa le preguntaron las razones por las que él consideraba que la suya había sido una generación, dijo algo fundamental: «Nosotros pensábamos que éramos una nueva generación, porque teníamos una nueva comprensión de los problemas cubanos, una nueva manera de resolverlos, y una forma distinta de concebir la vida privada, personal, pública y social con respecto a las generaciones anteriores».

Asimismo, un amigo de generación de Roa, escribió: «Cada generación tiene su misión que cumplir, y nosotros hemos ido cumpliendo la nuestra. Y hemos sido carne de presidio, carne de exilio, carne de masacre. Y hemos forjado, dentro de nosotros mismos, un mundo nuestro, nuevo, distinto, una vida interior. ¡Tenemos una vida interior!» Así escribía Aureliano Sánchez Arango en el epílogo a Bufa subversiva, de Raúl Roa. (Bufa subversiva, Raúl Roa, prólogo de Pablo de la Torriente y epílogo de Aureliano Sánchez Arango, La Habana, Cultural, 1935, p. 341.)Identificarse con una vida interior, una sensibilidad, un intento propio de «llegar a ser», es clave para no repetir el legado, el discurso, la imagen que otros proyectan sobre nosotros, imagen que hay que preservar, pero reformulándola según la época.

Ventanas sobre la República

Si las generaciones anteriores malin-terpretamos lo que hoy son ustedes, y si ustedes no se piensan a sí mismos y no conquistan toda la independencia de pensamiento que sean capaces de lograr —la independencia de pensamiento siempre es una conquista, a cualquier edad—, y no luchan por afirmarla, entonces estaríamos haciéndonos un flaco favor: no reivindicaríamos la cosmovisión particular que esta generación le aportaría al presente. Adquirir conocimiento de sí y de sus circunstancias, actuar con autenticidad, y aguzar el sentido de pertenencia generacional, son factores básicos para plantearse qué sería lo revolucionario en la Cuba de hoy.

A los labios de Guanche asoma una inquietud intelectual: la vindicación del período republicano, el fortalecimiento de su más reciente visión historiográfica.

La percepción sesgada de una «seudo república», considerada como la fuente de todos los males, habla poco de lo que en verdad esta fue. Si bien durante esos años hubo corrupción y lacras, también se sucedieron movimientos y proyectos cívicos y populares que hacia 1956 ya denotaban una denuncia más integral, una crítica que censuraba las acciones y conductas del gobierno de facto de Batista y el orden social existente.

En carne viva

La nueva, naciente, cultura política, comenzó a comprender que las soluciones cubanas estaban en el terreno del futuro, y no en el de las realidades previas al golpe de marzo de 1952. Dicha cultura cristalizó con el triunfo de enero y continuó solidificándose. Aquella República fue entonces, por definición, igual fuente de bienes: de ella brotaron los hombres que hicieron la Revolución. Es impensable la Historia de Cuba sin un período republicano que abarca poco más de la mitad del siglo XX y afinca sus raíces en el XIX. El debate político de la Cuba del futuro, pasa también por la opinión que reconstruyamos sobre la República.

Paradigma de fe y defensa de lo que deseaba para sí y su prójimo, eso fue, entre otras cosas, Pablo de la Torriente Brau, otro protagonista de la Revolución del 30.

Pablo escribió, advirtiendo acerca de Presidio Modelo, la crónica en la que describió las terribles condiciones de vida sufridas por los reclusos de la desaparecida cárcel de la Isla de Pinos (hoy Isla de la Juventud): «No accedo a que se suprima (del libro) ninguna palabra, por puerca que parezca...» Así dijo Pablo, «por puerca que parezca». Era el mismo individuo, de prosa tan lúcida como llena de humor, que como estimara injusta su reclusión en la prisión, decidió no usar ropas ni tijeras, y se paseaba por ella desnudo, con el pelo y la barba hasta la cintura.

Nosotros, el otro

Luego, hay otras ideas, y una de ellas se asocia con la noción de libertad plasmada por Marx y Engels en el Manifiesto del Partido Comunista: «Y a la vieja sociedad burguesa», dice el texto, «la sustituirá una asociación donde el libre desarrollo de cada uno condicione el libre desarrollo de todos.» Nunca reflexionaremos lo suficiente sobre esta frase. Que el libre desenvolvimiento de cada uno condicione el libre desenvolvimiento de todos, supone que nadie será libre donde exista discriminación, donde haya explotación, o donde, conjuntamente, otros no lo sean. Algo parecido escribió José Martí: «Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía.» («Tres héroes», La edad de oro.)

Ese es otro pensamiento profundo, y significa que allí donde se logre un ambiente político, espiritual, cultural, en el que uno —cualquiera de nosotros, pero siempre el «otro»—, pueda hablar con sinceridad, allí se le estará rindiendo culto, en la práctica, a la dignidad plena del hombre. El respeto de la libertad tendría que ser para nosotros un principio invariable, como también tendría que serlo el logro de la justicia. El pensamiento liberal disoció la libertad de la justicia, permitió que el valor de aquella predominara sobre el logro de esta. El mérito de cualquier revolucionario, estaría en conciliar la libertad y la justicia, ya no con miras a un proyecto mundial o nacional, sino ante todo personal: el cambio que queremos para el mundo debe comenzar por uno mismo; no vamos a ninguna parte si no aplicamos a escala personal los valores que preconizamos.

