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85 años después
LOS UNIVERSITARIOS DE AHORA MISMO
Por Hilario Rosete Silva
Fotos: Kaloian
Un encuentro de generaciones tuvo lugar durante el último Consejo Nacional de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) (jul/2007). El acto fue organizado al modo de un panel que debatió sobre el ideal de joven revolucionario. Universitarios de la Isla se juntaron en la Casa de la Amistad, ecléctico palacete del centro del Vedado que data de la misma década en que Mella auxilió el parto de Alma Mater (nov/1922) y fundó la Federación (dic/1922). La revista, en la persona de su actual directora, la espirituana Tamara Roselló, hizo de moderadora. Integraron el panel, Alfredo Guevara, fundador del ICAIC y presidente del Festival del Nuevo Cine Latinoamericano de La Habana; «El Chino» Eduardo Heras León, mentor del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso; Zenaida Romeu, conductora de la Camerata que lleva en el nombre su apellido; y Julio C. Guanche, jurista devenido ensayista, guía de la publicación entre 1998 y 2000. En «El sonido de una directora» (no. 456, oct/2007), circunnavegamos las palabras de Zenaida. Hoy publicamos los juicios de varios de los líderes y/o dirigentes estudiantiles partícipes del debate y, cercados por ellos, los razonamientos de Guanche. En próximas entregas volveremos con los otros dos invitados.
ES OBVIO QUE NO BASTA
Fernando L. Rojas López, presidente de la FEU de Ciudad de La Habana
Si bien los panelistas me sugieren varias preguntas, creo que en buena lid, según la lógica del panel, primero debo intentar responderlas desde mi experiencia cotidiana. Pareciera incluso que en gran medida el llamado es a eso, y que ese es uno de los retos. Lo que sí voy a hacer es un comentario a partir de todo lo que se ha dicho aquí.
Yo también identificaba la época heroica de la Revolución con Girón, con los años sesenta, incluso un poco más acá, con la guerra en Angola, pero no la asociaba con los días de hoy. Y es que la comprensión de la heroicidad de los momentos actuales depende, hasta cierto punto, de la visión y formación cultural que uno tenga.
Según lo veo, esto genera una contradicción. Para identificar el valor del conocimiento en la sociedad cubana, y en el mundo, tendremos que apelar a una formación cultural al menos básica, que nos permita darnos cuenta de que la filosofía del triunfador, ni se explica ni se define por las tantas cadenas de oro, ni por el carro del año. En verdad, el actual paradigma del triunfador no siempre se vincula con el saber; ha disminuido, por razones objetivas, el peso de la formación profesional de los ciudadanos en el acceso a opciones de empleo que satisfagan sus necesidades económicas; por consiguiente, la colocación a escala social se ha supeditado a elementos que relegan a un segundo plano la formación cultural.
En el período revolucionario veo dos grandes momentos. Una primera etapa, extensiva, correspondiente a los primeros años, donde la riqueza que detentaba una minoría se empezó a redistribuir entre la mayoría; y una segunda etapa, intensiva, donde, toda vez que, por la obra de la Revolución, las aspiraciones sociales se situaron en un nivel más alto, hubo que trabajar por resolver las necesidades crecientes de todo el pueblo. Esto último es un desafío que debemos enfrentar sin lamentos; revoluciones como la nuestra se hacen para tomar el poder y desde allí tratar de resolverles los problemas a la gente. Debemos alcanzar la capacidad estructural que nos permita resolver estos en el sentido práctico.
Hoy se ve que solo desde la cultura se entenderá la importancia del conocimiento como filosofía del triunfo. La idea de la necesidad de la formación cultural cobrará fuerza, cuando se le asocie con la necesidad de conocernos, de entender la época en que vivimos, y de comprender la realidad circundante. En todo esto, lo digo sin chovinismo, la FEU tiene una responsabilidad tan grande como ninguna otra organización.
