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NUESTRO CREDO
Por Tamara Roselló Reina
La vida siempre será un buen pretexto para luchar. La civilización humana ha librado una y otra vez la batalla contra la muerte. Uno de sus cultivos mejor cuidados, la inteligencia, ha viajado al centro de nosotros mismos, para descifrar nuestras esencias, estudiarlas y preservarlas; ha salido más allá de la atmósfera; ha descrito el pasado y anticipado el futuro.
Sin embargo, en el siglo XXI la confrontación entre la vida y la muerte avizora un final posible. Se ha puesto al límite a la existencia toda y con ella se devela cuán vulnerables somos.
El llamado para detener el impacto de una cultura desarrollista que evade la sostenibilidad de sus acciones, toca a las puertas de hombres y mujeres, de niños y ancianos, de ricos y pobres, de animales y flores, sin distinción entre los responsables y las víctimas.
Hace quince años la Cumbre de la Tierra aprobó una agenda común para buscar con urgencia el equilibrio ambiental, para refundar nuestros lazos con la naturaleza. De la denuncia al compromiso de cambiar desde los espacios íntimos hasta los globales, hay una brecha que nos incomunica.
Los daños son cada vez más notables. El reto mayor apuntó hacia una educación diferente que prepare a los seres humanos para ganarle tiempo al tiempo sin quitárselo al resto de los elementos con los que convivimos.
La Revolución Energética y el uso de los biocombustibles son recurrentes en la agenda nacional y mundial. Algunos no comprenden el porqué. Detrás de estas alternativas hay voluntades políticas que tratan de encontrar salidas a la crisis global.
La pertinencia de esas vías de escape depende también de nuestra capacidad de integración al debate y sobre todo de nuestra disposición para ser parte de la nueva conciencia, de otra conducta. De nada servirán esfuerzos aislados. Nos corresponde ser arquitectos del hoy para merecer el mañana.
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