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COMUNIDADES VIRTUALES EN LA UCI
INTER-CAMBIAR EN LA RED
Por Maylin Medina Rodríguez
Recibimiento
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Eran sus primeros días en la capital. Acababa de ingresar a la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI). Por vez primera tenía todo el tiempo del mundo para interactuar con la computadora, y no quería perderse nada. Navegó por la intranet, examinando todas sus secciones. Sin proponérselo fue a dar con un vínculo que atrajo su atención. Anunciaba la existencia de un «Foro». ¿De qué se trataría, estaría relacionado con el Foro Romano? Decidió explorarlo y no pudo contener su asombro. Había decenas de personas como él sentadas frente a sus computadoras, discutiendo sobre temáticas diversas. ¡Al fin, comunicación! —se dijo, con el ánimo del náufrago que encuentra tierra firme. Justo lo que necesitaba para embriagar su soledad de novato. Escogió el tema que le era más afín y publicó un mensaje, que fue rápidamente respondido. Le resultó esperanzador que en una universidad tan grande y variada existieran personas que compartieran sus intereses sobre el asunto. Ya no se sentía solo.
Vecinos de foro
Experiencias como esta son frecuentes cuando las personas se relacionan por primera vez con la Red. En el medio digital, y potenciado por el desarrollo de las Nuevas Tecnologías de la Información y la Comunicación (NTIC) han comenzado a aflorar las comunidades virtuales, entendidas como agregaciones de individuos que encuentran en el ciberespacio la posibilidad de interactuar, movidos por inclinaciones en común. Uno de los principales investigadores del fenómeno, Howard Rheingold, las ha definido como «agrupaciones sociales que emergen de la Red cuando suficientes personas sostienen discusiones públicas de gran duración con suficiente sentimiento humano como para formar webs de relaciones personales en el ciberespacio».
Cuando habla de «sentimiento humano», el autor no exagera. La mayor parte de las prácticas que tienen lugar en las comunidades virtuales potencian la colaboración y fraternidad entre sus integrantes. Yunior Armando Hernández Andrade, estudiante de la UCI, comenta su experiencia en varias de las comunidades que existen en ese centro educacional: «Hay una compenetración que está en el aire, inherente, si a alguien le hace falta algo y lo dice de repente, todo el mundo va a ayudarlo». Para él, la principal utilidad que le reporta participar en las interacciones sociales que ocurren en la Red radica en el trueque de conocimientos sobre disímiles temas, docentes o no, lo que le permite contrastar sus posiciones con las del resto de los integrantes del grupo.
A pesar de interactuar en un medio diferente, tecnológicamente hablando, los individuos siguen siendo sujetos sociales, y manifiestan los rasgos de su personalidad en los enlaces que realizan con sus comunidades virtuales. Por ello pueden presentarse comportamientos hostiles, como el troll, que se produce cuando un participante se introduce en los debates de un grupo para crear controversia entre sus miembros, interrumpiendo las discusiones. El spam es igualmente considerado un comportamiento negativo, pues constituyen mensajes no deseados, inoportunos, que afectan el curso de los intercambios.
El contexto cubano: la UCI
Las comunidades virtuales se forman en el medio digital, empleando los canales de la llamada CMC (Comunicación Mediada por Computadora). Sobresalen en la formación de asociaciones virtuales los foros de debate, los chats y las listas de distribución. De ahí que para el desarrollo de este tipo de grupos se requiere, inevitablemente, la presencia de una infraestructura tecnológica que soporte el envío de mensajes a través de la Red.
El acceso a internet en Cuba se produjo con un desfasaje en comparación con los países primermundistas, debido a las limitaciones económicas que imponen a la Isla las potencias hegemónicas. A partir de 1996, en que interactuamos directamente con la Red, se ha ampliado considerablemente el número de usuarios de internet, priorizando las universidades y centros de enseñanza, las instituciones investigativas y otros organismos de interés. La UCI se halla entre esas prioridades, constituyendo la de mayor desarrollo teleinformático del país. Por ello no es fortuito el desarrollo de numerosas comunidades virtuales, que tributan a la preparación docente y el esparcimiento de sus estudiantes y profesores.
En la Casa de Altos Estudios se han creado varios foros de discusión, y entre los más visitados están los de las Comunidades de Desarrollo. A partir de estos, estudiantes y profesores intercambian sobre temáticas asociadas a su perfil profesional como los diferentes lenguajes de programación, el diseño web y el software libre. También es muy popular el Inter–Foro, en el que se discute sobre asuntos diversos asociados a la producción audiovisual, que incluyen las Teleclases que se producen en el centro, así como series y películas de factura nacional y extranjera.
Agrupaciones ¿virtuales?
Las interacciones que ocurren en las comunidades virtuales, independientemente de la naturaleza del tema tratado, contribuyen al intercambio y la difusión de conocimientos entre los integrantes. Los debates pueden ser de programación en C++, o sobre el personaje más gustado de la saga El señor de los anillos, pero en todos se transmiten matrices que contribuyen al enriquecimiento cultural y cognoscitivo de los participantes.
Cuando los miembros del colectivo alcanzan un elevado nivel de implicación en estas prácticas suele suceder que demanden encuentros en el espacio físico, que para muchos es considerado «el real». Con este objetivo, varias comunidades virtuales de la UCI, como las de Software Libre, Programación en C++ y la de amantes de la literatura de Tolkien, por citar unos ejemplos, desplazan fuera del ciberespacio sus intercambios.
El reto de inter-cambiar en el ciberespacio
La interacción en la Red impone a sus usuarios la necesidad de desarrollar estrategias para identificarse y expresarse. Ello se debe a la carencia de indicadores extraverbales como los gestos y las inflexiones de la voz, así como a la ausencia de referentes visuales, que caracterizan a la Comunicación Mediada por Computadora.
En aras de satisfacer estos vacíos, los miembros de las comunidades virtuales emplean una serie de indicadores en su identificación. Entre los más usados están el apodo, que equivaldría al nombre del participante; el avatar, que constituye una imagen de aproximadamente 100 x 100 píxeles; y la firma, que puede ser texto o imagen, y se inserta de manera automática en cada mensaje del participante.
En materia de lenguaje, las interacciones en la Red han dado lugar a numerosas modificaciones de palabras para transmitir emociones a través del tecleado. Por ejemplo, es frecuente la exageración de sonidos (holaaaaaaa) para aportar sentimiento al mensaje transmitido. Por otra parte, se ha difundido considerablemente el uso de los emoticones, que reflejan expresiones faciales a partir de combinaciones de caracteres y, como su nombre lo indica, constituyen íconos de emoción.
Despedida
Está a punto de graduarse. Los cinco años se le fueron volando. Entre las clases, las actividades de la UCI (que son muchas) y las comunidades virtuales, aprovechó al máximo su tiempo. Se siente satisfecho. Pero le duele tener que dejar atrás a las amistades, sobre todo a aquellos que conoció en los foros, y que luego se hicieron sus mejores amigos, sus alter ego. Respira profundo, y se consuela. La vida tiene que seguir su curso. Sé que nos encontraremos pronto, en alguna comunidad virtual… se dice, y sonríe seguro de la certeza de su profecía. Sabe que nunca más estará solo.
Rheingold, H. (1993) The Virtual Community: Homesteading on the electronic frontier. Consultado el 12 de diciembre de 2006, en: http://www.rheingold.com/vc/book/
Lenguaje de programación que abarca la programación estructurada, genérica y orientada a objetos.
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