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Sección FEU

 

 

UNA TARDE EN EL CAFÉ ALMA MATER

Por Yanet Martínez Toledo
Fotos: Abel Ernesto

Café Alma Mater en el Pabellón Cuba

La tarde estaba nublada, llevaba días así. Yo desandaba La Rampa, tratando de animarme para entrar al Pabellón Cuba. El motivo: la promesa de encontrar la edición de Casa de las Américas de Tinísima, que desde hacía días perseguía y no lograba encontrar.

Eran las seis de la tarde. El Pabellón, full. El primer golpe de impacto fue visual. Dibujos animados en la pantalla grande. Muchachos y muchachas en un animado efluvio de pemmiso, pemmiso. Por un momento me sentí fuera de foco. Tantas caras que me resultaron extrañas. Por suerte en estas lides siempre encuentras a alguien. Y entonces una descubre que no es una especie de infiltrada, profesional, adulta, entre estudiantes universitarios.

Librería del Pabellón Cuba
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La compra de los libros fue satisfactoria. Como siempre una sale con una cantidad mayor a la planeada y se sorprende cuando el dinero… En fin. Pero si pensaba irme, realizar un acto de consumo cultural y literario en sentido estrecho, tuve que desechar la idea de plano. Diferentes Cafés albergaban a muchos y muchas en su afán por encontrarse, que no solo a escuchar música, sino bailar, estar, acompañarse.

Yo pasee con la mirada y con mi propio cuerpo aquellos sitios. Y decidí quedarme en el Café Alma Mater. Las amigas, las risas, la vista me llamaban. Jóvenes del proyecto La séptima cuerda hacían lo indecible por competir con los ruidos de 23 y las conversaciones de su público. Luego la música grabada, y la capacidad rítmica de aquellos que bailaban una rueda de casino a ritmo de nueva trova.

Al final de la tarde, mi estatus había pasado de observadora externa, a observadora participante. Si eligiese hablar en los términos de algún investigador social podría decir que me impliqué demasiado con el entorno. Claro que como no era esa mi función… Lo cierto es que aprecié los encuentros y reencuentros como los demás. Y valoré la intencionalidad de un momento para estar a mis anchas en medio de la ciudad.

Café Alma Mater

En la Feria Universitaria del Libro y la Literatura se fusionaron audiovisual, libros, nuevas y viejas tecnologías, para crear un espectáculo renovador. Creo que satisfizo demandas relacionadas con la necesidad de contar con un espacio de interacción fuera del campus universitario. Y qué bueno si en el Pabellón se retomara sistemáticamente esa función, que dicho sea de paso, le ha correspondido casi históricamente.

La experiencia mostró variadas maneras de hacer que la venta de libros no se convierta en un hecho aislado, sino lo necesario que es insertarlo en la dinámica de consumos culturales juveniles, variados, amplios, complejos.

Perfectible. Si, como todo lo que hacemos. Pero yo apostaría por seguir creando espacios para que los y las estudiantes, tengan un sitio que puedan sentir suyo en el cual reunirse. Cierto es que el público que participa en Ferias como estas tiene características que no debemos desconocer. Igualmente cierto es el hecho de que las personas hacen usos diversos de espacios como estos, y que en ocasiones los libros son la puerta de entrada, pero el diseño de la habitación no está necesariamente predeterminado. Y que bueno que así sea. Ya alguna vez Alicia se adentró A través del espejo.

 



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Actualizada: 21 de noviembre/2007

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