Luego, también es cierto que a veces nos esforzamos por presentar a Cuba como si no fuese parte del mundo. Cuba pertenece al mundo, y sufre un grupo de fenómenos inherentes al desarrollo mundial. Más allá del período especial y de nuestras particularidades, siempre terminaríamos analizando problemáticas que son de alcance global, como son, la pérdida de valores y el propio consumismo.
Para los cubanos de hoy, de nuestra edad, no basta con mencionar la palabra revolución, ni bastan las militancias, ni las consignas, ni estudiar en la Universidad y, menos, dirigir la FEU, y lo digo porque estamos en el Consejo Nacional y casi todos somos dirigentes de la organización. Nunca será suficiente con aprobar al alumno que supo establecer, en un examen, el orden cronológico de un grupo de hechos históricos: es obvio que eso tampoco basta. Primero debemos conocernos nosotros y conocer a Cuba, porque ser cubano denota toda una superestructura y engloba elementos tan diversos como los que conforman nuestra riqueza musical. Debemos ser buenos, y ver la posibilidad de dirigir o militar en la FEU, como una ocasión para servir. Debemos ser sujetos de cambios, entes de transformación, eso es lo otro que nos corresponde como cubanos y como dirigentes de la Federación.
REVOLUCIÓN ES FLUIDO
Alberto Menéndez, estudiante de la Facultad de Economía de la UH
Primero quería recordar a Carlos Marx, un hombre que ha sido tan tergiversado, que por eso muchos de los que antes lo amaban, sin saber lo que de verdad significaba, ahora por desgracia lo odian: uno de nuestros deberes fundamentales es rescatar al verdadero Marx. Quisiera hacer una paráfrasis sobre la contradicción capital-trabajo.
Marx planteó que el capital es fruto del trabajo vivo pero se le opone, lo niega; y la tarea histórica del trabajo vivo, de las masas excluidas, es rebelarse contra el dominio del capital, es decir, el «creador negado» ha de «negar» a su propia creación. ¿Por qué la paráfrasis? Porque para mí la revolución es fluido, actividad continua, y eso no siempre se entiende así; a veces pensamos que la revolución es un ente establecido, cierto stock de acciones, y olvidamos que cualquier revolución debería caracterizarse por el movimiento, por la transformación. A esta no podemos temerle: la transformación es difícil, pero necesitamos de ella en todos y cada uno de los momentos de la construcción y desarrollo del sistema, desde la misma toma del poder político.
¿Cómo podríamos definir, de otro modo, la revolución? Relacionándola con el respeto de los principios fundamentales. Nosotros, como la mayoría del pueblo, defendemos una causa que se basa en un presupuesto común y es piedra angular de nuestra unidad; ¡triste sería que no tuviésemos unidad de principios! Para un revolucionario, dichos principios entroncan con las actitudes favorables al nacimiento de una nueva ética, contrarias al egoísmo y al individualismo, propicias a la superación de la racionalidad burguesa. Pero el asunto estriba en hallar, sin traicionarlos, las soluciones concretas. Por fortuna, vivimos un momento de toma de conciencia: el país tendrá que seguir venciendo los temores de ampliar el debate sobre cómo construir la nueva sociedad sin desviarse de los principios fundamentales.
UN SOLO MODO
Adalberto, «Pepo», Hernández, vicepresidente de la FEU Nacional
No pocos de los que estamos acá escuchamos con pasión, cuando el Comandante, en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, el 17 de noviembre de 2005, afirmaba, hablando de nosotros, «necesitamos muchas ideas bien claras y muchas preguntas dirigidas a ustedes, que son los responsables, acerca de cómo se preservará en el futuro el socialismo», y luego, el 23 de junio del corriente, cuando decía, al referirse a la Declaración del Buró Nacional de la UJC publicada en Juventud Rebelde, «si los jóvenes fallan, todo fallará».
Y respondíamos, «¡defenderemos la Revolución!», y estoy seguro que hasta accederíamos a ser artilleros, como lo fue el profesor Eduardo Heras en 1961. No obstante, este panel nos sugiere algo más: tenemos que estar dispuestos a defender la Revolución tanto a costa de nuestra sangre, como desde nuestra preparación profesional, humanística y científica.
