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NUESTRO CREDO
Por Tamara Roselló Reina
«A nuestros compañeros, los estudiantes de toda Cuba, les pedimos que se organicen, ya que ellos constituyen la vanguardia de nuestra lucha (…)» Es José Antonio Echeverría quien llama a la unidad. Su ejemplo cívico conmovió al pueblo de Cuba en 1957 y todavía emociona el testimonio de los sobrevivientes, el relato de los libros de historia o la alocución desde Radio Reloj que se escucha cada 13 de marzo.
Aquellos jóvenes sabían los riesgos de la acción, si caían no sería en vano, ya estaban camino a la libertad. Batista quiso borrar con sangre la osadía de los rebeldes, pero de nada sirvió su brutalidad porque el ajusticiamiento que anunciara José Antonio no tardó.
Los cubanos no olvidan a sus héroes, ni a los que cayeron, ni a los que han enriquecido el proceso revolucionario con sus servicios, con su fidelidad. Más que en las conmemoraciones una vez por año, se les recuerda en la defensa de las ideas que postularon para el futuro de Cuba, que han acompañado desde la memoria viva. Todavía estamos en deuda.
«¿Quieren una patria grande? ¿Quieren una patria extraordinariamente grande?», así les preguntó Fidel a los que participaron en el primer tributo de la Revolución a los asaltantes al Palacio Presidencial y a Radio Reloj. Un grito rotundo de SÍ salió del pueblo antes de escuchar su respuesta: «¡Pues lo será cuando todos nuestros ciudadanos sean como José Antonio, como Frank País, como Abel Santamaría!» y esta vez el coro de aplausos cerró el compromiso de la nueva sociedad.
Si repetimos la interrogante del Comandante en Jefe, cincuenta años después de aquella hazaña, las exclamaciones volverán a ser afirmativas. Entonces no podrá haber descanso, ni complacencia, mientras haya un estudiante fuera de esa vanguardia que convocó José Antonio Echeverría para su lucha, mientras haya un ciudadano cubano sin decoro.
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