Vocación transitoria

Julio C. Guanche, jurista devenido ensayista, guía de la publicación "Alma Mater" entre 1998 y 2000

Guanche, que también estuvo al frente de la Editorial de Ciencias Sociales, pero que antes fue director de la editorial electrónica Cuba Literaria y jefe de redacción de la revista electrónica La Jiribilla, invoca al gran Lezama Lima y pone el dedo en otra «llaga».

Lezama aseveraba haber vivido el mayor orgullo de su vida al descender la escalinata el 30 de septiembre de 1930 en aquella famosa manifestación donde resultó muerto Rafael Trejo. Salvando las distancias, militar en la FEU también ha sido uno de mis orgullos, no solo fui miembro de la organización, sino su presidente en la UH durante el curso 1995-1996, y desde entonces, durante mucho tiempo, estuvo rondándome otra incertidumbre, relacionada con la condición de ser un «cuadro político». Me rondó la inquietud hasta que, leyendoun discurso de Fidel, pronunciado por él en la clausura de un congreso de la CTC, descubrí unas ideas que teóricamente me resolvieron las contradicciones: «Ser político», decía el Comandante, «es una vocación, es incluso una función transitoria. [...] Y tendrá que llegar el día incluso que no haya políticos, en que cada ciudadano sea el político, en que cada ciudadano sea el cuadro político. Tiene que llegar el día en que esta odiosa función de cuadro desaparezca.» Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro, en la clausura del XII Congreso de la CTC, el 29 de agosto de 1966.

La esencia revolucionaria del proyecto político socialista estriba en su aspiración de convertir en «cuadros políticos», en «hacedores de política», a todos los estudiantes de las escuelas, a todos los militantes de las brigadas universitarias, a todos los miembros de los Sindicatos; en esa instancia básica que es la persona, es donde se ganan las batallas; si conforme al estilo de la Revolución, facultamos a toda la ciudadanía para actuar políticamente y definir qué es lo revolucionario, estaremos ampliando el escenario de la política revolucionaria, espacio que deberá tender al campo de toda la sociedad.

Hacer o no

Una política revolucionaria que aspire a ser hegemónica, triunfante, tiene que hallar eco en el ámbito de los individuos concretos; cada persona debería hacer suya la búsqueda de más libertad y de más justicia, virtudes estas, la justicia y la libertad, que debería, la persona, actualizar continuamente, según los cambios que vayan operándose en ella y en la sociedad.

Por último, con respecto a la libertad, deseo volver sobre la conocida frase de Martí «ser culto es el único modo de ser libre», que en su contexto original («Maestros ambulantes») está precedida por otra: «Ser bueno es el único modo de ser dichoso.» Y sugeriría invertirla, de modo que, sin perder valor, cobrase otro sentido: «Ser libre es el único modo de ser culto.»

Hay muchas formas de ser culto, o muchas formas «reducidas» de serlo, de parecer erudito, de contar con un gran «saber acumulado» que no es enteramente «saber liberado». La cuestión es bidireccional: «Ser culto es el único modo de ser libre», así como, «ser libre es el único modo de ser culto».

¿Por dónde empezar? Nunca se sabe, pero otra vez hay consejos mínimos. Uno es dudar de todo, hacer de la crítica virtud; dos, como decía Marx, repitiendo un pensamiento de Tomás de Aquino, temer al hombre de un solo libro; y tres, reconocer la legitimidad de otros «saberes», de formas de conocimiento que son subvaloradas en nombre de un saber que se cree preeminente: cuando uno habla por el otro, corre el riesgo de anularlo; lo más importante que podemos hacer desde un punto de vista revolucionario, es dialogar con el otro reconociendo su saber.

Propuesta de familia

Ustedes son dirigentes de la FEU, y deben tener conciencia de la responsabilidad del uso del plural, del «nosotros pensamos», «nosotros creemos o «nosotros estamos seguros». Uno debería de saber que el «nosotros» debe partir de una construcción colectiva, y no de una presuposición de lo que ese «nosotros-otros» piensa sobre lo que uno habla: eso significa participación, discusión y debate.

La palabra de Julio César Guanche cumplió el cometido de pasarle la pelota a los universitarios de hoy. Los juicios de los jóvenes figuran en los espacios inmediatos anterior y posterior a estas líneas unidas a ellas cual vasos comunicantes, presagiando el alba de una nueva comprensión de los problemas cubanos, una nueva manera de resolverlos, y una forma distinta de concebir la vida privada, pública y social.


1Así escribía Aureliano Sánchez Arango en el epílogo a Bufa subversiva, de Raúl Roa. (Bufa subversiva, Raúl Roa, prólogo de Pablo de la Torriente y epílogo de Aureliano Sánchez Arango, La Habana, Cultural, 1935, p. 341.)

Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro, en la clausura del XII Congreso de la CTC, el 29 de agosto de 1966.

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Actualizada: 12 de noviembre/2007

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