[...] Nuestra batalla es por seguir defendiendo lo que ya está fundado, refundiéndolo, pero a partir de una profunda cultura. Por eso me alegró que se retomara la frase que dijo Fidel (noviembre de 1993, V Congreso de la UNEAC), «lo primero que hay que salvar es la cultura», y me acordé del llamado que hicieron los intelectuales y artistas cubanos (abril de 2003) para la creación de un frente antifascista.
En una mesa redonda efectuada en ese entonces, Carlos Martí, presidente de la UNEAC, recordó un incidente en el que un connotado nazi, en el año de 1936, aseveró: «Cuando oigo la palabra cultura, desenfundo mi revólver». Carlos Martí reveló que Roberto Fernández Retamar, en el Congreso Cultural de La Habana, en el año de 1968, refutó esa afirmación fascista con otra humanista: «Cuando oigo la palabra fascismo, desenfundo mi cultura...» Debemos ser abanderados de ese proceder; al oír las palabras revólver o fascismo, también nosotros tenemos que desenfundar nuestra cultura. Ahora, ¿estamos listos para eso? José Martí, en plano de dirigirse a Cuba (desde Cabo Haitiano), escribía, «de pensamiento es la guerra mayor que se nos hace: ganémosla a pensamiento». (112 años después), a este Consejo Nacional de la FEU asiste lo mejor, en teoría, de la juventud universitaria cubana. Pero, ¿cada uno tiene argumentos para pelear en ese campo de batalla que es la memoria?, ¿cuántos podemos probar que defendemos al propio Martí o explicar, de forma convincente, por qué somos revolucionarios?
[...] Hay otra frase martiana, la vemos en los muros, en los carteles; nos hemos habituados a repetirla mecánicamente; de tan popular, se ha vuelto trillada; quizás la hemos incorporado a nuestro ideal, pero sin descubrirla en su verdadera magnitud; ella representa un momento cumbre del pensamiento cubano, y denota una de las misiones principales que tenemos por delante los estudiantes universitarios de hoy: «Ser culto es el único modo de ser libre».
UNA DE DOS
César Lage Codorníu, presidente de la FEU de la UCI
Me preocupo cuando oigo decir que el saber suele interpretarse como mera acumulación de conocimientos: de hecho esa es una tendencia común. En parte coincido con lo que dice Fernando de que no basta con aprobar a quien demostró, en un examen, que conoce el orden cronológico de los hechos históricos; de nuevo me inquieto por lo que será capaz de hacer la persona con ese conocimiento, por su modo de actuar o su capacidad de pensar críticamente sobre lo que sabe. ¿Hasta dónde el modelo de educación con el que crecimos, promueve que tengamos un desarrollo en el que solo acumulemos conocimientos, o que tengamos un desarrollo con el que sepamos qué hacer con ese conocimiento?
EN COMUNIÓN CON FRANK
Rebeca Gabriel, presidenta de la FEU del Centro Universitario de Guantánamo
Soy dama, negra y de Guantánamo. Cuando escuchaba hablar a los miembros de la presidencia, me emocionaba, y más, al oír a la profesora Zenaida, a quien admiro mucho. Desde pequeña quise estudiar violín para tocar en su Camerata; eso no me fue posible, pero el verano pasado adquirí el instrumento, y estoy haciendo esfuerzos para sacarle música: ya no me interesa ser una profesional del giro, pero sí quiero llegar a tocar el violín, aunque solo fuese para mi crecimiento espiritual.
Digo que pensaba en mí cuando escuchaba a los panelistas, por eso tal vez mi intervención no se parezca a la de otros compañeros. Soy una joven que nací en la Revolución, pero que en los años duros del período especial, después que alcancé el noveno grado, no tuve el respaldo necesario para continuar los estudios. No obstante, había crecido con el deseo de ser una intelectual, de alcanzar una cultura más elevada, y no renuncié a ese objetivo.
