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NUESTRO CREDO
Por Tamara Roselló Reina
La juventud no vuelve, pasa en un abrir y cerrar de ojos. En ella se sientan las bases de la vida futura y está llena de aprendizajes, de equívocos y de descubrimientos. Estos son los años de cuestionar y de construir.
Todos los jóvenes son iguales y diferentes. Cada generación cuenta sus hazañas como únicas, duda del coraje y la entereza de los que le siguen o por el contrario se asombra de las costumbres y modas del momento. La comparación es inevitable. Unos aseguran que involucionamos, otros por el contrario estimulan los nuevos aires.
Las energías y las ideas renovadas hacen falta para no perder las fuerzas, ni la inspiración, para que el tiempo no se detenga, ni las obras queden inconclusas. A los jóvenes les toca alcanzar utopías, arrancárselas a la vacilación. De ahí dependen muchos de los recuerdos que llevaremos a la adultez.
En Cuba existe una larga tradición de protagonismo juvenil, de participación social. Entre los logros de la Revolución están los rostros de miles de mujeres y hombres que han combinado sus estudios o el trabajo, con disímiles servicios sin escatimar horas de descanso o de divertimento. Misiones internacionalistas, programas educacionales, de la salud, por la defensa del pueblo, tienen el desenfado y la seriedad de la sangre joven.
La organización que agrupa a esa vanguardia (la UJC) hace 45 abriles no puede quedar ajena a lo que acontece en los centros estudiantiles o laborales, en la calle, el estadio o en una fiesta. El derecho a estar entre los primeros se gana más que con el compromiso de ser mejor, con actos que lo atestigüen.
Alma Mater invita a la reflexión sobre estos y otros temas que inquietan a los universitarios de hoy. Durante este mes recorreremos varios territorios para conocer a algunos de nuestros lectores y también seremos anfitriones del Taller de Periodismo Alma Joven. Es que aquí nos honramos por trabajar a gusto para ustedes.
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