Busqué diferentes vías, mas no lograba alcanzar lo que me proponía. Y entonces surgieron los Cursos de Superación Integral Para Jóvenes (CSIPJ) y me incorporé. En el curso hice realidad otro sueño: me gustaba escribir, redacté un cuento sobre el Programa de Ahorro de Energía en el Ministerio de Educación (PAEME), y obtuve un premio en el ámbito provincial. El CSIPJ me encaminó a la realización de exámenes de ingreso por concurso, y así llegué a la universidad: de no ser por el CSIPJ, y por la ayuda que recibí de los profesores, al menos en ese año no habría arribado a la educación superior.
En la universidad me encontré con algo un poco diferente de lo que imaginé. Pensaba que los jóvenes universitarios eran «los súper», los del conocimiento más alto, y con el tiempo concluí que si había algo que distinguía al universitario, esto sería su condición humana, su capacidad o disposición para servir o ayudar a la sociedad.
Con ese espíritu me incorporé a la FEU, membresía a la que siempre admiré. Años atrás había visto con llanto a las delegaciones que marchaban al VI Congreso de la organización mientras yo ni siquiera estudiaba. ¡Cuánto deseé estar allí! Inclusive me creé mi propio personaje, una delegada que presentaron por la TV, me hice la idea de que esa era yo. Así que estar hoy en la universidad, y en la FEU y en este Consejo, y haber sido delegada al VII Congreso de la Federación, ha sido maravilloso.
Quiero terminar repitiendo una frase de Frank País, con quien tengo mucho en común; al igual que él, profeso una fe religiosa por la que nunca he sido discriminada, y esto era algo que también deseaba manifestar; he representado a mi universidad, y hasta a mi país, se me da la palabra cuantas veces la pido, y a nadie le ha preocupado mi devoción cristiana. Y dijo Frank, «si yo fuera el último cubano que creyera en la revolución, me echaría un fusil al hombro y me iría a pelear a las montañas», y yo quiero repetirlo en esta noche.
DE ROMPE Y RAJA
Carlos Lage Codorníu, presidente de la FEU Nacional
Comparto la preocupación de César, y no creo que tenga que ver solo con el sistema de educación. Me pregunto por qué no brotaron en nosotros suficientes inquietudes para llegar al arsenal de conocimientos y oportunidades para el saber acumulado en el país, por qué los que pudieron acercársele no lo hicieron precisamente motivados por lo que les enseñaron la escuela o los medios de comunicación, y qué deberíamos hacer para que, además de estar ahí, la gente quiera apropiarse de todo ese bagaje.
Se habla del papel de los medios, de que si son o no efectivos. A través de nuestros medios penetran y ejercen su influencia las miserias de la sociedad de consumo, y eso es más peligroso que todo lo que podamos discutir aquí: los antivalores del capitalismo también se están sembrando en la sociedad y la juventud cubanas; tratamos de construir el socialismo y, sin embargo, lo peor del capitalismo se está «colando» entre nosotros. Ese es uno de los grandes retos y uno de los grandes enemigos de la Revolución.
Dos últimas ideas. Una, nosotros debemos ser, pero aún no somos, una nueva generación. Nos faltan proposiciones, y nos falta ir más a la ofensiva, y nos falta más cimiento cultural: ahora hay más conciencia de que debemos alcanzarlo, pero todavía no lo tenemos.
Dos. Es paradójico que algunos tengan una idea de lo que significa ser revolucionario que en verdad responde a lo que representa no serlo. Pareciera ser norma que un revolucionario deba ser estrictamente convencional, repetir lo que le han dicho, no asumir riesgos, parar una idea «por si acaso», o seguir trabajando con códigos que ya se sabe que no funcionan o que difunden un mensaje distinto del que se desea comunicar. A veces tenemos muy instalado ese tipo de convicción sobre lo que significa ser revolucionario, y entonces somos víctimas de ella. Un buen punto de partida o ruptura para los que con sinceridad queremos asumir posiciones revolucionarias, sería romper con eso, negarnos a ser víctimas de ese modo de actuar, de esos vicios, de esa rutina de la que muchas veces somos parte.
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